La planta que lo resiste todo en verano también necesita cuidados: guía para mantener perfectos tus cactus todo el año
Todo el mundo sabe que los cactus son probablemente el grupo de plantas ideal para los más despistados o mataplantas. O quizás no… Es verdad que se trata de las plantas que mejor preparadas están para las adversidades, entre ellas los calores extremos del verano. Pero de ahí a pensar que un cactus puede vivir eternamente sobre una estantería, sin apenas luz, sin agua durante meses y después salir directamente a una terraza a 40 ºC hay bastante distancia.
La resistencia no significa invulnerabilidad. Y entender esto es probablemente el primer paso para cultivar bien un cactus. Te enseñamos las principales claves para triunfar con los cactus y que no se te mueran.
Mucha luz, poca agua y un sustrato que no se encharque
La mayoría de los cactus están adaptados a ambientes donde las precipitaciones son escasas e irregulares, las temperaturas pueden ser elevadas y disponer de agua es casi un lujo. Sus tallos carnosos funcionan como auténticas reservas y sus características espinas son, en realidad, hojas modificadas que, entre otras funciones, permiten reducir enormemente la superficie por la que perderían agua.
Aunque existen excepciones, la mayoría de los cactus que cultivamos habitualmente necesitan mucha luz. Si están en interior, conviene reservarles uno de los lugares más luminosos de la casa, preferiblemente cerca de una ventana.
Cuando reciben menos luz de la que necesitan aparece uno de los problemas más característicos: la etiolación. El cactus continúa creciendo, pero lo hace de manera anormal, desarrollando zonas más estrechas, alargadas y débiles mientras intenta buscar una fuente de luz. Y aquí hay una mala noticia: ese crecimiento deformado no vuelve después a recuperar su forma original.
Ahora bien, necesitar sol no significa que podamos coger un cactus que lleva seis meses en el salón y colocarlo de repente bajo el sol de agosto. También pueden sufrir quemaduras solares. Si queremos trasladarlo al exterior, tendremos que acostumbrarlo progresivamente durante varios días o semanas, aumentando poco a poco las horas de exposición.
Con el agua sucede algo parecido. Sabemos que los cactus necesitan poca y muchas veces traducimos ese “poca” por “un chorrito de vez en cuando”. No es la mejor estrategia.
Cuando toque regar, conviene hacerlo bien, mojando todo el sustrato y dejando posteriormente que pierda la humedad antes del siguiente riego. El objetivo no es mantener las raíces permanentemente húmedas, sino reproducir de alguna manera ese patrón de agua disponible seguido de periodos secos al que muchas especies están adaptadas, como si de una lluvia en el desierto se tratara.
Para conseguirlo necesitamos la tercera pieza del puzle: un sustrato muy drenante y una maceta con orificios de salida. Una mezcla con una proporción importante de materiales minerales, como arena gruesa, grava volcánica, piedra pómez o perlita, ayuda a que el agua atraviese rápidamente el sustrato y las raíces permanezcan correctamente aireadas.
Los cuidados cambian con las estaciones
Uno de los errores más habituales consiste en cuidar un cactus exactamente igual en enero que en julio. Aunque tengamos la planta dentro de casa, sus necesidades cambian a lo largo del año.
- Primavera: empieza la actividad
Con el aumento de las temperaturas y de las horas de luz, muchos cactus comienzan su periodo de crecimiento. Es un buen momento para retomar progresivamente los riegos, ya que en general en invierno dejamos de regarlos casi por completo.
También es la época adecuada para trasplantar aquellos ejemplares que realmente lo necesiten: porque las raíces han ocupado la maceta, porque el sustrato está muy degradado o porque hemos cometido el clásico error de cultivarlos en un recipiente bonito pero sin drenaje.
Durante esta etapa podemos empezar además con una fertilización moderada, utilizando un abono adecuado para cactus y evitando excesos de nitrógeno. Un cactus no necesita crecer deprisa; necesita crecer correctamente.
- Verano: resistentes al calor, pero no indestructibles
Aquí llega su momento estrella. Con suficiente luz y temperaturas cálidas, muchas especies se encuentran en plena actividad y pueden necesitar riegos más frecuentes que durante el resto del año. A la hora de regar hay una máxima que no falla: si el sustrato continúa húmedo, no regamos y si está completamente seco y la planta está creciendo activamente, podemos volver a hacerlo.
En zonas con veranos muy intensos también conviene vigilar las horas centrales del día. Algunas especies toleran perfectamente el pleno sol, mientras que otras pueden agradecer cierta protección frente al sol más duro de la tarde, especialmente cuando están cultivadas en maceta. Una maceta pequeña puede alcanzar temperaturas muy elevadas y las raíces, a diferencia de la parte aérea, no están diseñadas para vivir dentro de un horno.
- Otoño: toca levantar el pie
Cuando disminuyen las horas de luz y bajan las temperaturas, el crecimiento empieza a ralentizarse. Es el momento de espaciar progresivamente los riegos y suspender el abonado.
Si nuestros cactus están en exterior, también tendremos que empezar a conocer la resistencia concreta de cada especie. No todos soportan las mismas temperaturas. De hecho, algunos cactus de zonas desérticas toleran temperaturas sorprendentemente bajas siempre que permanezcan secos, mientras que otros, especialmente determinadas especies tropicales, son mucho más sensibles al frío. Por eso, más que aplicar una regla para todos, interesa saber al menos qué cactus tenemos delante.
- Invierno: descansar también es un cuidado
Durante los meses fríos muchos cactus reducen enormemente su actividad. Si además están en exterior o en una estancia fresca, sus necesidades de agua pueden llegar a ser mínimas. Y aquí aparece una de las causas clásicas de muerte de cactus en el invierno: seguir regando con la frecuencia del verano.
Frío, poca actividad y sustrato constantemente húmedo forman una combinación peligrosa. Las raíces consumen menos agua, el sustrato tarda mucho más en secarse y aumenta considerablemente el riesgo de pudrición. En estas condiciones, muchos cactus pueden permanecer largos periodos prácticamente secos. Si están dentro de una vivienda cálida, la situación cambia y habrá que observarlos, pero incluso entonces los riegos deberían ser mucho más espaciados que durante la época de crecimiento.
Así que durante el verano podemos marcharnos unos días bastante tranquilos. Probablemente, nuestro cactus sea una de las plantas de casa que menos echará de menos nuestra regadera. Pero cuando volvamos, tampoco hace falta compensarle la ausencia con un buen remojón. Con los cactus, como ocurre con tantas otras plantas, cuidar mejor casi nunca significa hacer más cosas. Significa observar mejor y hacerlas cuando toca.
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