Organizado en cuatro terrazas excavadas a lo largo de una hectárea, este yacimiento asturiano fue una explotación agropecuaria
El yacimiento de la Villa Romana de Veranes, situado en Cenero, a unos 12 kilómetros de Gijón, constituye uno de los testimonios más relevantes del pasado bajoimperial de Asturias. Este singular enclave, de una hectárea de tamaño y organizado en cuatro terrazas excavadas sobre la ladera orientada al mediodía, funcionó como una notable explotación agropecuaria. Las investigaciones arqueológicas sugieren que este gran complejo perteneció a un terrateniente de alta posición, probablemente llamado Veranius, quien controlaba las tierras circundantes en régimen de colonato sobre un asentamiento de época altoimperial de gran relevancia.
La historia de su redescubrimiento científico es tan interesante como el propio yacimiento, conocido antiguamente como Torrexón de San Pedro. Ya en 1788, el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos se detuvo en estas ruinas mientras supervisaba las obras de la carretera hacia Castilla. Sin embargo, fue el párroco Manuel Valdés Gutiérrez quien, en 1917, tras indignarse ante el expolio de las piedras por los vecinos, inició las primeras excavaciones pioneras y dibujó sus planos. Décadas más tarde, en 1997, el Ayuntamiento de Gijón impulsó las excavaciones sistemáticas bajo la experimentada dirección arqueológica de Carmen Fernández Ochoa y de Fernando Gil Sendino, rescatando su monumentalidad.
Veranes no era solo una mansión de descanso, sino un potente motor económico basado en una explotación agrícola, ganadera e industrial de primer nivel. En su sector noroccidental, el área de servicios albergaba un enorme horreum o granero de unos 50 metros cuadrados para el almacenamiento. Muy cerca se localizaba la cocina doméstica con un hogar central y un horno circular con parrilla de tégulas para cocer pan. Además, en el flanco oriental del patio norte, se descubrió un área metalúrgica con cuatro fraguas, cuatro cubetas de reducción y un yunque de cuarcita dedicados a la forja intensiva de hierro y herramientas de trabajo.
La pars urbana o residencia del señor, refleja el sofisticado estilo de vida y el afán de representación de la aristocracia bajoimperial. La entrada principal daba acceso a un patio norte distribuidor, desde el cual los visitantes iniciaban un estudiado y pomposo recorrido. A través de una gran galería porticada o logia abierta al sur, la élite accedía al oecus o gran sala de representación polivalente, decorada con mosaicos polícromos de motivos geométricos de gran calidad. Una escalinata monumental reforzaba la posición sobreelevada del dominus, quien manifestaba su inmenso poder ante la clientela congregada.
El ala residencial de la villa disponía de una serie de confortables cubículos o dormitorios privados distribuidos a ambos lados de la logia. En la zona del noreste se alzaba la majestuosa diaeta de los propietarios, que constaba de una sala de recepción privada y de aposentos calefactados mediante el sistema de hipocausto. Durante las labores de excavación, se recuperó un singular fragmento de ladrillo sesquipedalis reutilizado. La valiosa pieza conservaba un boceto de cortinajes, símbolo del ceremonial, y una inscripción trazada a carboncillo: “Utere felix domum tuam”, que deseaba un uso feliz de la suntuosa residencia a sus moradores.
Los baños de Veranes eran fundamentales para la sociabilidad romana y ocupaban la fachada meridional de la villa señorial. Este complejo termal disponía de salas calefactadas para diversos baños, como el caldarium, el tepidarium y una sudatio octogonal para baños de vapor. Curiosamente, esta última fue interpretada en el siglo XX por el párroco local como un antiguo monasterio de la Orden del Temple. Las termas incluían además un imponente frigidarium con piscina, un gran espacio frío que, por su monumentalidad, servía de área de recepción semipública para agasajar con gran pompa a los amigos y distinguidos clientes del señor.
600 tumbas
A partir de la segunda mitad del siglo V, las estructuras residenciales de la villa romana sufrieron un paulatino abandono y fragmentación. El espacio señorial se cristianizó, y el gran comedor se transformó en una primitiva iglesia bajo la advocación de San Pedro. En torno a este templo surgió una gran necrópolis medieval en la que se han excavado cerca de 600 tumbas en funcionamiento hasta el siglo XIV. Los difuntos, enterrados de decúbito supino orientados al este, se depositaron en fosas simples, cistas de lajas, sepulturas de material cerámico o lujosos sarcófagos monolíticos de piedra arenisca.
El análisis de esta necrópolis documentó costumbres como la de realizar comidas y banquetes funerarios sobre las tumbas, avaladas por hogares de combustión de arcilla y abundante material cerámico exhumado. Para preservar esta inmensa riqueza, el yacimiento abrió sus puertas en 2007 como un moderno museo de sitio impulsado por Gijón. Actualmente, integrado en la Red de Villas Romanas de Hispania, el museo ofrece una reconstrucción virtual interactiva, visitas guiadas, exposiciones de piezas originales y variadas actividades de recreación histórica destinadas a la difusión y disfrute de toda la comunidad asturiana.
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