Del siglo XIII y situado a orillas de un lago de agua salada, es considerado el castillo escocés que lleva más tiempo habitado

A diferencia de otras fortalezas feudales que cambiaron de manos o cayeron en el abandono, esta propiedad ha permanecido bajo el mismo linaje durante 800 años

Alberto Gómez

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El histórico castillo de Dunvegan está construido sobre una roca a orillas del Loch Dunvegan, un lago de agua salada en el noroeste de Escocia. Considerada la fortaleza habitada más antigua del país, ha sido el hogar ancestral del clan MacLeod durante más de 800 años. Su ubicación estratégica en un puerto natural facilitaba el acceso a las islas occidentales y su playa de suave pendiente era ideal para encallar pequeñas embarcaciones. Por ello, el sitio fue fortificado a principios del siglo XIII por Leod, fundador del clan, quien construyó un muro defensivo alrededor de la roca.

Hoy en día, la fortaleza sigue perteneciendo a los descendientes del linaje, combinando su rica historia con la vida familiar contemporánea en las plantas superiores. La arquitectura de Dunvegan es de gran importancia y muestra el trabajo de al menos diez períodos de construcción diferentes a lo largo de los siglos. Detrás de su fachada se esconde una estructura compleja formada por cinco edificios independientes, cada uno con su propio carácter y leyendas particulares.

Y es que hacia el año 1350, Malcolm, tercer jefe del clan, erigió una gran fortaleza de cuatro pisos en el extremo noreste del perímetro para proporcionar un alojamiento seguro y ostentar su estatus de nobleza. Las obras continuaron en los siglos posteriores con el añadido de la famosa Torre de las Hadas en 1500, y un ala de apartamentos de estado construida en 1623 por el jefe Ruairidh Mor.

Los terrenos que rodean la fortaleza albergan un exuberante oasis botánico de dos hectáreas que asombra por su variedad de flores y aromas fragantes

Durante el siglo XVIII, la necesidad defensiva del castillo disminuyó, lo que permitió realizar reformas orientadas a la comodidad residencial. En 1748 se abrió un acceso terrestre por primera vez desde su fundación, eliminando el aislamiento histórico de la roca y facilitando el tránsito diario. Un diseño sustancial de estilo georgiano se completó en 1790 bajo la supervisión de Walter Boak, quien transformó la antigua fortaleza en un gran salón. La apariencia baronial actual nació a mediados del siglo XIX gracias a una ambiciosa reconstrucción ideada por Robert Brown de Edimburgo, con un coste superior a ocho mil libras esterlinas, que unificó la silueta con elegantes torreones y almenas en el tejado.

El vínculo entre el castillo de Dunvegan y el clan MacLeod es uno de los ejemplos más singulares de la historia escocesa, caracterizado por su continuidad absoluta. A diferencia de otras fortalezas feudales que cambiaron de manos o cayeron en el abandono, esta propiedad ha permanecido bajo el mismo linaje durante 800 años. Aunque mantener este monumento en un ambiente de extrema humedad costera requiere una enorme inversión financiera anual en constantes obras de restauración, el clan asume el compromiso. El jefe actual y su familia aún residen en las plantas superiores, aportando un aire real y doméstico al recorrido de un edificio donde el pasado medieval y el presente conviven bajo el mismo techo señorial.

El tesoro más célebre que alberga la fortaleza es la famosa Fairy Flag o bandera de las hadas, un trozo de seda venerado por el clan con devoción. Este objeto mide unos 46 centímetros, muestra un tono amarillento y se conserva protegido bajo un cristal debido a su fragilidad. Según la leyenda, un antiguo jefe de los MacLeod se casó con un hada que, después de veinte años, debió regresar a su mundo. Al despedirse en el Puente de las Hadas, ella le entregó la bandera prometiendo que si la hacía volar en momentos de extremo peligro, el clan recibiría ayuda mágica. Los miembros de la dinastía ya la han usado con éxito en dos batallas históricas, reservando un último uso milagroso para el futuro.

Además de la bandera mágica, las estancias custodian reliquias de incalculable valor histórico que definen la identidad de las Highlands. Entre ellas destaca la Copa de Dunvegan, un vaso ceremonial de madera de 1493, decorado con plata y apoyado sobre cuatro patas con zapatos. Otro objeto singular es el Rory Mor's Horn, un gran cuerno de toro del siglo X que perteneció a un célebre jefe del clan. Según la tradición, cada heredero varón debe probar su hombría bebiéndose el cuerno lleno de vino de Burdeos de una sola vez. En la planta baja, una exposición muestra la dura vida de los colonos en el remoto archipiélago de Saint Kilda, conectando al público con la cultura gaélica.

Cascadas, estanques y puentes

Los terrenos que rodean la fortaleza albergan un exuberante oasis botánico de dos hectáreas que asombra por su variedad de flores y aromas fragantes. Estos espectaculares jardines se diseñaron en el siglo XVIII a partir de un bosque nativo y fueron transformados a mediados del siglo XX por el jefe del clan. Hoy en día, están divididos en hermosas áreas como el Water Garden, el Rose Garden y el pintoresco Walled Garden. Entre sus senderos, los visitantes descubren cascadas, estanques serenos y puentes de madera rodeados de plantas exóticas traídas de diversos rincones del mundo. Este vergel ofrece un gran contraste visual frente a la severidad de la roca, siendo el espacio ideal para pasear y desconectar en un entorno idílico.

La visita al castillo de Dunvegan se complementa con diversas actividades al aire libre que permiten disfrutar de la bahía y de su entorno natural. Desde el pequeño muelle de la propiedad se organizan paseos en barco de 25 minutos para observar de cerca la mayor colonia de focas de la isla de Skye. Además, la fotogénica estampa de la fortaleza y la belleza de la playa de Claigan Coral Beach han servido de escenario para el rodaje de famosas producciones. En sus alrededores se filmaron escenas de películas célebres de la historia del cine. Dunvegan combina así de manera perfecta su legado medieval con un marco natural incomparable que cautiva a todo aquel que lo contempla de cerca.

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