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Aceptar el órdago sin las mejores cartas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Empresa y Comercio, Carlos Cuerpo
5 de octubre de 2026 23:09 h

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En el mus, aceptar un órdago supone jugar al todo o nada y jugarse la partida. Con cartas o sin ellas. En política, ocurre lo mismo. Se puede ir de farol o se puede estar seguro de una apabullante victoria. Es un juego de engaño, de contención, de apuestas y de riesgo. Y, aunque hasta el momento, Pedro Sánchez había optado por “ir pasando” o “achicarse” ante los envites de la oposición y de sus socios para mantener viva la partida legislativa con sucesivas prórrogas, ahora cambia radicalmente la estrategia y acepta la apuesta. ¿Elecciones? Ahí las tienen, serán el domingo 29 de noviembre. 

El presidente del Gobierno, que no empieza la partida con las mejores cartas dada la adversa demoscopia, rompe en todo caso con meses de resistencia en un Parlamento sin mayoría de izquierdas, pero también desmiente todas las estrambóticas cábalas de la trompetería de la derecha que auguraron por activa, pasiva y perifrástica que no llamaría a las urnas o que prepararía un pucherazo para perpetuarse en el trono monclovita. 

En lugar de prolongar una agonía insoportable y desgastarse en una legislatura bloqueada por sus propios socios de investidura, ve el órdago y devuelve la palabra a los ciudadanos. No era la respuesta que esperaba Junts ni la que más le convenía dada la irrelevancia en el que le sitúan las encuestas, pero en el pecado de votar “no” a los decretos de vivienda y provocar que fueran tumbados, los de Puigdemont llevarán probablemente su penitencia en forma de papeletas. Hasta entonces, se espera una campaña de alto voltaje en la que los bloques de izquierda y derecha echen el resto.

“V de vivienda y B de buitres” es el lema ya propuesto por Óscar Puente, que Sánchez hizo propio en otros términos: “Los españoles tendrán que decidir si desean sumarse a la ola ultraderechista o que España siga siendo un baluarte de apertura, de justicia social y de responsabilidad medioambiental”. Lo que está en juego, en definitiva, es si España sigue la inercia de medio mundo y cabalga a lomos de la desinformación, los bulos y los intereses de los poderosos o, por el contrario, apuesta por avanzar en materia de derechos y protección social. Y en el PSOE aseguran haber detectado una movilización en su electorado hasta ahora desmotivado, además de estar en disposición de controlar el relato.

Lo que viene es una campaña a cara de perro en un marco económico en el que se atisba claramente un empeoramiento de los indicadores en los próximos meses, pero la bandera de la izquierda será sin duda la vivienda aprovechando las recientes movilizaciones que otorgan un argumento de campaña para movilizar al electorado de izquierdas bajo un relato de “avances frente al bloqueo” y de protección frente a los recortes. De ahí que este mismo martes , el Consejo de Ministros tenga intención de aprobar de nuevo los decretos tumbados el pasado viernes en el Congreso para que los convalide después, no ya el pleno de la Cámara Baja, sino la Diputación Permanente, donde los votos de Junts no son necesarios. Este último trance, con los decretos ya en vigor, no será inminente. Hay 30 días hábiles para ello y la intención es hacerlo en plena precampaña para que las derechas vuelvan a retratarse.

Feijóo, por su parte, celebra con la boca pequeña una convocatoria que no esperaba, a tenor de las señales emitidas desde Génova durante todo el fin de semana. Sabe que se la juega, que la del 29N es su última bala, que no entusiasma al electorado, que su futuro está inexorablemente atado al de Abascal y que su partido no le concederá una nueva oportunidad. Y en el PSOE, todo sea dicho, le ven con la misma cara que a “Susana Díaz el día después de perder las primarias contra Sánchez en 2017”. 

El envite estaba echado y el presidente del Gobierno acaba de redoblar la apuesta con un órdago a la grande cuyo resultado se verá en poco más de mes y medio. En 2023, ya hizo un planteamiento casi idéntico con un plebiscito nacional para frenar la entrada de Vox en un hipotético Gobierno del PP y, la jugada, contra todo pronóstico demoscópico, le permitió armar una nueva mayoría de investidura. Esta vez, está por ver...

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