Vox repite la ‘fórmula mágica’ de la ultraderecha europea para el problema de la vivienda: echar a millones de personas
“Toda España sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen tendría casa”. La frase difundida por las redes sociales de Vox tiene el mérito de resumir en pocas palabras la posición de la ultraderecha sobre el problema de la vivienda: señalar a las personas de origen migrante como culpables y extender el bulo de que tienen prioridad en la concesión de ayudas sociales. ¿Qué solución sale de la chistera? Las deportaciones masivas, sostenidas en unas cuentas de servilleta: menos población supone menos demanda; asunto resuelto.
“La posición de Vox no es excepcional, sino que se enmarca dentro de la estrategia de las extremas derechas sobre este tema: palabras vacías y ninguna política pública concreta”, resume el historiador Steven Forti. De hecho, en una semana en la que el debate ha estado centrado en propuestas para mejorar el acceso a la vivienda, el discurso de los de Abascal no ha incorporado medidas específicas, sino que se ha limitado simplemente a insistir en el problema y, si acaso, apuntar sin argumentos sólidos a los supuestos responsables: extranjeros “que llegan masivamente” y “se ponen a la cola para ser potenciales inquilinos”.
“Es pura retórica”, insiste Forti. Porque esta preocupación por el tema no se traduce en acciones de Gobierno cuando llegan al poder. Y pone el ejemplo de Giorgia Meloni, cuyo Plan de Vivienda ha consistido en facilitar los desahucios y las sanciones a los inquilinos. “Al final lo que está en sus programas son las clásicas políticas liberales de la derecha no extrema”, remata el experto en historia de los fascismos.
“La entrada en España de tres millones de extranjeros en los últimos cinco años, combinada con la drástica reducción de vivienda disponible, ha conducido a una subida de precios de un 30% en alquiler”, afirmaba sin justificar el origen de los datos el último documento de Vox en el que se abordaba el tema, de 2025.
Hecho el diagnóstico, prescrito el tratamiento: expulsiones de millones de personas y “derogación de todas las medidas intervencionistas en el mercado de alquileres”, además de “política de mano dura con la okupación y la inquiocupación”, lo que supuestamente pondrá más pisos en el mercado.
Desde la crisis política abierta por el desahucio de Maricarmen, Vox no ha hablado una sola vez sobre los fondos buitre, la turistificación del mercado de la vivienda o la responsabilidad de las administraciones municipales y autonómicas (en cuyos Gobiernos ya participan) en el impulso de un parque público. Ni tan siquiera ha mencionado la propuesta de “créditos blandos a parejas jóvenes” para la compra de pisos que incluían en su documento y que figura en el decreto que este viernes intentarán tumbar en el Congreso.
Cuanto peor, mejor
La teoría del ‘cuanto peor, mejor’ es ya ADN de las extremas derechas, independientemente de las especificidades locales. Agitar el descontento de los ciudadanos, sobre todo de los menos favorecidos, les resulta rentable desde el punto de vista político, sobre todo cuando no se está en el Gobierno. La cuestión no es ofrecer soluciones, sino dirigir, con discursos incendiarios, esa frustración contra los supuestos culpables, llámense medidas ecológicas, agenda woke o migrantes, siempre en el centro de la diana.
Su lente mezcla la xenofobia con el ultranacionalismo y disfraza de alternativa una postura que en realidad genera exclusión y marginación
“La visión de la ultraderecha sobre cualquier discusión de corte social es en el fondo nativista”, analiza Franco delle Donne, fundador del proyecto transmedia de divulgación Epidemia Ultra. “Utilizan una lente que mezcla la xenofobia con el ultranacionalismo y que disfraza de alternativa una postura que en realidad genera exclusión y marginación”, explica el también investigador en el Werkstatt für Sozialforschung de Berlín.
Convertir a los migrantes y refugiados en el chivo expiatorio de la escasez de viviendas dignas y de su exorbitante precio ha marcado las campañas del Partido de la Libertad en Países Bajos, AfD en Alemania, Fratelli d’Italia o Chega en Portugal. Siempre el mismo patrón, independientemente de las características propias de cada país.
