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Muere de forma repentina en el Oceanogràfic de València una de las belugas rescatadas de Canadá

La beluga Jelly Bean, rescatada de Marineland Canadá y trasladada al Oceanogràfic de Valencia, ha muerto durante la noche del 17 de septiembre.

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El Oceanogràfic de València ha comunicado este viernes la muerte de Jelly Bean, una de las belugas que llegó a sus instalaciones el 27 de agosto junto a otra beluga, Cleopatra, y cuatro delfines, dentro de una operación internacional para rescatar a los animales de Marineland Canadá, que llevaba cerrado e inactivo cerca de dos años.

El centro valenciano participó de una operación para trasladar a los cetáceos en un vuelo especial tras una compleja operación internacional para evitar la eutanasia de los animales.

Desde su llegada a València, tanto Jelly Bean como el resto de los animales han estado bajo supervisión continua de los equipos veterinarios y de los cuidadores del Oceanogràfic (de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y la Generalitat Valenciana) como parte del proceso de adaptación a su entorno, según informa en un comunicado.

El Oceanogràfic señala que en los últimos días la beluga había presentado dificultades en su alimentación, por lo que el equipo veterinario intensificó su seguimiento. Durante este periodo mostró momentos de mejoría y una actitud receptiva con sus cuidadores y permaneció bajo vigilancia continuada las 24 horas. Sin embargo, Jelly Bean ha muerto de forma repentina e inesperada durante la noche de este jueves.

Los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia con el grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrena para tratar de determinar los factores que pueden haber contribuido a su muerte. “Por el momento no es posible determinar la causa”, señala el comunicado.

Cleopatra, la otra beluga rescatada, y los cuatro delfines de la misma operación evolucionan favorablemente y continúan bajo los cuidados y la supervisión de los profesionales.

Desde el inicio de la operación de rescate, los equipos eran conscientes de que cada animal presentaba un historial y unas necesidades individuales, y de que solo mediante una evaluación y un seguimiento continuos sería posible conocer en profundidad su estado de salud, señala la institución, que lamenta: “La muerte de Jelly Bean supone un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado”.

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