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CRÓNICA

El último cuarto de Pedro Sánchez

Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, clausura el XXI Congreso Nacional del Instituto de Empresa Familiar en Valencia, en 2018.
4 de octubre de 2026 22:11 h

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Fuera de la cancha, la grada y el banquillo rugen. Dentro, la presión es insoportable. Las calles de más de 50 ciudades españolas se llenaron este fin de semana de manifestantes que exigían alquileres accesibles y elevaron la temperatura social hasta niveles críticos. Mientras, los distintos partidos esperaban impacientes la decisión de Pedro Sánchez sobre si apretará el botón electoral, después de que el Congreso —con los votos de PP, Vox y Junts— tumbaran el pasado viernes los decretos de vivienda. Pero, en La Moncloa, pese a la creatividad de algunas crónicas, no hubo gabinete de crisis ni tampoco reuniones de urgencia.

El presidente del Gobierno es más de escuchar que de convocar y lo que sí hizo fueron decenas de llamadas durante todo el fin de semana para pedir opiniones y analizar pros y contras: a sus ministros, a algunos barones del PSOE, a los asesores más cercanos… “Solo cuatro personas, ni una más ni una menos, incluyéndole a él” están al tanto de la decisión final. Ninguna suelta prenda, pero el latido del Gobierno y del PSOE suena a elecciones anticipadas.

Y es que con la crisis de Ceuta abierta en canal, el presidente ya acariciaba la posibilidad de un adelanto técnico para llamar a las urnas en febrero/marzo, después de llevar al Congreso los Presupuestos Generales del Estado para 2027 y que previsiblemente le fueran tumbados por falta de apoyos. Ahora, con la derrota parlamentaria de los decretos de vivienda tras la “traición” de Junts, “no tiene sentido acumular más desgaste”, aseguran fuentes gubernamentales. “La crisis migratoria de la ciudad autónoma ya ha sido una prórroga que no hemos podido aprovechar por la deslealtad de las autoridades locales y, ahora, ya estamos en el último cuarto del partido y toca jugársela a un triple”.

Gran parte de los dirigentes del PSOE y de los ministros socialistas creen que la mejor opción es ir a las elecciones cuando antes y aprovechar la indignación social por la vivienda, que el Gobierno cree que podrá capitalizar, “después de que hayan sido las derechas las responsables de que no se aprobaran los decretos”.

“La sociedad de hoy se calienta rápido y se enfría igual de rápido. Por eso hay que ir a elecciones ya, porque en ese corto proceso se terminará de calentar el plato y no dará tiempo a que se enfríe”, asegura un ministro del PSOE. No ha sido el único que, aunque con distintas palabras, así se lo ha trasladado a Sánchez para aconsejarle un anticipo cuando les ha consultado por teléfono en los últimos tres días.

Como es habitual, Sánchez escucha, procesa y, luego, decide en soledad que, en su caso, no es ausencia, sino método en un momento en el que las manifestaciones en protesta por los precios de los alquileres y los desahucios se han convertido en un acicate para el adelanto en quien siempre dijo que las legislaturas duran cuatro años y que pensaba agotar el mandato.

Ahora, con la decisión tomada y no compartida más que con cuatro personas, el presidente también ha pedido informes jurídicos para conocer si se pueden aprobar en Consejo de Ministros los dos decretos de vivienda, después de haber sido tumbados en el Congreso, y luego ser convalidados en la Diputación Permanente, órgano que sustituye al pleno en periodo entre sesiones. Allí, no necesetaría los votos de Junts. El sí (PSOE, Sumar, ERC, EH Bildu, PNV y Podemos) superaría al no (PP, Vox y Junts) por 35 votos a 34. De este modo, el PSOE entraría en la campaña con las medidas en vigor y sin desahucios.

La estrategia pasaría por usar el marco de la vivienda frente a una alianza PP-Vox al que los socialistas dibujan como “una coalición insensible a las necesidades sociales y complaciente con especuladores y rentistas”. La incógnita es si la movilización de estos días aguantará 54 días hasta el 29 de noviembre —primera fecha posible— y servirá para movilizar a la izquierda hasta las elecciones o acabará diluyéndose con el paso de los días. O si la animadversión a Sánchez que ha logrado inocular en gran parte de la sociedad el PP con una campaña de deshumanización como no se recuerda en democracia, pesará más en las urnas que el miedo a un gobierno de coalición con la ultraderecha de Vox, que es el que inexorablemente tendría que conformar Alberto Núñez Feijóo.

En el deporte —y este es un símil al que en estos días recurren mucho los socialistas por la condición de exjugador de basket de Sánchez—, cuando el público aprieta y el rival te arrastra a su ritmo, es fácil perder el balón. Ahora el presidente está en el último cuarto del partido, tiene la bola en su poder y se dispone a marcarse un triple con un anticipo electoral con el que anhela reeditar la jugada de 2023. Pero, tras 8 años de gobierno, varios casos de corrupción, la crisis de Ceuta aun sin resolver y una ultraderecha imparable, la coyuntura no es la misma, salvo porque la oposición y buena parte de su partido le piden igualmente a gritos que lance ya el balón. 

En estas últimas horas agota el tiempo muerto entre los pocos que le sugieren que ejecute una jugada larga que asegure una última prórroga y los que mayoritariamente le piden que se la juegue a un último triple sobre la bocina. Quienes le conocen bien dicen que sabe que los segundos decisivos de un partido se juegan más con la cabeza que con las piernas. Y en este en el que se decide si elecciones ya o en febrero, el balón quema, el clamor de la grada es ensordecedor, quien tiene la bola decide en una absoluta soledad táctica pensando, probablemente, que está en el último cuarto del partido, en los minutos finales y que esta será su última ocasión para marcar un triple o que el balón ni siquiera roce el aro.

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