Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El Gobierno achaca a la falta de colaboración el retraso en la respuesta en Ceuta
De las noches tropicales a las “infernales”: el calor no da tregua ni para dormir
OPINIÓN | 'Hasta el último ucraniano', por Regina Laguna

La crisis sanitaria en Ceuta no está en los hospitales, sino en las calles: muchos migrantes están empeorando

Migrantes marroquíes que accedieron a nado a Ceuta entre el 30 y 31, observan este sábado desde las alturas de un monte de Ceuta los movimientos policiales de Marruecos. EFE/ Reduan

Soraya Aybar Laafou

Ceuta —
17 de agosto de 2026 21:43 h

1

En la playa del Trampolín, las personas migrantes buscan cada día a las voluntarias que saben que llevan gasas, desinfectante y materiales necesarios para curar heridas. “Somos nosotras las que estamos haciendo las curas. Es difícil girar la cara cuando se te acercan con heridas que necesitan, aunque sea, algo de desinfección y una venda”, explica una de las personas integrantes de una asociación que trabaja sobre el terreno. A su alrededor, cientos de personas siguen durmiendo a la intemperie.

La Asociación Elín describe una situación parecida. Habla de heridas que han empeorado con el paso de los días, personas agotadas física y psicológicamente y largas filas ante la ambulancia que, según la organización, “acude una vez al día para ofrecer asistencia básica”. “Algunas personas llegan enfermas, otras han empezado a encontrarse mal después de días expuestas al sol durante el día y al frío durante la noche”, apunta la Asociación Elín.

La fotografía que ofrecen quienes trabajan sobre el terreno contrasta con el diagnóstico del Ministerio de Sanidad. El Gobierno niega que Ceuta atraviese un “colapso sanitario” y habla, en cambio, de una situación de “tensión asistencial” dentro de una crisis humanitaria con riesgo para la salud. El 31 de julio, los servicios sanitarios de Ceuta realizaron, según declaraciones oficiales, 1.149 asistencias a personas migrantes. La cifra cayó a 463 al día siguiente y continuó descendiendo con algunas oscilaciones en los siguientes días. Según el Ministerio, los datos confirman una reducción del 72% respecto al pico inicial.

Sanidad defiende que el hospital de Ceuta mantiene capacidad suficiente para atender la demanda y que la presión ha disminuido notablemente desde los primeros días. “Está la mitad del hospital ocupado. No es una situación de colapso”, dijo la ministra, Mónica García.

Las asociaciones, sin embargo, señalan lo que sucede fuera de las puertas del hospital, que queda desatendido. Bien es cierto que Mónica García durante la rueda de prensa el pasado 16 de agosto en Ceuta situó el problema fuera de los centros sanitarios. “La actuación sanitaria más urgente está fuera del hospital y de los centros de salud: darle un lugar para vivir a los migrantes”, afirmó. Para Sanidad, la prioridad pasa por garantizar unas condiciones salubres y seguras y, en primer lugar, “sacar a la gente de la playa”.

Curas diarias, heridas infectadas y tratamiento interrumpidos

La Asociación Elín trabaja especialmente en la playa del Trampolín y en los alrededores del CETI. Allí describen unas condiciones “muy precarias”. “Los que llegaron sin mucho malestar ya están mostrando síntomas de alguna enfermedad, síntomas de malestar, de agotamiento físico, psicológico”, según explica una integrante de la asociación. Elín asegura también haber observado un empeoramiento entre quienes ya llegaron enfermos o heridos, incluidos casos de heridas que terminaron infectándose.

Según la organización, una ambulancia con personal sanitario acude una vez al día al Trampolín y permanece allí durante horas realizando curas y prestando asistencia básica. “Se les suele formar una fila enorme de personas”, explican. Elín sostiene que el dispositivo tiene una capacidad limitada para abordar problemas que requieran tratamientos más específicos o una valoración hospitalaria.

Su relato coincide con el de otra asociación que trabaja sobre el terreno. Una de sus integrantes explica que realizan curas prácticamente todos los días de manera autogestionada, con material básico procedente en parte de donaciones. “Con el paso de los días, muchos de los jóvenes nos han empezado a buscar directamente cuando necesitan que les atiendan una herida”, apunta.

Además, la asociación afirma haberse encontrado con personas que necesitan tratamientos continuados. Una de ellas les contó que llevaba semanas sin tomar sus antidepresivos, otra necesitaba, según les explicó, medicación relacionada con problemas de coagulación.

Una receta no implica nada

Las dificultades continúan, según la asociación, incluso cuando una persona consigue llegar al hospital. Ellas mismas han trasladado en coche a algunos jóvenes hasta los servicios de urgencias. En ocasiones, explican, los pacientes reciben después una receta para adquirir la medicación en una farmacia. “Pero me dicen: ‘Yo no puedo comprar esto si no tengo ni dinero, ni móvil, ni coche”, relatan.

También describen la dificultad de cumplir indicaciones médicas tan básicas como guardar reposo. La asociación recuerda informes hospitalarios que recomendaban descansar a jóvenes que, después del alta, regresaban a dormir en asentamientos o en la playa.

Otras fuentes describen obstáculos puntales para acceder a los propios servicios de emergencia. Una fuente sobre el terreno asegura que, en una ocasión, al llamar a una ambulancia para atender a una persona, antes de acudir les preguntaron cuál era la nacionalidad del paciente.

Elín relata una situación similar. Uno de sus integrantes acompañó a un joven al hospital, donde permaneció esperando durante horas antes de recibir tratamiento. Después tuvo que regresar al Trampolín. “Vuelven a dormir en unas condiciones que poco contribuyen a la mejora de la situación de salud de cualquier persona”, señalan desde la asociación.

Etiquetas
stats