La tragedia silenciosa de Canarias: los ahogamientos ya dejan más muertos que el tráfico

Imagen de archivo de la torre de vigilancia y socorrismo en la playa de Maspalomas, Gran Canaria

Carlota Martínez

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Las muertes por ahogamiento son cada vez más recurrentes en el Archipiélago. Playas, piscinas, charcos o puertos. Ningún espacio acuático escapa a unos sucesos terribles que se repiten en Canarias desde hace años y que, entre 2015 y 2026, ya dejan la cifra estremecedora de 778 personas fallecidas y más de 2.143 afectadas.

Agosto es un mes decisivo en península. En plena temporada de vacaciones, cuando las playas se llenan y el agua se convierte en el escenario natural del verano, las vidas perdidas por ahogamiento se disparan. Pero en Canarias nos encontramos con un mapa completamente distinto. Aquí el invierno es la estación más letal y además cambia el fenotipo del ahogado. Siete de cada diez personas que mueren por ahogamiento son extranjeras, un dato que habla de quién disfruta de Canarias cuando en el resto de Europa el verano ya queda lejos.

En los meses de frío, los turistas extranjeros tienen mucho más peso en las playas y piscinas del Archipiélago. En verano, sin embargo, el paisaje humano cambia, llegan más españoles y el reparto de las víctimas se equilibra. Pero no deja atrás un hecho incuestionable. Y es que cuanto mayor es el número de turistas, más crece el número de accidentados.

Canarias, 1500 Km de Costa, la organización pionera en la visibilización del ahogamiento, dirigida por Sebastián Quintana, comenzó en 2015 los análisis que a día de hoy replica la Federación Española de Salvamento y Socorrismo. La razón no es otra que una reiteración preocupante de pequeñas noticias en prensa y radio que comunicaban sobre personas fallecidas sin apenas información.

Desde entonces, los datos han permitido evidenciar una constante, cada año mueren en Canarias entre 70 y 80 personas por ahogamiento, una cifra que supera incluso las muertes provocadas por accidentes de tráfico. El último dato registrado por la DGT, en 2025, refleja que fallecieron en las Islas 53 personas por accidentes de tráfico, 16 menos que por ahogamiento.

Quintana explica a Canarias Ahora que el Archipiélago es “la única comunidad autonóma donde cada año se duplican las muertes por este acontecimiento” en el que hay, además, una particularidad que ayuda a comprender por qué el problema no entiende de estaciones: “Canarias es el único punto de la Unión Europea abierto los 365 días del año”, explica.

Y además existe un patrón claro. El 80% de los accidentes acuáticos tiene como origen la imprudencia. Pero no todas son iguales, hay dos tipos, quien se acerca al mar desde un exceso de confianza y quien lo hace desde la inconsciencia. La primera es cuando el bañista, generalmente residente, cree conocer el mar por haberlo frecuentado desde pequeño, lo que Quintana denomina el “síndrome de la inmortalidad”; la segunda responde a una realidad muy distinta, radica en el “desconocimiento absoluto” de las particularidades del litoral canario, sus corrientes, su oleaje o la fuerza cambiante del mar. En este último saco suelen entrar los turistas, quienes representan siete de cada diez personas fallecidas por ahogamiento en las Islas.

Dentro de ese 80% de accidentes vinculados a la imprudencia, más de la mitad de los fallecidos se introdujeron en el mar pese a que había un aviso activo por fenómenos costeros. De ahí que este 2026 sea el año “más negro, con hasta 6 menores fallecidos”, explica Quintana a este periódico. Hasta el 21 de agosto se han declarado al menos siete episodios de prealerta o alerta por fenómenos costeros.

Este balance de siniestralidad ha puesto sobre la mesa una realidad difícil de ignorar: los ahogamientos son un problema de salud pública de primer orden en Canarias. El medio acuático se cobró 71 vidas en 2023, 63 en 2024 y otras 69 en 2025. En lo que va de 2026 ya son 44.

El año 2017 fue especialmente crítico con respecto a las muertes por ahogamiento, saldándose con 93 víctimas. Los años siguientes estuvieron marcados por un descenso progresivo de los fallecimientos, hasta alcanzar en 2021, año después de la pandemia y el mínimo de toda la serie, con 38 víctimas. A partir de entonces, la tendencia se invirtió y las cifras volvieron a repuntar.

Cinco menores deportistas que perdieron la vida en el mar

Resulta especialmente trágico el impacto de los ahogamientos entre los menores. 30 niños y niñas han sufrido accidentes de este tipo en el mar. De ellos, seis permanecen en estado crítico y el resto ha fallecido o continúa desaparecido. Una realidad especialmente dolorosa que Canarias, 1500 Km de Costa ya ha llevado ante el Parlamento Europeo y el Congreso de los Diputados.

La tragedia alcanza también al deporte base, cinco menores deportistas han perdido la vida en las costas de Canarias en poco más de dos años. Cuatro eran futbolistas federados y una, Fabiola Mbulito, una de las grandes promesas del baloncesto español. Cinco vidas que tenían todo por delante y que quedaron truncadas en el mar. Tres de sus familias, además, siguen sin poder despedirse de sus hijos porque sus cuerpos continúan desaparecidos. Y es que “ser deportista, no basta”, explica Quintana, “el gran problema es que no tienen habilidades natatorias e intentan nadar a tierra cuando tienen que nadar mar adentro”.

