Qué son los bosques verticales, dónde se han instalado los más famosos y qué beneficios medioambientales generan

Además de purificar el aire, la presencia masiva de vegetación favorece la creación de microclimas locales que reducen el consumo energético urbano

Alberto Gómez

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Los bosques verticales surgen como una respuesta innovadora ante el grave desequilibrio ecológico que asfixia a las urbes contemporáneas, donde las estructuras convencionales dominan el paisaje urbano. Esta revolucionaria propuesta arquitectónica, introducida por primera vez de la mano del diseñador italiano Stefano Boeri, representa una profunda fusión entre la naturaleza viva y la edificación de alta densidad. Al integrar de manera directa elementos forestales en las estructuras de los rascacielos, se mitigan los efectos nocivos del crecimiento de las ciudades, abriendo paso a un urbanismo mucho más sostenible.

Técnicamente, un bosque vertical consiste en un rascacielos cubierto enteramente por vegetación, incluyendo árboles, plantas trepadoras, arbustos y flores silvestres que crecen integrados en la estructura misma del edificio. A diferencia de las fachadas de vidrio tradicionales, que reflejan el calor solar hacia las calles y aumentan la temperatura del suelo, estas edificaciones utilizan la flora como una envoltura protectora. El crecimiento de las raíces y la estabilidad de las especies vegetales están asegurados mediante cimientos y materiales especialmente protegidos contra la erosión natural. Además, el mantenimiento de este complejo ecosistema se realiza de forma automatizada mediante riego artificial y personal especializado.

El ejemplo más emblemático y pionero de este movimiento se encuentra en Milán, Italia, donde se erigió el complejo residencial conocido como Il Bosco Verticale en el barrio Isola. Diseñado por el estudio de Boeri y finalizado en 2014, consta de dos imponentes torres de 110 y 76 metros de altura, respectivamente. Esta impresionante obra alberga un total de 800 árboles de entre tres y nueve metros de altura, junto a once mil plantas y cinco mil arbustos que visten las fachadas de las viviendas. En conjunto, la vegetación de este primer pulmón metropolitano equivale a una hectárea completa de bosque natural, convirtiendo al edificio residencial en un enclave turístico y un referente mundial.

Estos rascacielos están cubiertos enteramente por vegetación, incluyendo árboles, plantas trepadoras, arbustos y flores silvestres que crecen integrados en la estructura misma del edificio

La expansión global de esta tendencia de la arquitectura ha llevado a la construcción de las extraordinarias Nanjing Green Towers en la ciudad de Nanjing, marcando el nacimiento del primer bosque vertical en Asia. Este monumental proyecto ecológico, también diseñado por Stefano Boeri, se compone de dos grandes torres con alturas de 200 metros y 108 metros, respectivamente. En sus amplios balcones se han plantado más de mil árboles de 23 variedades autóctonas diferentes, acompañados de miles de arbustos y plantas trepadoras que reducen la polución circundante. Se estima que estas estructuras vivas son capaces de absorber cerca de 25 toneladas de dióxido de carbono anuales, mientras liberan sesenta kilogramos diarios de oxígeno.

Además de otros ejemplos reseñables, como Madrid, Bogotá, Barcelona, Montevideo, Singapur o París, Suiza se ha sumado a este grupo de bosques de vanguardia con el proyecto Les Terrasses des Cèdres, ubicado en la ciudad de Lausana. Esta espectacular edificación, que alcanza una altura de 117 metros, cuenta con una impresionante plantación de más de cien cedros de cuatro variedades distintas, complementados con seis mil arbustos y unas 18 mil plantas individuales.

Estas terrazas vegetales no solo embellecen el paisaje de la ciudad, sino que demuestran la viabilidad técnica de cultivar grandes especies de árboles a gran altura en condiciones climáticas europeas. Entre los múltiples beneficios medioambientales que generan los bosques verticales, la purificación de la atmósfera urbana es, sin lugar a dudas, uno de los aportes más significativos y urgentes. La vegetación actúa como un gigantesco filtro natural capaz de capturar las partículas microscópicas de polvo en suspensión y otros contaminantes dañinos presentes en el aire.

Humedad y frescor

Estas estructuras pueden absorber hasta 30 toneladas de dióxido de carbono al año y producir unas 19 toneladas de oxígeno puro. Al generar oxígeno y convertir los gases de efecto invernadero, estas moles de hormigón verde se transforman en pulmones urbanos activos que limpian el entorno para los ciudadanos. Además de purificar el aire, la presencia masiva de vegetación en los rascacielos favorece la creación de microclimas locales que regulan térmicamente el entorno y reducen el consumo energético urbano. Las hojas de las plantas bloquean la radiación solar directa, actuando como un filtro térmico que disminuye notablemente la temperatura en el interior de los apartamentos y mitiga la necesidad de aire acondicionado.

Al mismo tiempo, los árboles y arbustos funcionan como barreras acústicas altamente eficientes que absorben el ruido de las calles, mitigando de esta manera la constante contaminación sonora de las metrópolis. Esta combinación de humedad y frescor vegetal hace que las zonas altamente densificadas sean más habitables. Para finalizar, los bosques verticales devuelven la biodiversidad perdida a las áreas metropolitanas al actuar como hábitats naturales para decenas de especies de aves, insectos y pequeños animales polinizadores. Las aves encuentran en las ramas de estos edificios un refugio seguro para anidar, integrándose activamente a un ecosistema vivo que crece lejos del suelo.

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