La pisa de la uva de esta ciudad andaluza se celebra desde 1948 y fue calificada como Fiesta de interés turístico internacional
La tradicional pisa de la uva en Jerez de la Frontera marca cada año y de manera oficial el inicio de las célebres Fiestas de la Vendimia, un acontecimiento que sumerge a esta ciudad andaluza en un ambiente de celebración y cultura. Este singular festejo, que atrae cada año a multitud de vecinos y visitantes, es el gran reflejo de la estrecha unión de este territorio con el sector del vino. Durante estas semanas, las calles y plazas de la localidad se convierten en un escenario donde se rinde un sincero homenaje a los viticultores locales, cuyo esfuerzo diario hace posible el nacimiento del mosto y la continuidad de una identidad cultural que define al Marco de Jerez.
Los orígenes de esta emblemática festividad jerezana se remontan al año de 1948, cuando se organizó una gran celebración para conmemorar el nacimiento del nuevo vino. Gracias a su inmenso valor cultural y su indudable atractivo, el evento fue catalogado como Fiesta de Interés Turístico Internacional. Esta distinción exalta la riqueza del patrimonio enológico de la provincia y consolida su posición a nivel mundial. Así, la fiesta no solo evoca el glorioso pasado económico e industrial de la comarca, sino que abre una ventana al turismo internacional para dar a conocer las centenarias tradiciones de la viticultura andaluza.
El escenario por excelencia de esta conmovedora ceremonia es el reducto de la catedral de Jerez, donde se instala un lagar tradicional de madera ante la fachada principal del templo. Este magnífico e histórico entorno realza el simbolismo de la pisa que, tras algunos años de celebrarse en plazas como la de la Asunción o la Alameda Vieja, regresó a su ubicación original. La estampa del monumento sagrado, los canastos de uva y la madera del lagar resumen la historia viva de Jerez y su indisoluble vínculo con las viñas, creando una atmósfera mágica bajo el sol de septiembre donde el aroma a mosto fresco empieza a impregnar el aire del centro de la ciudad.
Durante la representación, un grupo de personas vestidas de vendimiadores es el encargado de transportar con gran cuidado los cestos repletos de uvas de primera cosecha hasta el lagar. Una vez que llegan ante la antigua estructura, una cuadrilla profesional de cuatro pisadores, ataviados con sus trajes de faena tradicionales, se encarga de recibir el fruto de la vid. Con destreza y siguiendo las pautas del ritual, vuelcan los canastos sobre la superficie para dar inicio a la tarea del pisado. Este laborioso proceso permite que los asistentes conozcan de primera mano el modo tradicional en que se hacía el vino en el pasado, preservando las técnicas de la enología más ancestral.
El momento cumbre de la ceremonia acontece cuando, tras el constante pisar, los primeros litros de mosto comienzan a fluir a través de un conducto hasta depositarse en un recipiente de gran tamaño. Este nacimiento del nuevo vino es recibido con gran júbilo por el público, mientras la banda municipal de música aporta el toque sonoro interpretando obras clásicas y los acordes de pasodobles tradicionales. Las campanas de la catedral repican con fuerza y se liberan cientos de palomas al viento, anunciando el inicio de una nueva etapa en la elaboración del vino y celebrando con alegría la culminación de un ciclo agrícola que llena de orgullo a toda la población de la provincia.
Pisar la uva para transformarla en vino tiene secretos técnicos transmitidos de generación en generación. Para optimizar el rendimiento de la fruta, la pisa se realiza siguiendo una dirección precisa que va desde el centro del lagar hacia los extremos. Este movimiento constante ejerce una presión que facilita el contacto del mosto con las levaduras para su fermentación. En la antigüedad, la pisa tradicional se llevaba a cabo con los pies descalzos, un método imprescindible para evitar que las pepitas de la uva se rompieran en el proceso y aportaran sabores amargos al mosto, aunque hoy en día se ha generalizado el uso de botas de goma para mantener una cierta higiene.
Innumerables actividades
La pisa de la uva es solo la puerta de entrada a un extenso e interesante programa de actividades culturales que se prolonga a lo largo de varias semanas de septiembre. Durante estos días festivos, se celebran conciertos, espectáculos de flamenco, exposiciones artísticas y las tradicionales catas. Asimismo, las visitas guiadas a bodegas de gran renombre histórico permiten conocer el proceso de crianza bajo el sistema de criaderas y solera y degustar las diversas tipologías de vino que amparan las denominaciones de origen del prestigioso Marco de Jerez.
De este modo, la pisa de la uva constituye un ritual repleto de simbología, un merecido tributo a la labor de los viticultores y capataces de las viñas que han cuidado las cepas durante todo el año anterior. En esta zona de Andalucía, el cultivo de la vid representa una forma de vivir y un legado cultural único que ha sabido adaptarse a los tiempos modernos. El mosto resultante de este ritual sagrado dará inicio a un hermoso proceso de crianza biológica y oxidativa. Cada copa de jerez que se brinda durante estos días encierra siglos de historia, el aliento de los trabajadores y la esencia misma de una tierra bendecida por el sol y los vientos del sur.
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