Del filodendro al helecho: seis plantas que agradecen la llegada del otoño y que puedes incorporar ya a tu casa

El final del verano puede suponer un alivio para los ejemplares situados en estancias muy calurosas.

Diego Olivares

4 de septiembre de 2026 22:45 h

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Hay plantas que pasan el verano sobreviviendo más que viviendo. Semanas de sol intenso, temperaturas elevadas y un sustrato que se seca casi antes de terminar de regar no son precisamente las condiciones favoritas de todas las especies que tenemos en casa, en el balcón o en el jardín. Algunas especies recuperan ahora el vigor perdido durante los meses más calurosos; otras comienzan a florecer precisamente cuando los días se acortan y unas cuantas encuentran en otoño uno de los mejores momentos para incorporarlas a casa.

Porque septiembre y octubre no son meses para limitarse a recoger hojas y esperar a la primavera. También pueden ser un magnífico momento para plantar. Estas siete especies son una buena demostración de ello.

Philodendron

Los filodendros llevan años conquistando interiores y no es difícil entender por qué. Hay especies de hojas enormes, pequeñas, profundamente divididas o trepadoras, pero muchas comparten algo: su origen tropical y su preferencia por temperaturas relativamente estables, buena luminosidad y ausencia de extremos.

Los filodendros agradecen el final de las temperaturas extremas.

El final del verano puede suponer un alivio, especialmente para los ejemplares situados en estancias muy calurosas o cerca de ventanas donde durante julio y agosto han recibido demasiada radiación. El otoño ofrece todavía buenas horas de luz pero unas temperaturas generalmente más moderadas.

Eso sí, a medida que los días se acorten, su crecimiento también tenderá a ralentizarse. Y aquí aparece uno de los errores clásicos del otoño: seguir regando como si todavía estuviéramos en agosto. Para hacerlo bien, conviene dejar secar parcialmente el sustrato y adaptar la frecuencia de riego a la velocidad real con la que la planta consume agua.

Pachira

La Pachira aquatica es otro de esos ejemplares que parecen haberse convertido en habitantes permanentes de salones y oficinas llenas de plantas. Su tronco muchas veces viene trenzado del vivero (es algo puramente ornamental), y sus grandes hojas en forma de palma le permiten aportar bastante presencia sin ser necesariamente en una planta complicada.

Antes de volver a regar conviene comprobar que el sustrato haya perdido buena parte de su humedad.

Con la llegada del otoño, agradece temperaturas interiores más moderadas, pero también nos obliga a modificar nuestros hábitos. Aunque su nombre específico, aquatica, pueda despistar, una pachira cultivada en maceta no necesita permanecer constantemente húmeda. De hecho, el exceso de agua es uno de sus enemigos habituales. Esos troncos llenos de agua son una pista de que puede apañárselas bastante bien frente a los despistes con el riego.

Al mismo tiempo, cuando disminuyen las temperaturas y las horas de luz, el sustrato tarda más en secarse y las necesidades de la planta también se reducen. Como buena planta tropical, antes de volver a regar conviene comprobar que el sustrato haya perdido buena parte de su humedad. Esa es la clave (y mucha luz) para regar bien una Pachira.

Helechos

Quien haya intentado mantener impecable un helecho durante un verano seco y caluroso probablemente habrá terminado agosto mirando alguna punta marrón con resignación. No es extraño. Muchas de las especies que cultivamos habitualmente como ornamentales prefieren temperaturas moderadas, cierta humedad ambiental y ausencia de sol directo intenso. Justamente lo contrario de lo que puede ofrecer una terraza mediterránea en julio.

Los helechos necesitan buena iluminación sin un sol fuerte.

Con temperaturas más suaves y una menor evaporación, especies tan habituales como Nephrolepis exaltata encuentran mejores condiciones para producir nuevas hojas. Las que estén completamente secas pueden eliminarse desde la base, pero un ejemplar algo castigado después del verano no tiene por qué darse por perdido.

Necesitan buena iluminación sin un sol fuerte, un sustrato que conserve cierta humedad sin permanecer encharcado y un ambiente que no sea excesivamente seco.

Muhlenbergia

Yendo al exterior, hay plantas que simplemente están bien durante el otoño y otras que esperan prácticamente todo el año para llegar hasta él. La Muhlenbergia capillaris pertenece al segundo grupo.

Durante buena parte de la temporada forma una mata de hojas finas que puede pasar relativamente desapercibida, pero entre finales del verano y el otoño aparecen por encima del follaje multitud de inflorescencias extremadamente ligeras que, vistas a cierta distancia, forman una especie de nube rosada alrededor de la planta.

La Muhlenbergia capillaris necesita bastante sol para desarrollarse y florecer correctamente.

Es precisamente ese efecto el que la ha convertido en una gramínea ornamental cada vez más utilizada en paisajismo. Funciona especialmente bien plantada en grupos con plantas de textura más gruesa, aunque también puede cultivarse en una maceta en una terraza soleada.

Necesita bastante sol para desarrollarse y florecer correctamente y, una vez establecida, presenta una buena tolerancia a periodos de sequía. Tampoco requiere que eliminemos inmediatamente las flores cuando empiezan a secarse. Las inflorescencias pueden conservar interés durante semanas y aportar movimiento cuando el viento atraviesa la planta.

Crisantemo

Durante unas semanas al año los crisantemos (Chrysanthemum spp.) aparecen por todas partes y después parecen desaparecer del mapa. Su enorme vinculación con el Día de Todos los Santos ha hecho que en España los veamos casi exclusivamente como una flor asociada a una fecha concreta, cuando en realidad estamos ante una planta con un especial protagonismo en el otoño.

Durante la floración del crisantemo conviene mantener un riego relativamente regular.

Como es el caso del Crisantemo, muchas variedades responden al acortamiento de los días iniciando la formación de botones florales, de manera que comienzan a mostrar todo su potencial cuando otras plantas empiezan a retirarse.

Agradecen lugares con mucho sol y durante la floración conviene mantener un riego relativamente regular. Una vez desaparezcan las flores no hay que asumir automáticamente que la planta ha terminado su vida. Muchos crisantemos son perennes con lo que una poda después de la floración y unos cuidados adecuados permiten conservarlos para la temporada siguiente.

Heuchera

No todas las plantas necesitan florecer para anunciar que ha cambiado la estación. Las Heuchera juegan con otra herramienta para darle color al jardín: el follaje. Existen variedades verdes, cobrizas, rojizas, púrpuras e incluso casi negras.

El descenso de las temperaturas también les beneficia.

Es una planta muy resistente a la sequía aunque el descenso de las temperaturas también les beneficia, especialmente en zonas donde el verano ha sido intenso. En climas cálidos funcionan mejor en posiciones luminosas protegidas del sol fuerte de las horas centrales y sobre suelos ricos, aireados y con buen drenaje.

El otoño es además un buen momento para combinarlas con otras especies. Por ejemplo, mientras unas aportan flores, la heuchera puede encargarse de dar volumen, contraste y continuidad a la composición. Una sola variedad en una maceta funciona, pero mezclada con plantas de distintas alturas y texturas resulta bastante más interesante.

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