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Milei niega la asfixia de la deuda y culpa de los malos datos económicos a “la pasión por asesinar niños” de las feministas

Mercedes López San Miguel

Buenos Aires —
21 de agosto de 2026 09:07 h

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Aunque Javier Milei niegue los 20 millones de endeudados y el cierre de más de 30.000 empresas, miles de argentinos marcharon en las inmediaciones del Ministerio de Economía, en el centro de la ciudad de Buenos Aires este jueves. Mientras ocurría la protesta, el presidente ultraderechista defendía su programa económico en el Council of the Americas e incluía, entre sus ofensas, una más al movimiento feminista —que acompañó la marcha— y a la legalización del aborto: “Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”.

“Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, votó a Milei”, cantó un grupo de mujeres que formaba parte de una columna rumbo a Plaza de Mayo, que se identificó como trabajadoras judiciales y feministas. Ana Clara Frosio, de 39 años, dijo estar endeudada, y destacó que no es un problema personal, sino colectivo. “Todas estamos usando la tarjeta de crédito para cubrir gastos que antes cubríamos con nuestro salario. En mi caso, no pude pagar el alquiler y ya no vivo sola. Si estamos acá en la calle haciéndolo visible es para exigirle al Estado que se haga cargo de este problema, que no es un problema ‘entre privados’ como dice Milei”.

Las centrales sindicales como la CGT y las dos CTA marcharon y presentaron una petición al ministro de Economía, Luis Caputo, reclamando medidas frente al aumento de la morosidad. Son 5,8 millones de personas las que están en mora por más de 90 días. Pidieron respuestas ante un plan económico que ahoga a trabajadores del sistema formal e informal hasta alcanzar cuentas impagables para comprar comida o pagar el transporte diario.

Mientras, a poca distancia geográfica, desde el Hotel Alvear, Milei hablaba en el Council of the Americas y afirmaba que “el desempleo no aumentó, tampoco cayeron los salarios”. Y cuestionaba “la ignorancia y la mala intención de medios y economistas”.

Pero la deuda alcanzó no sólo a trabajadores independientes, también a empleados formales, sindicalizados o cuentapropistas. Según el Banco Central de Argentina, la tasa de incumplimiento de los préstamos concedidos a las familias llegó al 12,8% en junio de 2026, frente al 2,5% registrado en octubre de 2024.

Los sindicatos reclaman que el Banco Central cumpla con su rol de regulador de los niveles de tasa de interés aplicable a préstamos bancarios, las aplicaciones financieras y billeteras virtuales. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la morosidad en esas dos últimas opciones alcanzó el 29,6 por ciento, un número que superó los registros de la pandemia de covid.

“Hasta que llegó Milei, mis cuentas estaban al día”, contó Oscar Clotet, trabajador de la construcción. “Tengo una tarjeta de un mercado de alimentos muy conocido, Carrefour, que te financia para que puedas comprar. Ahora solo puedo pagar el mínimo y ya debo un millón de pesos (660 dólares). Antes gastaba 200 mil (133 dólares) y ahora cada vez debo más, porque el interés es del 100 %. La luz aumentó, el gas también, el boleto de transporte. El gobierno dice que no hay inflación; es mentira. Todo cada vez está más caro. Y el sueldo aumenta el 1% cada dos meses”.

De fondo, se encuentra la consecuencia de la política económica de casi tres años de motosierra al gasto público, desregulación y aumentos de tarifas de servicios públicos, advirtieron las organizaciones sindicales y sociales. “Cuando una familia deja de poder pagar una tarjeta de crédito o un préstamo, deja de consumir. Cuando una empresa no puede financiar su capital de trabajo, reduce su actividad. Y cuando cae el consumo y cae la producción, también se resiente el empleo”, sostiene la petición.

Milei entiende que su gobierno no tiene que interceder porque “es pasarle la cuenta a todos los demás”. “Si yo me meto entre los privados, le voy a tener que tocar el bolsillo a otro, y eso me parece que está mal”, dijo hace varias semanas. Sin embargo, no dijo nada sobre el ahogo a las empresas y el impacto que eso tiene en el empleo.

Un informe del centro de pensamiento Fundar, con datos hasta mayo, señala que “desde que asumió Milei se perdieron 30.633 empresas, un 6% del total. Es la peor caída en los primeros 30 meses de un gobierno”. Para el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el sector más afectado es el comercio, con una pérdida de 8.408 negocios; seguido por transportes y almacenamiento (6,733); servicios inmobiliarios (4.098) y manufactura (4.020).

El nuevo sector de la economía, que son los trabajadores repartidores de las aplicaciones, que están en la informalidad, es el eslabón más débil de la cadena. Belén D´Ambrosio, repartidora, dijo que pelea el reconocimiento de un sindicato que los nuclea (SITRAREPA) que aún no es reconocido por el Ministerio de Trabajo. “Las plataformas niegan nuestra condición de trabajadores, no cubren accidentes ni gastos y la nueva reforma laboral profundizó la precarización y el endeudamiento. Trabajamos a destajo, con 70 horas de trabajo semanal. Y muchos de mis compañeros se han endeudado con la empresa en la que trabajan”.

Milei en el Alvear destacó como éxito que su gobierno lograra disminuir la inflación —del 211% interanual en 2023 al 33,8% actual, pero no recordó que fue después de una megadevaluación--. Además, el indicador dejó de caer al ritmo que esperaba su equipo económico. En julio, el Índice de Precios al Consumidor aumentó 2,1% y acumuló un 19,3% durante los primeros 7 meses de 2026.

Como en una realidad paralela, el mandatario ultra esquivó las fallas de un modelo económico que afecta la vida cotidiana de millones para referirse al descenso de la tasa de natalidad y, sin ningún sustento, culpar a la legalización del aborto. La tendencia a la baja de la natalidad se registra desde 2014 según la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, es decir, seis años antes de la sanción de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

El presidente declaró frente a los empresarios: “Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes (…) Esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento, y ni les cuento en términos de sistema previsional”. Sin embargo, pese a los embates, la sociedad no parece sintonizar con la idea de retroceder en políticas de género.

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