Sobredosis de juego sucio
Mentira, intoxicación, insultos… Hay sobredosis de juego sucio. El PP ha traspasado ya los límites de lo tolerable en su labor de oposición manifiestamente destructiva. Da igual que hable Feijóo, que Tellado, que Bendodo, que Almeida, que Ayuso… Asistimos a un espectáculo degradante donde la verdad ha dejado de importar, el respeto institucional brilla por su ausencia y la vileza identifica cada paso, cada declaración, cada estrategia… Tres episodios de los últimos días muestran el mismo método: afirmar primero, exagerar después y dejar que la rectificación, si es que llega, no trascienda, que para eso están los medios amigos que se prestan a eso y mucho más por una buena tajada de la tarta publicitaria.
Si hablamos de Ceuta, y de Juan Jesús Vivas ya no se trata solo de que haya bloqueado cuántos empeños han puesto otros en levantar campamentos para poder filiar a los migrantes o bloqueado el traslado de menores a la península, es que ha mentido deliberadamente ante la Audiencia Nacional. Allí declaró que intentó contactar hasta diez veces con el presidente del Gobierno antes de la llegada masiva de finales de julio, y que solo obtuvo respuesta en tres ocasiones, siempre del director de gabinete de Pedro Sánchez. No contaba el presidente de la ciudad autónoma con que La Moncloa hiciera público el registro de llamadas para ponerle la cara colorada.
Y el documento demuestra , con horas exactas y duración de las llamadas, que Vivas habló con Moncloa hasta en nueve ocasiones durante esos días de julio en los que se produjo la entrada masiva. Y, ahora, una vez descubierto matiza que lo hizo con el director de gabinete Diego Rubio, pero no con el presidente. Oculta además que gran parte de las veces que telefoneó a La Moncloa no lo hizo él, sino también su jefe de gabinete. Lo normal entre altos cargos.
Y de Ceuta nos vamos a Madrid, a la Puerta del Sol y la acampada en defensa del derecho a la vivienda. Una concentración que la Delegación del Gobierno ha dicho que está amparada por el derecho fundamental de reunión, pero que al alcalde de la capital le parece temible, insalubre y peligrosa para el orden público. Si fuera así, la Policía Municipal, que es competencia suya, habría actuado y no ha sido así. Almeida ha denunciado que los acampados llevan “cuchillos de grandes dimensiones” y han hecho acopio de adoquines, por lo que ha remitido al delegado del Gobierno unas fotografías que, lejos de avalar su queja, le dejan a la altura de Cagancho en Almagro. Y es que lo que se muestra son los utensilios lógicos para un lugar donde la gente cocina y duerme, por ejemplo, un cuchillo y humus para untar.
Ayuso, claro, no iba a ser menos que su correligionario en la ofensiva contra la protesta y ha presentado un recurso contencioso-administrativo para pedir la disolución inmediata de la acampada. Una alarmante vuelta de tuerca en el uso del aparato judicial como herramienta de confrontación partidista, pero lo que realmente hay detrás de su decisión, es la presión de uno de sus digitales de cabecera, al que ha subvencionado con más 100.000 euros del ala, para que celebre una exposición con motivo del 12 de octubre en la misma Puerta del Sol que ahora ocupan los defensores del derecho a la vivienda. El mismo diario, por cierto, ha emprendido una campaña de titulares infames contra Maricarmen, la anciana que hoy sigue hospitalizada después de ser desalojada de su casa y que ha movilizado a toda España contra los desahucios y el desorbitado precio de los alquileres en toda España.
Esta sobredosis de juego sucio nos sitúa en un escenario peligroso porque cuando la mentira de un dirigente se normaliza y la judicialización de la protesta se convierte en la respuesta estándar, la democracia se resiente y el PP da una nueva muestra de que solo se maneja con los códigos de una trinchera embarrada, en la que los ciudadanos son el daño colateral de una guerra sin escrúpulos.
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