Roberto Rivas, el bombero que se negó a desahuciar en 2013: “Esta burbuja va a estallar y la solución estará en la calle”
Se llamaba Aurelia y tenía 85 años, pero bien podía haberse llamado Maricarmen. Su caso también se convirtió en un símbolo cuando el bombero al que le encargaron cortar la cadena con la que los activistas de Stop Desahucios habían bloqueado su portal se negó a hacerlo. Hasta que entró de turno, Roberto Rivas había sido una más de las personas que se habían movilizado ante aquel piso del centro de A Coruña y el uniforme y el casco con el que ocultaba su rostro no le hicieron alterar sus principios. Su negativa abrió un debate sobre las competencias del cuerpo en los lanzamientos judiciales. Hoy, trece años después, el desalojo de Maricarmen le hizo revivir aquel gesto que le supuso una multa de 900 euros. Lo hizo “con lástima”, porque tiene la sensación de que “vamos para atrás”.
A sus 52 años, Roberto sigue siendo bombero en el Ayuntamiento de A Coruña, una administración que jamás lo sancionó por su comportamiento –fue la Policía Nacional la que lo denunció por tratar de “alterar” a los manifestantes, algo que siempre defendió como falso– y allí seguirá “hasta que me echen”. Atiende por teléfono a elDiario.es desde su casa en una aldea del municipio de Carballo, a algo más de 30 kilómetros de la ciudad, donde la cobertura va y viene.
¿Cómo estás viviendo todo lo que ha provocado el desahucio de Maricarmen?
Con una perspectiva que me hace pensar, “¡qué lástima!”... Pasaron trece años de aquello, que no olvidaré nunca, con toda la repercusión que tuvo y no sólo estamos en las mismas, sino que parece que vamos hacia atrás. Ahora hemos llegado ante otro punto de inflexión, porque estamos ante otro caso muy dramático, pero no deja de ser un deber mirar más allá, porque desde 2013 hubo cientos, miles de desahucios...
¿Qué recuerdas hoy de aquel momento que se acabó convirtiendo en todo un símbolo?
Que no fue un momento. Yo formaba parte de la plataforma Stop Desahucios. Llevábamos días de guardia ante el portal de Aurelia, esperando a la comisión judicial, exactamente igual que sucedió con Maricarmen. La diferencia fue que conseguimos paralizarlo y alcanzar un acuerdo. Parece que entonces teníamos más fuerza.
O sea, que tú pasaste, en un abrir y cerrar de ojos, de estar de un lado a verte en el lado opuesto...
Sí, yo era uno más de los que estábamos allí, por eso aunque todo se focalizó en mí, sé que cualquiera de nosotros hubiese reaccionado como yo, al 100%. Creo que como ciudadanos tenemos una fuerza enorme y yo no puedo separar mi actuación como persona de mi actuación como profesional. Por eso de que lo personal es político, ya sabes...
Hoy, de todo aquello, ¿con qué te quedas?
Si estoy orgulloso de algo es de que pusiésemos en cuestión el hecho de participar como bomberos en este tipo de trabajos. Hubo una revisión de nuestras funciones, nos dieron mucha caña y, a raíz de toda aquella controversia, nació la plataforma estatal de Bomberos Contra los Desahucios. Trabajamos a nivel interno, redactamos protocolos sobre qué hacer si nos vemos en esta situación...
Eso quiere decir que no fuiste el único, que hubo compañeros que, como tú, se vieron en un sitio en el que no querían estar.
Conozco casos de compañeros que sí actuaron en desahucios porque no tenían un conocimiento jurídico o que, como yo, acabaron en un proceso jurídico por lo que hicieron. En mi caso me denunciaron por “provocar reacciones en el público que pudiesen alterar la seguridad ciudadana”, cuando lo que alienta no la violencia, pero sí el enfado de la gente, son los propios desahucios.
Seguro que durante todo este tiempo has pensado muchas veces cómo solucionar el problema de la vivienda. ¿Crees que hay alguna fórmula?
Tengo una cosa clara: que hay que politizar la sociedad y con eso no quiero decir ir a votar cada cuatro años. Los partidos que nos representan, la clase política, tienen la menor tasa de credibilidad de nuestra sociedad, uno de cada cinco miembros del Congreso y el Senado son rentistas... ¿Esa es la gente que nos va a solucionar este problema? No, la solución está en la calle, con el Sindicato de Inquilinas, las plataformas de Stop Desahucios...
La propia Constitución y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea lo dicen: la vivienda, una vivienda digna para todos, es la parte más crucial de la vida. Si los bienes inmuebles se dejan a la especulación y al capitalismo salvaje, se produce un desastre. Por eso todo esto tiene que acabar ya: los fondos buitres, la Sareb... hay que gravar los miles de viviendas vacías; las propiedades de la Iglesia, con todas esas casas rectorales que tiene por ahí abandonadas... hay mil posibilidades para que la vivienda deje de ser un lucro y deben hacerse efectivas ya. Los alquileres no pueden subir más. Esta es una burbuja que va a estallar, si no es esta semana será la próxima, pero estallará porque la especulación no tiene fin. Así que toca seguir luchando en la calle y dando credibilidad a esos colectivos que buscan soluciones y no puestos políticos.
¿Qué te parecieron los decretos que presentó el Gobierno y que tumbó el Congreso?
Ya tenía una sensación de que podía ser otra oportunidad perdida, porque esta clase política que tenemos es poco de fiar. Esto es una lucha de clases que, al final, se divide entre los que tienen –que normalmente heredan, porque son siempre las mismas familias– y los que están abajo, dando todo para sobrevivir. Tengo bastante experiencia con muchas personas en exclusión social, antes de estar en estos desahucios, y si no tienes una vivienda no tienes dignidad para sobrevivir y para tener una vida como Dios manda.
Entonces, o se pone esto encima de la mesa y se defiende a capa de espada, o todo es un sinsentido. Contra lo que se tiene que luchar es contra la especulación, nada más. Y hay muchas propuestas: sindicatos de inquilinas, Stop Desahucios, la Plataforma contra la Hipoteca... Incluso algún grupo político. Hace meses propuso ERC el gravamen sobre la vivienda, pero creo que no llegaba ni al 20% del IBI, algo ridículo. A gente que tiene una vivienda, dos, tres, cuatro viviendas, que empezara a pagar muchos más impuestos, hasta llegar a un momento en el que no le compensase tener más de una, o tener una y otra vacacional. Eso sería muy fácil de aplicar. ¿Por qué no se hace? ¿Por qué las viviendas vacías no van a un registro público de alquiler y que los propietarios tengan que cederlas? Y si no lo hacen, pues que también sean gravadas, a partir de la tercera en un 30, 40, 50, 200%, a medida que vayas teniendo más propiedades. Porque si tienes dinero porque ahorraste –o heredaste, normalmente–pon una empresa, crea empleo pero no compres inmuebles. Debería estar prohibido: una persona, una vivienda, punto; una familia, una vivienda.
Eso va mucho más allá de los decretos...
Mientras no evitemos eso, todo son parches, parches para volver a tropezar pasado mañana. Y claro que las prórrogas de los alquileres y todas estas medidas antidesahucios están de puta madre, pero la lucha no tiene que estar centrada aquí: la gente tiene que pelear para que no lleguemos a este grado de crudeza que es estar desahuciado. Tenemos que conseguir una serie de contratos que limiten los beneficios de los propietarios y que sean equitativos con los ingresos de la gente. Creo que debería ser el momento de convocar una huelga general de inquilinos y a ver por dónde van las cosas. Aceptar lo que consigamos en el parlamento y seguir la lucha.
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