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La última mañana del campamento de El Trampolín
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Ceuta

La última mañana del campamento de El Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”

Migrantes son desalojados de la playa del Trampolín en Ceuta tras habilitarse un espacio para su acogida este jueves.

Andrés Illescas

Ceuta —
20 de agosto de 2026 21:21 h

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Pasan unos minutos de las siete de la mañana cuando comienza un éxodo de miles de personas. Alrededor de 4.000 migrantes, entre los de origen magrebí y de países del África Subsahariana, reciben la orden de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional de dejar la Playa del Trampolín. En ese pedacito de litoral próximo a las instalaciones del CETI se levantaba hasta la fecha un campamento improvisado en el que se han alojado desde su entrada a España entre el pasado 30 y 31 de julio. El miedo y la incertidumbre se hace patente al abandonarlo.

“No sabemos qué va a ser de nosotros ni dónde nos llevan”, grita nervioso Ahmed, uno de los últimos en irse poco antes de las diez. Algunos abandonan hasta las chanclas por la acera que está frente al arenero. Allí quedan las construcciones en caña, madera y plástico que montaron para tener un techo y protegerse de las altas temperaturas.

Allí también queda una silla. Es la misma en la que hasta hoy mismo ofrecía cortes de pelo Keriz, un chaval de 24 años de Fez que trabajaba como barbero en Tetuán, a escasos quince minutos de Ceuta. Como tantos, acudió a Castilllejos para cruzar a España a través del Tarajal el pasado 30 de julio. “Llevo más de 20 días viviendo aquí”, cuenta a elDiario.es señalando a la playa.

Cuenta que comía “una vez al día”, por la noche, aunque tampoco se queja. Sí le perturba la incertidumbre, teme que le acaben devolviendo a Marruecos. “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver allí”, apostilla casi a modo de súplica. Justo se cruza uno de sus amigos del campamento improvisado, Hassan, que grita: “A Marruecos no, a Marruecos jamás”, mientras hace un gesto cruzando los brazos.

Hassan cruza los brazos como muestra de rechazo a su regreso a Marruecos.

Los agentes se llevaron primero a las personas de origen subsahariano. Lo hicieron cuando el sol apenas se alzaba. Pronto formaron una larguísima fila que embocaba hasta la barriada de Benítez. Según fuentes del Ministerio de Migraciones, la idea es trasladarlos a los campamentos levantados en Loma Margarita y en el embolsamiento de Loma Colmenar, espacio habitualmente usado para repartir tickets a quienes quieren cruzar en coche la frontera hacia Marruecos.

Sin embargo, los migrantes decían no saberlo, lo que generó nerviosismo. Al ver acercarse las decenas de furgones policiales, algunos salieron corriendo, mientras la Guardia Civil les mostraba el camino hacia la gigantesca fila humana que desfilaba abandonando el Trampolín. Muchos se iban con los bártulos. Con bolsas con ropa y otros materiales. Otros sin nada, e incluso había quien se escondía con éxito entre arbustos situados a pie de playa.

Con la marcha del grueso del primer grupo comenzaron a llegar los operarios de la empresa municipal de limpieza para tratar de recuperar la normalidad en la playa.

Hacia las once quedaban únicamente formadas dos columnas de migrantes esperando a ser trasladadas. Una junto al agua, la otra en el lado contrario de la carretera. En la primera se encontraba Vincent, el menor huérfano que en días previos animaba a otros jóvenes actuando con la cara pintada a lo Charles Chaplin frente a la Jefatura de la Policía Nacional, haciendo más amena su espera para su filiación. Aún hoy, con el mismo maquillaje, mantenía buen espíritu en pleno traslado, cargado con bolsas con los disfraces que había usado en días previos.

Imagen de la playa de El Trampolín tras el traslado de las personas migrantes.

Hamza, de 32 años, fue uno de los últimos en partir. “Espero que donde nos lleven podamos estar mejor”, comentaba una vez informado que su destino era un campamento organizado. Sin embargo, como Keriz y Hassan, rechazaba volver a Marruecos: “Necesito trabajar y comer”.

Atrás queda el campamento de la Playa del Trampolín. Un asentamiento formado una vez las Fuerzas de Seguridad condujeron y acordonaron en el lugar a los migrantes el 31 de julio. Desde entonces las personas allí asentadas construyeron cabañas e iniciaron incluso actividades económicas, como la citada barbería o un mercadillo de ropa, tabaco, comida y útiles varios.

Asociaciones humanitarias como Elín venían denunciando el mal estado en el que se encontraban las personas allí desplazadas. Hablaban de horas de espera para unos quesitos, dos piezas de bollería, una pieza de fruta y un zumo. Alimentos que, tal y como confirmaba este jueves Keriz, debían durarles “todo el día”.

No sabemos qué va a ser de nosotros ni dónde nos llevan

Ahmed

También generaba preocupación a las ONG la falta de higiene. Fuentes gubernamentales, incluida la ministra de Sanidad, Mónica García, señalaban en los últimos días la importancia de trasladar a campamentos correctamente equipados a las personas migrantes para que puedan ser atendidas por personal sanitario.

El próximo paso del Ejecutivo pasa por abrir el Centro de Atención Temporal a Emigrantes (CATE) en una nave del Tarajal. La idea es que opere a finales de mes y que sirva como espacio para filiar a todos los migrantes, tramitando sus expedientes de expulsión del país o de asilo, en caso de que así lo soliciten. El Gobierno local, en colaboración con el Estado, también espera habilitar en el mismo polígono varias instalaciones para acoger a los menores no acompañados, dado que los espacios abiertos hasta ahora ya se encuentran completos con más de 1.300 jóvenes instalados.

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