Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La mayoría de ciudadanos apoyarían una huelga general por la vivienda
Crónica - 'Cómo pasó Junts de pactar el decreto a tumbarlo', por Neus Tomàs
Opinión - 'El mayor error político de su vida', por Rosa María Artal

El escorpión y el sapo

La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras.
2 de octubre de 2026 22:38 h

0

En 1955, Orson Welles rodó 'Mr. Arkadin', una película fascinante sobre un magnate que contrata a un aventurero para que investigue su pasado. En una fiesta de disfraces, Gregory Arkadin, a quien interpreta el propio Welles, cuenta a sus invitados una fábula: un escorpión pide a una rana que lo ayude a cruzar un río. La rana teme que este le clave su aguijón a la que tenga una oportunidad, pero el escorpión le explica que no tiene sentido temerle: si la pica, se hundirán los dos en el fondo del río. A mitad de camino, mientras la rana y el escorpión cruzan el cauce, la pica. Mientras se ahogan, la rana le pregunta por qué narices la ha matado, si tan poca lógica tenía. El escorpión le dice que no puede evitarlo, que es su naturaleza. Arkadin propone entonces un brindis por la naturaleza de las personas. 

Viene a colación de acuerdos con escorpiones y otros bichos venenosos, el Congreso tiene que votar dos decretos de vivienda y Junts per Catalunya ha anunciado que no los convalidará. Si caen, serán doce, si no he contado mal, los decretos ley derogados en esta legislatura con los siete votos de Junts sumados a los del Partido Popular y Vox. El gravamen a las energéticas, el ómnibus de las pensiones, el decreto antiapagones, el escudo social, la prórroga de los alquileres, los créditos de Renfe, el rescate de RTVE, la regulación de los lobbies. Es una lista larga y tiene una dirección, que es, inevitablemente, el lecho de un río.

Hay un libro que ayuda a entender lo que está ocurriendo estos días, y que, de paso, explica toda la legislatura. Es un ensayo titulado 'Veto Players', publicado por el académico George Tsebelis en 2002; sostiene que la capacidad de un sistema político para cambiar su realidad depende de cuántos actores deben de estar de acuerdo para mover el statu quo, pero también de la distancia ideológica que los separa. Cuantos más jugadores con veto haya y más lejos estén unos de otros, más difícil es mover el statu quo. En materia económica está más cerca de la calle Génova que de Ferraz, y el decreto ley, que solo admite un sí o un no, convierte cada pleno de convalidación en un ejercicio de veto.

Pero un actor, en estos casos, en todos los casos, tiene capacidad de veto porque la aritmética lo vuelve imprescindible, no estaríamos en este brete si no fuese así. Si las matemáticas cambian, la capacidad de veto desaparece. El poder de Junts en el Congreso nace de una mayoría de investidura muy precisa, heterogénea, en la que no sobra nadie. Si esa mayoría se rompe y unas elecciones generales dejan al PP y a Vox por encima de los 176 escaños, los diputados de Junts, sean siete o los que queden, dejarán de decidir nada. Si Alianza Catalana decidiese presentarse a las generales, quizá los de Puigdemont llegarían a desaparecer. La capacidad de veto es un superpoder que uno tiene mientras el ejecutivo necesita de tu permiso para mover ficha de una orilla a otra.

La orilla catalana tampoco es acogedora. Salvador Illa gobierna la Generalitat desde agosto de 2024 con el apoyo de Esquerra y los Comuns. Allí, Junts no tiene ninguna palanca que compense lo que pueda perder en Madrid. El barómetro de julio del Centre d’Estudis d’Opinió le da entre 16 y 18 diputados en el Parlament, menos de la mitad de los 35 que obtuvo hace dos años. Aliança Catalana pasaría de dos a entre 23 y 25 y los adelantarían. Según la misma encuesta, unos doce puntos de voto viajarían de un partido al otro.

Se ha extendido estos meses una lectura que atribuye a Junts el cálculo de endurecerse en Madrid para contener a Aliança en Catalunya, pero los números no la avalan. La sangría empezó antes de la ruptura con el PSOE y ha continuado después, siguiendo el hilo de la ultraderechización de las derechas, en Madrid, en Murcia, en Catalunya y en Washington. Votar con el PP y Vox no ha frenado su descenso. Cuando compites con tu adversario en dureza, la dureza la acaba cobrando quien la encarna con más naturalidad, y esa naturalidad no es -tan- propia de los herederos de Convergència

Junts arrastra dos herencias que conviven mal la una con la otra: saber ser decisivo en Madrid sin formar parte de un Madrid del que tratan de emanciparse y, por otro lado, el pensamiento post 1 de octubre que hace que cada pacto con el Estado sea motivo de sospecha entre su propio electorado. Una negocia y la otra se autoflagela al hacerlo; así que cuando un partido ya no sabe cuál de las dos genéticas es la dominante, lo mismo le pasa al PP, suele hacer lo que el cuerpo le pide. Y el cuerpo, en este caso, lo que le pide es clavar el aguijón.

Se está hablando, cada vez con mayor intensidad, de un adelanto electoral, y si las urnas llegan, el río será otro, y nada garantiza, es más, el contexto garantiza todo lo contrario, que el escenario, la aritmética que hoy hace que siete escaños sean decisivos, lo sean de nuevo. La fábula de Arkadin suele atribuirse al narrador griego Esopo, pero según se dice, lo más probable es que provenga de una versión persa del siglo XV en la que el escorpión cruza el río a lomos de una tortuga. A mitad de camino clava el aguijón, pero no consigue atravesar el caparazón. La tortuga se sumerge y el escorpión se ahoga él solo. Está por ver qué animal lleva hoy al escorpión a sus espaldas. 

Etiquetas
stats