El regreso de los templarios: los herederos de la orden demandan al Vaticano para forzar su restauración siete siglos después
Fueron la orden religiosa más importante de la cristiandad. Los templarios protagonizaron de sucesivas cruzadas para recuperar Tierra Santa y sus líderes acabaron quemados vivos, en 1314, en mitad de una intensa pelea por el dominio y las riquezas en el interior de la Iglesia. Siete siglos después, sus herederos exigen a Roma su restauración y la reparación de sus líderes históricos. Aunque buena parte de su patrimonio fue traspasado a la Orden de Malta, mientras otra ha alimentado cantidad de leyendas, novelas y películas, la petición no aborda esta cuestión por el momento.
No es la primera vez que los herederos de los templarios reclaman la restauración de la orden. Desde 2005 ha habido otro par de intentos en este sentido, pero en esta ocasión hay algunas señales que apuntan a que la petición va en serio. La Orden Soberana del Temple de Cristo ha presentado ante los tribunales españoles una “demanda de conciliación” dirigida al Papa León XIV para “la apertura de un proceso formal de diálogo con la Santa Sede”.
La demanda, tramitada a través de la Nunciatura y del Ministerio de Asuntos Exteriores y a la que ha tenido acceso elDiario.es, no pretende únicamente una reparación simbólica, sino que exige “el reconocimiento oficial de la rehabilitación histórica de la Orden del Temple”. Sus líderes también reclaman que se reconozca como “mártires” a los caballeros templarios ejecutados o perseguidos, entre ellos a su último gran maestre, Jacques de Molay, quemado vivo el 18 de marzo de 1314.
A su vez, reclaman que el Temple sea reconocido como una prelatura personal, al estilo del Opus Dei, y una audiencia privada con León XIV “para exponer los fundamentos históricos y jurídicos de esta reivindicación”.
¿Quiénes fueron los templarios?
La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, también conocida como la Orden del Temple, fue una poderosa orden militar cristiana de la Edad Media. Fundada en 1118 y aprobada oficialmente por la Iglesia católica en el Concilio de Troyes de 1129, su misión original era la de proteger a los peregrinos cristianos en su camino hacia la Tierra Santa durante las cruzadas. Pero muy pronto se transformó en un poderoso ejército, que en 1177 derrotó a las tropas de Saladino, colocando a las huestes cristianas muy cerca de la recuperación definitiva de Jerusalén. De hecho, Jacques de Molay llegó a entrar en la Ciudad Santa.
Junto a ello, los templarios se convirtieron en los principales prestamistas de los endeudados reinos cristianos: la cruzada a Tierra Santa se había convertido en una obsesión muy difícil de financiar. Esta, según la orden, fue una de las razones de su caída en desgracia.
Tal y como refleja la demanda, “el Decreto del Papa Clemente V (Bula vox in excelso) de 2 abril de 1312 por el que se ordenó supresión del Temple no fue el resultado de un procedimiento judicial con todas las garantías, sino de una ordenanza apostólica adoptada bajo la presión política del rey Felipe IV de Francia, interesado en apropiarse del patrimonio templario y liberarse de sus conocidas deudas con la Orden”.
La cacería contra los templarios ronda lo místico: de los 15.300 caballeros existentes, 650 fueron ejecutados y algunos de ellos, incluyendo a De Molay, quemados en la hoguera, frente a la catedral de Notre Dame de París, “sin que se le hubiera probado cargo alguno”, considera la demanda. “¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia! ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año!”, fue el histórico maleficio lanzado por el Gran Maestre antes de ser quemado vivo. En el plazo de un año, el papa Clemente V falleció. Meses más tarde lo hizo Felipe IV por un accidente de caza. Pero el Temple jamás fue repuesto. De hecho, sus bienes fueron incautados y traspasados a otras órdenes.
La actual Orden del Temple sostiene que esta supresión “constituyó un abuso de poder disfrazado de decisión eclesiástica, y que la memoria de los caballeros ejecutados o perseguidos merece ser restituida como mártires de la fe”.
De ahí la petición de un proceso formal de diálogo con la Santa Sede para la restauración de la congregación. “La misión actual que la OSTC declara perseguir no se limita a la reparación histórica: la Orden manifiesta su voluntad de poner su voz institucional al servicio de la paz y de las víctimas civiles de los conflictos armados actuales, con especial mención a la población de Palestina”, señala en su comunicado.
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