Este castillo francés se está construyendo desde 1997 gracias a unos apasionados de la historia pero que usan técnicas medievales
En la localidad de Treigny, en los bosques de Borgoña, no deja de sorprender cómo va avanzando un proyecto monumental que arrancó en 1997, cuando un grupo de apasionados de la historia se propuso la tarea de construir en Francia una fortaleza medieval desde cero. Este lugar, conocido como Guédelon, no es una simple restauración, sino una obra nueva que sigue estrictamente los cánones del siglo XIII. La iniciativa destaca por su compromiso absoluto con la autenticidad, utilizando únicamente los materiales y métodos disponibles hace ochocientos años. No se permite el uso de maquinaria moderna ni de materiales contemporáneos como el cemento o el hierro de tipo industrial.
Cada piedra y cada viga son testigos de un esfuerzo colectivo por recuperar conocimientos técnicos que se creían perdidos en el tiempo. Lo que comenzó como una idea audaz se ha convertido hoy en toda una referencia de la arqueología experimental. Este castillo moderno, pero de alma antigua, atrae a miles de personas interesadas en presenciar en directo cómo nace una fortaleza. La semilla de esta aventura fue plantada por Michel Guyot, propietario del castillo de Saint-Fargeau, junto a la gestora Maryline Martin. La inspiración surgió de forma inesperada cuando unos trabajos de arqueología preventiva en Saint-Fargeau revelaron cimientos de una fortaleza medieval oculta. En lugar de demoler las estructuras más modernas para excavar el pasado, Guyot decidió crear un nuevo castillo desde sus bases originales.
Para llevar a cabo este reto, se rodeó de un equipo multidisciplinar compuesto por arquitectos, historiadores y expertos en el arte medieval. Jacques Moulin, arquitecto jefe de monumentos históricos, fue el encargado de diseñar los planos siguiendo los modelos de la época del rey Felipe Augusto. El proyecto se estableció en una cantera abandonada que ofrecía todos los recursos naturales necesarios para la construcción del gran edificio. Arenisca, arcilla, madera y agua se extraen directamente del entorno forestal preservado que rodea la obra en la región de Puisaye. Así, los fundadores lograron transformar una visión romántica en un laboratorio científico vivo donde se aprende mediante la práctica constante.
La filosofía central de Guédelon es la arqueología experimental, un método que busca comprender la historia a través de la acción directa. Al construir el castillo paso a paso, los expertos pueden verificar hipótesis sobre cómo se resolvían los problemas arquitectónicos en el medievo. El proceso es deliberadamente lento, priorizando siempre la precisión histórica y el aprendizaje sobre la rapidez de la edificación convencional. Los artesanos deben adaptar sus ritmos vitales al tiempo pausado de la Edad Media, olvidando por completo la lógica de la inmediatez. Cada herramienta utilizada en la obra es forjada manualmente por los herreros del sitio, asegurando que sean idénticas a las del siglo XIII.
De hecho este enfoque ha permitido redescubrir técnicas olvidadas, como la elaboración de morteros de cal y arena o la talla precisa de piedra. El lugar se convierte así en un espacio de diálogo entre el pasado y el presente, donde la teoría se encuentra con la manualidad. El resultado final es un monumento que nunca existió realmente, pero que es totalmente fiel a la realidad constructiva feudal. Un equipo de aproximadamente cincuenta trabajadores fijos, apoyados por voluntarios y becarios, da vida a este escenario histórico. Entre los oficios representados se encuentran canteros, carpinteros, leñadores, herreros, tejeros y hasta expertos en cordelería o tintorería artesanal.
El ambiente sonoro de la obra es único, pues el estruendo de los motores ha sido sustituido por el golpe rítmico de los mazos. Los que lo visitan pueden observar a los artesanos trabajando en tiempo real y conversar con ellos sobre los complejos secretos de sus oficios. Estos profesionales visten ropas inspiradas en la época para mantener la inmersión visual de quienes cruzan el umbral del recinto. La pericia de este equipo ha alcanzado tal nivel de reconocimiento que sus carpinteros han participado en la reconstrucción de Notre-Dame.
Para dar coherencia a la edificación, el equipo diseñó una narrativa histórica centrada en un señor feudal imaginario llamado Guilbert Courtenay. Según este relato ficticio desarrollado con medievalistas, el castillo es una residencia modesta cuya construcción se inició en el año 1229. La arquitectura sigue el estilo filipense, un modelo de fortificación promovido para reforzar los sistemas defensivos de aquella época específica. El diseño original incluye seis torres, un camino de ronda, una capilla, una residencia señorial y un molino de agua funcional. Aunque carece de elementos grandiosos como fosos profundos, su estructura defensiva es técnica, coherente y muy eficaz arquitectónicamente.
¿Acabado en 2030?
La evolución del castillo ha sido dinámica, sufriendo modificaciones a medida que los nuevos hallazgos arqueológicos dictaban cambios necesarios. A veces es necesario deshacer partes ya construidas para corregir errores o ajustar la obra a la autenticidad histórica requerida. La construcción auténtica, eso sí, presenta desafíos constantes que obligan a los investigadores a utilizar el método de ensayo y error permanentemente. Un ejemplo notable son los ventanales de la torre de la capilla, cuyo diseño requirió cientos de horas de trabajo puramente manual. Ante la falta de vidrio, reservado entonces para catedrales, los artesanos probaron primero con piel de cabra, que acabó agrietándose. Finalmente, recurrieron al lino endurecido con cera de abeja y decorado con motivos antiguos para poder filtrar la luz adecuadamente.
A diferencia de otros monumentos, Guédelon se autofinancia íntegramente gracias al flujo constante de turistas que visitan sus instalaciones cada año. Lo que comenzó con una previsión de pocas visitas ha explotado hasta alcanzar los 300 mil turistas anuales en la actualidad. Existen también programas específicos para grupos escolares que buscan comprender la vida cotidiana y la arquitectura de la época feudal. El impacto pedagógico es inmenso, permitiendo que niños y adultos experimenten la historia no como algo muerto, sino palpable. La dimensión ecológica del proyecto también es relevante, explorando vías de construcción éticas y sostenibles para el futuro. Gracias a este modelo, el castillo de Guédelon se ha consolidado como el tercer monumento más visitado de su región. Se estima que la fortaleza estará completamente terminada alrededor del año 2030, tras más de tres décadas de labor.
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