Esta treta discursiva oculta una realidad evidente en los datos: las personas de origen migrante, en una situación de mayor precariedad e inseguridad laboral, son las que más sufren la crisis de la vivienda, porque su situación los deja más expuestos a abusos como precios excesivos, subarrendamientos o alquileres sin contrato.
El discurso puede ser todo lo demagógico que quieran, pero lo que defiende la ultraderecha es el recorte del gasto público. Sus propuestas sociales harían sonrojar a las de la austeridad de Mariano Rajoy
En España, los votantes de Vox son los que tienen una mirada más pesimista sobre el tema de la vivienda. De acuerdo con la última encuesta del CIS, el 80% de ellos cree que el acceso a la primera vivienda empeorará en los próximos años. Es el porcentaje más alto de la tabla, y supera en más de 10 puntos la media, de 67,2%.
Algo parecido sucede con la percepción del gasto social. Ante la pregunta de si la sociedad se beneficia mucho, bastante, poco o nada de lo que pagamos a las administraciones públicas en impuestos y cotizaciones, la respuesta de quienes han votado a Vox en las últimas elecciones es elocuente. Casi un 35% responde “nada”, frente a una media del 12%.
‘Remigración’ y nativismo selectivo
“Por culpa de tus políticas de fronteras abiertas, los españoles no tienen casa en la que emanciparse o formar una familia”, increpó Santiago Abascal al presidente Pedro Sánchez en un post de X. La portavoz de la formación ultra en el Congreso, Pepa Millán, habló abiertamente de remigración, el eufemismo con el que defienden las deportaciones masivas, independientemente del estatus legal de los migrantes.
De hecho, la diputada Rocío De Meer defendió hace unos meses, en su discurso en la cumbre supremacista Remigration Sumit 26, que se debía expulsar a todos los migrantes que hicieran uso de los servicios sociales.
La competencia por recursos –vivienda, ayudas– es el combustible que alimenta el nativismo y el supremacismo. Echar a millones de migrantes es el paso siguiente (y complementario) de la llamada “prioridad nacional” que defiende Vox, aunque tampoco sea una idea de su propia cosecha.
“La extrema derecha hace una distinción entre quiénes merecen las ayudas del Estado, o simplemente quiénes pueden ser sujetos de derechos, que son los que han nacido en el sitio –preferentemente, blancos y católicos– y los que no, a los que se señala como culpables de perjudicar a los 'nacionales'”, desarrolla Delle Donne.
¿Pero qué pasa cuando hay que salir a buscar votos entre las personas de origen migrante? Pues que las categorías binarias encuentran sus grises. Franco delle Donne menciona el ejemplo de las recientes elecciones municipales en Berlín. Allí, el discurso radical que aupó a AfD en los comicios de Sajonia-Anhalt incorporaba frases susceptibles de ser interpretadas en más de un sentido, como cuando se hablaba de que la vivienda fuera solo para la “gente local”. Ante la petición de concreciones, el candidato aclaró que no hacían distinciones entre migrantes y no migrantes, sino que con 'locales' se referían a personas que llevan mucho tiempo en el lugar.
“Ante una vivienda, el español siempre primero”, señala el documento de Vox. Sin embargo, más adelante propone “situar el arraigo y el acumulado histórico de años de la familia en España como principales criterios de asignación de viviendas”. Es parte del discurso de Carlos Hernández Quero, la figura del partido que busca seducir votantes en los barrios obreros de Madrid.
Otra vez, la retórica es una, y la propuesta política, algo muy diferente. Los partidos de la ultraderecha defienden soluciones económicas de corte ultraliberal, en las que mandan el mercado y sus intereses. “Algunos, como Alianza Catalana, al punto de llenar sus listas electorales de empresarios del sector inmobiliario”, apunta Steven Forti. “El discurso puede ser todo lo demagógico que quieran, pero lo que defiende la ultraderecha es el recorte del gasto público. Sus propuestas sociales harían sonrojar a las de la austeridad de Mariano Rajoy”, remacha.
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