De origen volcánico, en este parque nacional canario podrás ver cascadas, barrancos, pinares o reptiles

La actual Caldera de Taburiente proviene de un gigantesco edificio volcánico primitivo de unos cuatro mil metros de altitud ubicado en el centro de la isla

Alberto Gómez

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El Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, situado en el interior de la isla de La Palma, es un territorio declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco y obtuvo también su declaración oficial de parque nacional en el año 1954. Destacando por su origen volcánico, su fisonomía está dominada por una enorme depresión que asemeja un cráter o caldera, con un circo de cumbres que alcanza un diámetro de ocho kilómetros y desniveles verticales que llegan a superar los 1.500 metros de altura. Su cota más elevada se sitúa en el Roque de los Muchachos, a 2.426 metros sobre el nivel del mar, ofreciendo una panorámica que evidencia las repetidas erupciones, deslizamientos de tierra y la incesante acción de la erosión fluvial que han esculpido este grandioso relieve a lo largo de los millones de años de historia geológica.

Antes de la llegada de las tropas castellanas en el siglo XV, la isla de La Palma era llamada Benahoare por sus antiguos pobladores. La fisonomía escarpada de la Caldera de Taburiente correspondía al territorio del cantón de Aceró, un nombre aborigen que significaba lugar fuerte e invulnerable. Bajo el mando del respetado mencey Tanausú, los benahoaritas vivían de la agricultura, el pastoreo y la recolección de raíces para elaborar gofio. La heroica resistencia local frente al conquistador Alonso Fernández de Lugo terminó trágicamente por una traición en las inmediaciones de La Cumbrecita, donde el líder fue capturado, muriendo posteriormente camino de la península. Tras la conquista, las tierras se repartieron, pero su valor impulsó su declaración como Parque Nacional, prohibiendo el pastoreo para conservar este espacio intacto.

La actual Caldera de Taburiente proviene de un gigantesco edificio volcánico primitivo de unos cuatro mil metros de altitud ubicado en el centro de la isla. Fuertes colapsos y deslizamientos de tierra, combinados con desprendimientos menores y la erosión constante del agua, dieron lugar a la gran depresión actual, donde el material geológico predominante es el basalto. Entre las formaciones más singulares destacan los roques, que son monolitos de piedra resistentes a la degradación que sobresalen en el paisaje. Algunos de estos roques sirvieron como antiguos centros de culto para los aborígenes de la isla, quienes los consideraban testigos sagrados de su historia.

El agua constituye la principal riqueza del parque y su gestión ha marcado la historia de la isla

Asimismo, en el cauce del barranco se aprecian lavas almohadilladas que evidencian el remoto origen submarino de estos materiales. El agua constituye la principal riqueza del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente y su gestión ha marcado la historia de la isla. En el interior de este espacio natural, la red de arroyos y torrentes fluye con fuerza alimentada por más de 70 manantiales y galerías subterráneas, cuyo aprovechamiento está en manos del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte. Toda esta corriente de agua superficial se encauza y busca su salida hacia el océano Atlántico a través del Barranco de las Angustias, que representa la única abertura natural del parque.

Este barranco recoge las escorrentías que descienden desde desniveles de dos mil metros, esculpiendo un relieve abrupto donde el agua actúa como modelador constante. A lo largo de este cauce fluvial, los excursionistas contemplan la espectacular fuerza del agua sobre las rocas basálticas. Aunque la naturaleza semiimpermeable del subsuelo hace que gran parte del agua de lluvia se filtre y apenas existan cascadas continuas, las que se forman son de una singularidad extraordinaria. El agua reaparece en forma de sugerencias y nacientes de colores debido a los minerales que arrastra a su paso por el subsuelo.

Destaca por su altura la cascada de La Fondada, que presenta un salto vertical de casi cien metros de longitud. Sin duda, la atracción más famosa es la Cascada de Colores, un rincón seminatural ubicado en un recodo del barranco de Rivanceras. Este muro de seis metros de alto se tiñe de tonos naranjas y amarillos por la alta concentración de hierro disuelto en sus aguas ferruginosas, mientras que los verdes son aportados por musgos y algas. El resultado es una paleta natural cambiante que fluye hacia el Barranco de las Angustias deleitando la mirada de los caminantes.

La flora del parque cuenta con un indiscutible protagonista que domina el paisaje forestal: el majestuoso pino canario. Esta conífera endémica de las Islas Canarias es capaz de colonizar los suelos más pobres y con fuertes pendientes geológicas gracias a un sistema de raíces profundas y extensas que le anclan fuertemente al inestable terreno basáltico. Los ejemplares de esta especie pueden llegar a vivir más de 500 años y superar los 50 metros de altura, presentándose en densas masas forestales o de manera solitaria con raíces expuestas al aire.

Especies adaptadas

Además de los extensos pinares, la Caldera de Taburiente cobija una extraordinaria variedad de especies vegetales, muchas de ellas endémicas del archipiélago canario. En las escarpadas y verticales paredes de piedra se aferran con tenacidad las plantas rupícolas, mientras que en las cumbres más elevadas habitan especies adaptadas al frío y al viento de alta montaña. Entre estas joyas botánicas destacan arbustos singulares como el codeso de cumbre, la faya, el brezo, el cedro canario y el llamativo amagante, cuyas raíces eran recolectadas en el pasado por los primeros pobladores. La diversidad cromática se enriquece con el tajinaste azul de cumbre, el tajinaste rojo y la delicada violeta o pensamiento de las cumbres.

La fauna de la Caldera de Taburiente alberga una destacada representación de endemismos canarios y subespecies exclusivas de la isla de La Palma. En el grupo de los reptiles sobresalen el lagarto tizón de Taburiente y el perenquén común, animales adaptados a la sequedad de las rocas y que desempeñan un papel crucial en la ecología del parque. Por otro lado, la diversidad de aves es muy rica y se deja notar en las cumbres y bosques con la presencia de rapaces como el cernícalo vulgar, el busardo ratonero y el gavilán común. Entre los riscos también vuela la chova piquirroja y las raras palomas turqué y rabiche, especies ligadas a los ambientes forestales canarios.

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