Los cartógrafos que diseñan el nuevo Sol: de plaza turística a acampada popular pasando por la Avenida Maricarmen
Si alguien quiere colocar una tienda en la acampada de Puerta del Sol, o encontrar a un conocido entre los cientos de personas que, desde el sábado, pernoctan por la vivienda en una zona tensionada, ya no lo tendrá tan difícil. La movilización masiva del sábado, en plena ola de indignación por el desahucio de Maricarmen y con la petición conjunta de un decreto hoy partido en dos, terminó montando un campamento popular que ha crecido hasta las 1.248 tiendas de campaña. La plaza está colapsada, pero ha ido creando su propio orden entre la improvisación. En los últimos días, han llamado la atención los letreros de cartón que cuelgan junto a algunas tiendas. “Avenida Maricarmen”. “La Guillotina”. “Calle de la Rabia”. “Tercera República”. “Plaza La Veneno”. “Miguel Hernández”. Detrás hay un plan y dos artífices: Alejandro y Quico.
Ambos geógrafos se definen a sí mismos como “personas indignadas por la vivienda”, que precisamente en esa zona está a partir de 7.000 euros el metro cuadrado, según portales inmobiliarios. Aunque aseguran no tener una afiliación concreta y haber ido colaborando con la organización desde que comenzaron las protestas, su papel en la cartografía del nuevo Sol está siendo clave. “Hace dos días se decidió en una asamblea establecer vías de acceso dentro de la acampada, para facilitar la comunicación entre sectores”, cuenta Quico C., al que le dieron unos cartones para que les pusiera nombres y los repartiera entre las tiendas, configurando un mapa a tiempo real para moverse por la concentración de Sol.
El orden evoluciona poco a poco: en la plaza han empezado a verse zonas delimitadas con cinta adhesiva pegada en el suelo, marcando los pasillos para circular. También establecen diferentes sectores, cada uno de los cuales cuenta con un portavoz que se coordina con el resto a través de canales de mensajería, para luego trasladar novedades o decisiones sobre la acampada al resto de tiendas del área.
Han proliferado igualmente cartones señalando zonas de entrada y salida, además de los que ponen nombre a cada sección después de cinco días de acampada. Algunos manifestantes cuentan haber elegido ellos el nombre de su “calle” y otros dicen que aceptaron unos carteles ya designados. Todos tienen un hilo común: su trasfondo político.
Mientras que Quico iba pensando nombres o recogiendo los que proponían algunos asistentes, Alejandro T. se encargaba de dibujar un mapa actualizado y con la distribución final. “Ya he terminado con la zona central de la plaza, y ahora estoy añadiendo las nuevas tiendas que van uniéndose a los lados”, relata este último. Abre un cuaderno. Ahí tiene dibujado a bolígrafo un plano con el reparto de secciones: la plaza de Puerta del Sol se parte en dos por una vía vertical que abre paso desde la Real Casa de Correos, sede del Gobierno regional. “Se llama Avenida de Maricarmen”, señalan ambos jóvenes, que decidieron plantear una acampada distribuida en dos zonas principales.
Lo hicieron así imitando las antiguas ciudades romanas, divididas en dos vías (cardo y decumano) que cruzaban de norte a sur, y de este a oeste. “Nuestras calles principales son esta misma, la Avenida de Maricarmen, y la del 26 de septiembre, que conmemora el día en el que se inició la acampada”, explica Quico C. durante un paseo por los asentamientos. En un momento del recorrido, tiene una ocurrencia: “Llevamos días repensando el espacio para compatibilizar la protesta con el acceso habitual a la plaza”, aseguran pese a que “luego oímos o leemos en prensa que aquí no hay orden ninguno”.
Mapas enumerados y vías de acceso con cinta adhesiva
En la cartografía que muestra su compañero, el número 1 designa la entrada en la que se concentran carpas de los sindicatos de vivienda. Luego sigue la zona de las educadoras infantiles, que visten de amarillo y exhiben folletos o información con sus reclamaciones laborales y el ahogo en la educación madrileña de 0 a 3 años.
Alejandro y Quico saben que esta acampada se ha comparado mucho con el 15M, la otra gran protesta social que en 2011 inundó la Puerta del Sol durante casi un mes. Eso les enorgullece, pero creen que hay matices. “Tenemos la sensación de que esta vez también se muestra un mundo algo más diverso. Mira tenemos aquí una zona a la que llamaron 'Plaza de las Queeras'”, señala uno de ellos, que muestra en el boceto este “espacio público” –así viene anotado en su cuaderno– en la mitad más cercana a la ballena de Sol, la marquesina de acceso al Cercanías“.
El término queer hace referencia a una identidad que no se reconoce dentro del sistema binario de hombre o mujer. Ha sido reivindicado por la comunidad LGTBI, que terminó añadiendo una “Q” a sus siglas. De momento, los dos cartógrafos de Sol están pensando nuevas denominaciones para más calles principales o áreas especialmente reivindicativas; mientras que en las denominadas plazas, al ser “lugares más sociales”, anotan las ideas de los carteles que han ido colocando, poco a poco, los distintos grupos de manifestantes.
En su cuaderno aparecen otros nombres de figuras históricas o contemporáneas del socialismo (“Plaza Rosa Luxemburgo”, “Calle de Pedro Zerolo”, “Nati Camacho”...), causas sociales y colectivos (“Plaza Lésbica”, “Plaza de Gaza”, “Lucha de clases”) u otros personajes reconocibles, desde Las Sinsombrero hasta Xosé Tarrío. También hay anotados los espacios habilitados por partidos políticos. “Esta mañana [martes] hubo una comisión y hablamos de delimitar con celo las calles”, relatan ambos compañeros, que muestran más bocetos con mapas a medio terminar, pensados para recoger nuevas zonas con las tiendas que se incorporan a la protesta.
Dando una vuelta por la acampada, el ambiente era a veces distendido –con gente leyendo en sillas de playa o sobremesas entre tiendas, y rostros de todas las edades– y, en general, de una emoción contenida. Una de las sensaciones más repetidas entre los asistentes consultados por Somos Madrid era la de estar “viviendo algo histórico”, un momento del que esperaban obtener alguna compensación en términos de garantía política.
En una de las intersecciones aparecen tres amigas, de entre 21 y 22 años. Una de ellas, Elena, ha estado acampando desde hace dos días y las otras vienen en ratos libres, generalmente antes o después del trabajo. A su tienda le han colocado un nombre algo más particular: el de su grupo scout. “Se llama la Plaza Matterhorn”, cuenta Ana, estudiante en la capital. Ella nació en Madrid y apenas ha entrado en la veintena, así que hasta el momento no ha tenido que independizarse. Pero cree haber “visto de cerca” el impacto que el precio de la vivienda está teniendo a su alrededor. “Cuando mis padres se mudaron al menos era posible conseguir un piso para una familia entera. Pero ahora tenemos a mi hermana mayor con el mismo dilema durante meses: que no puede independizarse”.
Mientras el mapa de la nueva Puerta del Sol continúa definiéndose, sus huéspedes entran y salen con sacos de dormir, alimentos o material básico que distribuir entre las tiendas o asambleas ciudadanas multitudinarias, como la que este martes por la noche dejó una advertencia enunciada por el Sindicato de Inquilinas, uno de los principales impulsores de la acampada: “Lo que antes estaba normalizado, como es especular, ahora tiene que dar vergüenza”.
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