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El futuro es de quienes son capaces de convivir

OPINIÓN JAVIER MARRERO.

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Qué bien ha sabido aprovechar la derecha y la ultraderecha las banderas, las gorras y los pitos del Mundial. Ese Mundial que ganó España y cuya selección, a lo largo de su historia, también ha contado con numerosos futbolistas nacidos fuera de España.

Una selección que hoy combina jugadores nacidos en otros países con hijos de familias migrantes. Lamine Yamal, Nico Williams y tantos otros también son España.

Y qué consignas tan “acertadas”, las mismas que hemos escuchado repetidamente en movilizaciones de la derecha extrema y la extrema derecha, sobre todo en la calle Ferraz. Consignas que, además de rimar bien, transmiten un odio que, en el fragor de las masas, pueden terminar convirtiéndose en violencia.

No hace falta pensar, ya piensan los bots en las redes, algunos medios, determinados discursos religiosos, ciertos patrones en los centros de trabajo y algunos alcaldes de corte señorito y caciquil.

Pero ayer también aprendimos algo importante, en esas manifestaciones, al menos por lo que pudimos ver, la presencia juvenil no parecía mayoritaria. La juventud estaba también en otros espacios, quizá minoritarios, donde quienes acudieron lo hicieron por voluntad propia y con el deseo de expresar otros valores.

Y eso me hace pensar que el camino para defender la democracia y frenar este intento de normalizar aquello de “el que pueda hacer que haga” no está perdido.

La fuerza está en las personas, en los valores y especialmente en una juventud que no está dispuesta a aceptar que el odio sea el precio de sentirse española.

Muchas personas acudieron ayer con buena voluntad, influenciadas por determinados medios de comunicación y con la intención legítima de apoyar a Ceuta.

Y claro que hay que apoyar a Ceuta, la apoyamos todas y todos, nadie ha dicho “jódete, Ceuta”.

Pero algunas de esas personas se encontraron con otro panorama, una celebración del Mundial, cánticos, insultos y consignas que poco tenían que ver con una preocupación real por quienes viven en Ceuta.

Y quizá más de uno se fue pensando:

“Yo así, NO. Yo no soy ese español. Yo no soy ese… Españó, españó… lo, lo, lo, looooo”.

La derecha ha metido un buen gol, lo ha hecho aprovechándose del sufrimiento, de la incertidumbre y de las dificultades que viven muchas personas en Ceuta, sean nacidas allí o procedan de otros lugares.

Pero que no se confundan porque no han ganado el Mundial.

El Mundial lo ganó una selección formada por personas nacidas en España y por personas de procedencias diversas. Hijos de familias migrantes, gente que representa una España mucho más plural de la que algunos quieren vender.

Y ahí está la verdadera fuerza, en quienes viven, trabajan, estudian en España y construyen cada día una sociedad, procedan de donde procedan.

Esa juventud será la que, más pronto que tarde, les meta los goles, porque España no es el odio.

España es diversidad, convivencia y solidaridad y esos son los valores que hay que defender.

El futuro no pertenece a quienes gritan más fuerte, el futuro es de quienes son capaces de convivir.

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