Olas de calor y falta de anticipación: Galicia vuelve a secarse en verano pese a las lluvias de la primera parte del año
En la última década, ocurrió en 2017 y en 2022. Galicia entró en alerta por sequía. Y la historia se repite este verano: tres de cada cuatro ayuntamientos están o en alerta o en prealerta porque falta agua y no se pronostican lluvias que le puedan poner remedio. Aunque no se llegó a la situación de escasez por la misma vía en cada caso, sí se reproducen algunos conceptos en las explicaciones: cambio climático, lluvias más concentradas, incremento de la evaporación del agua por el calor y falta de anticipación.
Dominic Royé, doctor en Geografía Física por la Universidade de Santiago de Compostela (USC) e investigador de la Misión Biolóxica de Galicia, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica cómo se ha llegado a esta situación este verano, en un año en el que invierno resultó tan lluvioso que ocupó titulares porque encadenó un temporal tras otro y registró precipitaciones por encima de lo habitual. El experto habla de una “sequía repentina”: cayeron muchas precipitaciones en otoño, en invierno y en una pequeña parte de la primavera, pero las lluvias pararon en mayo y a finales de ese mes empezó un calor por encima de lo normal.
“Varias olas de calor extremas de forma ininterrumpida, sumadas a la falta de precipitaciones, hicieron que se perdiese rapidísimo el agua de los suelos, ríos y recursos hídricos en Galicia”, expone. Royé, especializado en cuestiones de cambio climático, señala que se conoce que este fenómeno incrementa la evapotranspiración y hace que la capacidad de la atmósfera de acoger agua sea muy grande. “Tiene más hambre”, ilustra. Y así es como se ha presentado esta sequía “casi de golpe”.
En la misma dirección apunta Augas de Galicia, el órgano dependiente de la Consellería de Medio Ambiente que hace el seguimiento de los recursos hídricos. Hay, dice, un cambio en la distribución e intensidad de las precipitaciones a lo largo del año y un aumento de la duración media de los periodos secos. Es decir, las lluvias están tendiendo a concentrarse en periodos más cortos. Aclara que no se puede decir que vaya a haber sequía todos los años, sino que el cambio climático “aumenta las condiciones” para que haya periodos de escasez de agua.
Que esté habiendo problemas este verano tras unas precipitaciones tan abundantes en invierno es, según Augas de Galicia, una consecuencia que encaja en este cambio de patrón. El organismo recuerda que llovió tanto en invierno que las reservas subieron incluso por encima de los niveles máximos que se pueden acumular. Pero, al llegar la época más seca del año, Galicia empezó a sumar semanas sin apenas lluvia y con temperaturas muy altas, de modo que los caudales de los ríos y los embalses bajaron de forma acelerada.
Los datos más recientes sobre el agua disponible en los embalses en la demarcación Galicia Costa reflejan una acumulación muy por debajo de la media. El 10 de agosto, las presas destinadas a abastecer a población estaban al 69,88% de su capacidad, mientras que a esas alturas del año pasado el porcentaje era del 80,52%. Incluso en los primeros días de agosto de 2022, otro año con escasez de agua en Galicia, estos embalses estaban por encima del nivel actual y registraban una ocupación del 79,10%.
En cuanto a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (esta y Galicia Costa son las demarcaciones que gestionan la mayor parte del territorio gallego), declaró la prealerta en el Miño Alto, el Cabe, el Sil Inferior, el Baixo Miño y el Limia a principios de mes. Justificó que las precipitaciones de los últimos cinco meses fueron un 49% inferiores a lo esperado para ese periodo y que los caudales circulantes estaban en julio un 45% por debajo de los habituales.
La Xunta suele insistir en sus mensajes sobre la sequía en la necesidad de remediar las pérdidas de la red, pero añade también el impacto del incremento de población en las zonas de veraneo, que hace que se dispare la demanda y aumente la presión sobre el sistema.
Por su parte, Royé suma todavía otro factor que afecta a la comunidad, que es Galicia no tiene grandes acuíferos bajo tierra, sino que se abastece sobre todo de ríos y embalses expuestos a la evaporación. Sí hay pozos, pero no tan grandes como en otros puntos de la Península. Además, no se prevén por ahora lluvias que puedan paliar la escasez de agua en la comunidad. No son las precipitaciones de tipo tormentoso las que pueden contribuir a resolver la situación, recuerda, sino lluvias más sostenidas que vayan calando un suelo que está muy seco.
Las medidas que llegan tarde
Los expertos hacen la aclaración que sequía y escasez de agua no son equivalentes. La primera se relaciona con la falta de lluvias y la segunda, si los recursos que hay llegan para cubrir la demanda. Esto quiere decir que una sequía no tiene por qué derivar necesariamente en escasez. Entre las medidas que se ponen sobre la mesa están las de reducir el consumo y priorizar usos dentro de un modelo económico que presiona desde sectores como la agricultura o el creciente turismo. También intervenir en la propia red evitando pérdidas y construyendo infraestructuras, como depósitos, para conservar agua. “Hay muchas vías, pero tienen que ser cuando no hay sequía”, zanja Royé.
“Las medidas hay que tomarlas antes. Cuando hay sequía ya es tarde y ya solo entramos en modo emergencia para no consumir”, dice. Es lo que está ocurriendo en la mayor parte del territorio gallego, en donde hay 32 ayuntamientos con la alerta por sequía declarada -todos en la demarcación Galicia Costa, la que gestiona la Xunta- y otros 200 en prealerta -tanto en Galicia Costa como en la demarcación Miño-Sil, gestionada por el Gobierno central-. Los efectos prácticos son que se suprimen usos prescindibles como los baldeos, el riego de jardines o el llenado de piscinas.
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