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España, el 'aparcadero' de orcas y delfines cuando los shows marinos se prohíben por todo el mundo

Una orca durante un espectáculo en el Marineland de Antibes (Francia)

Raúl Rejón

27 de septiembre de 2026 22:40 h

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A medida que los espectáculos con cetáceos van desapareciendo del mundo, España se convierte en un aparcadero de delfines y ballenas en cautividad ya que ese tipo de eventos todavía están permitidos por la ley.

Estas semanas se ha formado una polémica por el traslado de dos orcas desde Francia a Tenerife. En la ciudad francesa de Antibes se ha cerrado el parque Marineland y en la isla canaria funciona a pleno rendimiento el Loro Parque, donde ya disponen de cuatro ballenas de esta especie: Tekoa, Morgan, Teno y Adán.

El Gobierno autonómico ha dado el visto bueno a la llegada de los animales, pero diversas organizaciones animalistas afirman que ese transporte incumplirá la ley y recuerdan que existe un informe de la Autoridad Científica CITES desaconsejando la instalación de los ejemplares. La empresa de Loro Parque ha reclamado judicialmente el acceso al dictamen: “No parece creíble que se pretenda cuestionar nuestra labor a través de un informe inexistente ”, ha dicho su presidente Wolfgang Kiessling.

Con todo, este proceso es solo el tercero en apenas unos meses de los que han llevado diversos cetáceos desde diferentes puntos del globo hasta España. En julio de este año, ocho delfines mulares del mismo Marineland de Antibes llegaron al Selwo Marina de Benalmádena.

Además, a finales de agosto, dos belugas y otros cuatro delfines volaron siete horas desde Canadá a Valencia porque el parque Marineland de Ontario, en el que llevaban años, cerraba sus instalaciones. El traslado formaba parte de una operación más amplia para recolocar hasta 30 de estas ballenas árticas ante la amenaza de eutanasia.

Lo que subyace como denominador común de estos traslados es el declive de un negocio que se basaba en los espectáculos con cetáceos: básicamente las orcas y los delfines haciendo acrobacias. Sin estos animales como actores, los parques han ido echando el cierre.

Sin acrobacias no hay negocio

En el caso del acuario canadiense, el parque se declaró en quiebra tras el desplome en la venta de entradas al entrar en vigor una ley que vetaba los espectáculos, la cría en cautividad y la tenencia de nuevos cetáceos. También influyó el historial de muertes de animales asociadas a las malas condiciones de las instalaciones: fallecieron más de 20 cetáceos incluida la última orca en cautividad de Canadá. Las autoridades de bienestar animal de Ontario certificaron el mal estado de los animales.

Imagen de archivo de tres orcas durante un espectáculo en Loro Parque, Tenerife

En Francia, la legislación animal también ha prohibido los espectáculos con cetáceos. La empresa de Antibes adujo que el 90% de sus visitantes compraban su entrada para ver a las orcas y los delfines realizar sus trucos y piruetas. El recinto también arrastraba denuncias de organizaciones animalistas sobre el mal estado de las instalaciones donde vivían estos animales.

En ambos casos, una vez el negocio —cuyo espectáculo de delfines y ballenas era la clave— declinó, los animales perdieron su valor y las instalaciones se han cerrado.

“En España tenemos el marco normativo ideal para que los parques se presenten como salvadores porque la ley no prohíbe espectáculos y tampoco les obliga a grandes cosas. Sin embargo, la situación es grave porque no hay capacidad para todos los animales. Es lo que está pasando en el Loro Parque con las orcas que, por primera vez, se determina que el espacio no es el adecuado”, afirma el portavoz de la Fundación Franz Weber, Rubén Pérez.

Loro Parque contrapone que son “la única alternativa viable en Europa, con instalaciones acreditadas internacionalmente, personal altamente cualificado y un historial impecable en el cuidado de orcas”. En Franz Weber insisten en que “los trasladados cuestan mucho dinero así que querrán rentabilizar esas llegadas a base de exhibiciones, experiencias vip, etc”.

Pero, no todo termina cuando se decide trasladar a los animales. Los delfines que viajaron hasta Benalmádena, por ejemplo, iban a estar en España de manera temporal mientras se adecuaban las instalaciones de otro centro en Francia. Con los cetáceos ya en el Selwo, la empresa francesa anunció que no invertiría en la renovación: “Hemos decidido no continuar con el proyecto”. Ese proyecto se cuantificó en 45 millones de euros. El futuro de los cetáceos es incierto ahora.

Peor fue la cosa con las belugas que llegaron a Valencia. Una de las trasladadas, Jelly Bean, murió de manera repentina el 17 de septiembre.

La beluga fallecida en València, Jelly Bean.

Ecosistema de acuarios comerciales

España lidera desde hace tiempo el negocio del espectáculo con ballenas y delfines en la Unión Europea. La nueva ley de bienestar animal de 2023 no ha cambiado la situación: la normativa dice que, en el caso de los cetáceos, “la cría y mantenimiento en cautividad estará limitada a finalidades de investigación y conservación. Su uso en espectáculos solo podrá realizarse bajo supervisión de sus cuidadores y profesionales relacionados”.

Con ese contexto, todavía persiste un ecosistema donde los acuarios comerciales ofrecen espectáculos al público en los que los protagonistas son los trucos de los animales. Al menos ocho centros hacen de España la líder de la Unión Europea en cuanto a cetáceos en cautividad.

Actualmente, la mayoría de estas instalaciones pertenecen a grupos internacionales y se concentran en áreas de turismo costero masivo. Corporaciones como Aspro-Ocio que gestiona el Aqualand de Adeje (Tenerife), el Palmitos Park de Gran Canaria, el Marineland de Calvià (Mallorca) y el de Palafolls (Catalunya).

Otro grupo es Parque Reunidos que controla, el Selwo Marina de Benalmádena y el Aquópolis de Costa Dorada (Tarragona). Gestionaba el Zoo Aquarium de Madrid cuyos delfines fueron trasladados a China en 2025. También es el dueño del acuario de Antibes del que han salido varios delfines hacia España y de donde procederían las orcas destinadas en principio a Tenerife.

El grupo Loro Parque tiene el parque de Tenerife. Además, Global Omnium gestiona el Oceanogràfic de Valencia y el Grupo Santa María dirige el Mundo Mar de Benidorm (Alicante)

Estos traslados “no solucionan el problema, solo lo agravan” analiza la Fundación pro derechos de los animales Faada. “Supone seguir perpetuando un modelo de negocio basado en su cautividad y explotación con fines lucrativos”.

¿Alternativas?

Sobre la opción de transportar ejemplares, Loro Parque dice que “siempre ha estado y estará dispuesto a ayudar a los animales que necesiten un hogar ante la alternativa de la eutanasia planteada en Francia. La mejor solución para garantizar la vida y el bienestar de los animales es su traslado a las instalaciones de Loro Parque”.

“La alternativa no es sencilla ni igual en todos los casos”, cuenta Rubén Pérez, “porque no hay muchos santuarios donde albergar cetáceos”. Para las belugas, explica, “hay un espacio en Islandia” y para “las orcas en Nueva Escocia”. Para los delfines “existe el refugio de San Paolo en Italia”. El común denominador es que los animales viven en aguas más o menos abiertas —aunque acotadas— y no se someten a espectáculos o programas de cría.

Faada por su parte reclama que los estados de la UE “avancen hacia el fomento, impulso y financiación de los santuarios marinos para cetáceos procedentes de la cautividad”.

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