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John J. Healey, escritor: “Por mucho que los españoles se quejen, lo que yo he visto en los últimos 50 años es extraordinario”

Healey, en el Río Trevelez en 1975.

Alejandro Luque

29 de agosto de 2026 06:01 h

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John J. Healey tenía 19 años cuando aterrizó en Málaga. Su idea era pasar unos meses en Churriana, pero aquel viaje le cambió la vida. Ahora recoge sus vivencias en un volumen de memorias, Recuerdos del Sur (Renacimiento), en el que plasma situaciones como su encuentro con Gerald Brenan o los caminos que le llevaron a trabajar en el cine con Víctor Erice, entre otros.

“Aunque se podría decir que, hace medio siglo, Nueva York y Andalucía eran polos opuestos en casi todo, la ciudad donde yo nací y la parte de España donde aterricé en 1969 eran, en algunos sentidos, mejores que ahora”, explica. “En los dos había mucha menos gente, tenían culturas autóctonas más originales y auténticas, la vida era más asequible para los artistas y escritores. Ambos lugares han pasado por capítulos oscuros en cuanto a política y aspectos socio-económicos. Hoy en día tanto Nueva York como Andalucía están sobrecargados de gente, son carísimos, y parece que los mercados inmobiliarios y hoteleros dominan en todo”.

Pero la mirada de Healey se proyecta sobre ese pasado habitado por figuras como Brenan, a quien conoció “porque, ya viudo y avanzado en edad, pasaba mucho tiempo en la casa de Freddy Wildman Buenavista -donde estaba alojado yo- por no estar solo, supongo, y porque en la casa de Freddy reinaba un ambiente intelectualmente estimulante y divertido. Además, se comía y bebía bien allí”.

El autor, en una foto reciente en Corrubedo.

Libros en las Alpujarras

En el libro cuenta también cómo “Brenan me invitó a leer su primera edición de Ulises de James Joyce. Su casa en Churriana estaba cerca a la de Freddy. Evidentemente Gerlad Brenan en mi opinión no era representativo, en absoluto, de los extranjeros que acudían a Andalucía en aquellos años. Se trataba de una persona bastante singular, un inglés cultísimo que había sobrevivido las barbaridades de la Primera Guerra Mundial, que, en Londres y Inglaterra había pertenecido al famoso Grupo de Bloomsbury, y que, en el año 1920, después de llegar al minúsculo y primitivo pueblo de Yegen en las Alpujarras, con centenares de libros, tuvo como invitados a gente como Virginia Woolf y Lynton Strachey. Luego escribió unos libros magníficos sobre España, como El Laberinto Español, Al sur de Granada, y La faz de España”.

También gracias a Wildman conoció a Víctor Erice y Adelaida García Morales. “No me acuerdo como ellos le conocían a él, a lo mejor a través de Donald Grey –otro personaje que sale en el libro– pero llegaron una tarde a la casa en Churriana rumbo a Chipiona donde la familia de Adelaida tenía una casa. Pasaron la noche y Víctor y yo hablamos de cine, un tema que a Freddy no le interesaba nada. Pero fue unos años después, cuando compraron una casita que tenía Freddy en Capileira, y yo vivía en el pueblo de al lado –Bubión– cuando empezamos entablar una amistad importante para mí. Tuvimos conversaciones largas y serias y divertidas. Eran una pareja atractiva e interesante. En una entrevista con Adelaida grabada poco antes de su muerte ella decía que esos cinco años que vivieron en Capileria fueran los más felices de su vida”.

Con Víctor Erice, en el rodaje de 'El Sur'.

Healey dedica en su libro un capítulo a relatar cómo acabó en el rodaje de El Sur, la película de Erice basada en la novela de García Morales. “Víctor me ofreció la posibilidad de colaborar con él y no dudé en aceptarla. Fue abrirme a una carrera que me duró muchos años después. Tuve el privilegio de estar con él a lo largo de toda la pre-producción cuando todavía estaba trabajando en el guion, luego el rodaje entero, y hasta su estreno en el festival de Cannes. Fue una educación muy completa y en muchos sentidos. Y gracias a esa experiencia pude trabajar en películas dirigidas por cineastas como John Huston, Woody Allen, Arthur Hiller, Peter Weir, Elaine May, y dos producidos por Warren Beatty”.

Pero antes de eso, debutó como director con un documental sobre Federico García Lorca para Televisión Española. “Mi gusto por la poesía empezó en España con Lorca y Machado y Rubén Darío”, evoca. “Es curioso que los dos documentales que he rodado como director se traten de poetas, porque en principio diría que mi género literario es la novela, pero he evolucionado. Hay un capítulo en mi libro dedicado al documental sobre Lorca, pero en resumen te puedo decir que la idea se me ocurrió en 1996 cuando me di cuenta de que 1998 sería el centenario de su nacimiento. Suponía que las entidades de televisión en España harían algo al respecto y como yo tenía buenas relaciones con la familia me acerqué a ellos y me dieron el visto bueno”.

Un destino demasiado popular

“Quería hacer algo serio, cronológico, y, sobre todo, una película que huyera de los tópicos sobre Lorca, y tratar el tema como trataría a cualquier otro autor mundialmente imprescindible”, prosigue. “También quería evitar utilizar un narrador en off, con esa voz que, aun hoy, predomina en los documentales y anuncios españoles, una voz muy grave, teatral, poco natural. Así que el poeta granadino Luis García Montero –ahora el director del Instituto Cervantes- tuvo la bondad de encarnar la voz de Lorca y para la narración conté con miembros de la familia”.

Imagen que ilustra la portada del libro.

¿Se parecen en algo los extranjeros que vinieron hace medio siglo a los que llegan ahora a la Costa del Sol o la Alpujarra? “No lo sé. Lo dudo, pero no lo sé”, cabecea. “Habrá de todo. La verdad es que no he vuelto a las Alpujarras desde hace treinta años por lo menos. Sé que hay más turismo allí ahora, hotelitos, restaurantes nuevos y tal. Pero no quiero volver por miedo de encontrarlo demasiado cambiado. Y me pasa algo parecido con Andalucía. Como cuento en el libro, un intento que hice para encontrar la casa de Freddy unas décadas después de la época en que vivía allí en Churriana me salió fatal. Ahora voy a lugares distintos, que mantienen su perfil de pueblo, y por preservarlos, no diré cuáles son”.

Por último, cuando se le pregunta qué cree que ha cambiado más de España en este tiempo, responde: “Por mucho que muchos españoles se quejen de su país lo que yo he visto y vivido a lo largo de los últimos 50 años es extraordinario. España en los años 60, 80, y 90 casi no figuraba en el imaginario internacional. Ahora es un destino demasiado popular, y por buenos motivos. Por su infraestructura, su cocina, su mundo de la moda, su cine y literatura, por la calidad de sus médicos y el sistema de sanidad pública amenazado pero que sigue en pie y es imprescindible. ¿Hay problemas graves? Por supuesto que sí. Pero en comparación con lo que está pasando en el mundo de hoy, España y los españoles están en un momento excepcional. Por algo será que miles de personas se hayan venido a vivir y a trabajar en España en las últimas décadas, algo que se ha intensificado desde la pandemia”.

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