El último de esos casos tiene apenas unos días. El pasado martes, 18 de agosto, Jeremías, un futbolista de 14 años, perdió la vida tras verse en apuros por el fuerte oleaje en una zona rocosa de la costa de Mogán. Su muerte se suma a la de Yassine, de 16 años, y Alejandro, de 17, desaparecidos el 8 de marzo de 2024 después de acudir a pescar a El Confital, en Las Palmas de Gran Canaria. Todo apunta a que un golpe de mar los arrastró hacia el océano. Sus cuerpos nunca han sido localizados.

Tampoco apareció el de Arek, un futbolista polaco de 15 años que jugaba en el Stal Stalowa Wola y cuyo rastro se perdió el 22 de febrero de 2025, después de que una gran ola lo succionara en el Charco del Viento, en Tenerife. Y también está el caso de Fabiola Mbulito, de 12 años, jugadora del Spar Gran Canaria y considerada una de las grandes promesas del baloncesto español, que murió ahogada el pasado mes de julio en la playa de La Laja, en Las Palmas de Gran Canaria. Lo hizo justo después de recibir la convocatoria que podía llevarla a debutar con la selección española femenina sub-12.

Entre las causas más probables de los ahogamientos entre menores, Quintana destaca una por encima de las demás: “Nueve de cada diez se producen por falta de vigilancia, especialmente por la ausencia de una presencia física que supervise al menor”. Cuando estas se producen, la plataforma de prevención siempre aporta apoyo psicológico y asistencia jurídica a los familiares.

Dónde se producen más ahogamientos en Canarias

Entre las zonas con mayor número de muertes destacan las playas, con un 58% de casos. Ocurren principalmente por adentrarse al agua con bandera roja, ignorar las corrientes de retorno (resaca) o bañarse en zonas desiertas sin la presencia de socorristas. En segundo caso se encuentran los acantilados, espigones y zonas rocosas de difícil acceso (27% de los casos), que suelen estar vinculados a pescadores, submarinistas o personas que caen al agua tras un resbalón o un golpe de mar imprevisto.

En las piscinas naturales y los charcos, el porcentaje de accidentes desciende considerablemente, hasta situarse en torno al 9%. Pero la cifra esconde una paradoja. Son precisamente estos espacios, aparentemente tranquilos y familiares, algunos de los puntos negros más letales de la costa. El peligro llega, muchas veces, sin avisar, a lo que llamamos “efecto sorpresa”. Una ola rompe con más fuerza de la esperada, golpea el charco y, en cuestión de segundos, convierte una zona de baño en una trampa. El agua puede arrastrar al bañista hacia el borde y lanzarlo mar adentro, sin apenas margen de reacción. En Tenerife, la Piscina de Isla Cangrejo es uno de los ejemplos más críticos de esta amenaza.

En el otro extremo están las piscinas de instalaciones, que concentran otro 9% de los casos. Son las piscinas de hoteles, complejos turísticos y comunidades de vecinos. Espacios cotidianos que adquieren un riesgo especialmente elevado cuando hay menores de por medio. En estos entornos, el 90% de los percances se produce por un factor tan sencillo como determinante, un despiste, unos segundos sin vigilancia o la falsa sensación de que el entorno está bajo control. El peligro, en estos casos, no siempre está en el agua, sino en bajar la guardia.

Prevención de ahogamientos: informar antes de llegar al mar

Por eso, Sebastián Quintana lleva años insistiendo en una idea sencilla: “La prevención empieza en tierra, mucho antes de llegar al agua”. Hace cuatro meses intervino en el Parlamento para reclamar al Gobierno más información dirigida, especialmente, a los turistas. “Falta cartelería y que el mensaje de que hay una prealerta o alerta por fenómenos costeros llegue al turista”, sostiene a este periódico. La propuesta pasa también por implicar al sector turístico y que hoteles y establecimientos extrahoteleros trasladen directamente esas alertas a sus huéspedes para evitar que salgan hacia la playa cuando las condiciones del mar no lo aconsejan.

La iniciativa ya ha empezado a tomar forma. Se trata de una práctica pionera en Europa que consiste en enviar avisos por correo electrónico a los establecimientos hoteleros cuando se declara una situación de fenómenos costeros con el principal objetivo de que la alerta llegue al turista antes de que se aproxime al mar.

La prevención, sin embargo, no se queda en los hoteles. Desde hace una década, Canarias, 1500 Km de Costa imparte charlas en centros educativos para enseñar a los menores a reconocer y evitar situaciones de riesgo en playas y piscinas, pero también qué hacer cuando el peligro ya se ha presentado. Las sesiones combinan protocolos de actuación con casos reales para que el conocimiento no llegue después del susto, sino antes.

Estas acciones cuentan con el respaldo de la Viceconsejería de Actividad Física y Deportes de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, la Consejería de Política Territorial, Cohesión Territorial y Aguas del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria, el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, a través de las concejalías de Turismo y Ciudad de Mar.

Quintana resume el problema en una frase que funciona también como advertencia: “Las costas canarias no son peligrosas; los peligrosos somos nosotros”.

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