¿Pueden las plantas ayudarnos a refrescar nuestra casa? Sí, pero no de la forma que imaginas
Llegamos a agosto habiendo alcanzado ya la cuarta ola de calor del verano y en busca de cualquier cosa que haga la estancia en casa un poco más llevadera. Bajamos las persianas, abrimos las ventanas al amanecer, cerramos todo cuando empieza a apretar el sol y sabemos que rodeados de plantas nos sentimos mejor pero no entendemos muy bien por qué.
La respuesta es curiosa, porque las plantas sí pueden hacer que un espacio resulte más fresco, pero no funcionan como un pequeño aire acondicionado. Y entender cómo lo consiguen también ayuda a elegir mejor qué especies tener en casa y dónde colocarlas.
Las plantas enfrían de una forma especial
Las plantas necesitan agua para vivir. La absorben por las raíces, la transportan hasta las hojas y una parte de esa agua se libera en forma de vapor a través de unos diminutos poros llamados estomas. Este proceso, que recibe el nombre de transpiración, es una de las funciones fisiológicas más importantes de cualquier planta y resulta muy interesante porque para que ese agua pase de estado líquido a vapor necesita energía y esa energía procede, en parte, del calor del entorno y de la propia hoja, lo que genera un ligero efecto de enfriamiento alrededor de la planta.
Podemos imaginar algo parecido a lo que ocurre cuando salimos de una piscina. Mientras el agua se evapora de nuestra piel, sentimos una agradable sensación de frescor. En las plantas sucede un fenómeno comparable: al evaporar agua, ayudan a disipar parte del calor que reciben.
Ahora bien, ese efecto depende de muchos factores. No todas las plantas transpiran igual ni lo hacen con la misma intensidad durante todo el día. Influyen la cantidad de hojas, su tamaño, la disponibilidad de agua en el sustrato, la luz, la temperatura, la humedad ambiental e incluso el movimiento del aire.
Una monstera grande y bien iluminada, por ejemplo, transpira mucho más que una pequeña sansevieria situada en un rincón oscuro. Una planta estresada por falta de agua también reducirá su transpiración para evitar deshidratarse. Es decir, cuanto peor lo esté pasando la planta, menos capacidad tendrá para producir ese pequeño efecto refrescante.
Del mismo modo, un salón con cuatro o cinco plantas distribuidas por la habitación no se comporta térmicamente como un patio ajardinado, una terraza cubierta de vegetación o un jardín con gran masa verde. En todos los casos hay transpiración, sí, pero en el interior de una vivienda ese efecto queda muy localizado alrededor de las plantas y no llega a modificar de forma apreciable la temperatura general de la estancia.
Refrescar no siempre significa bajar la temperatura
Cuando hablamos de refrescar una vivienda solemos pensar en bajar la temperatura del aire, pero el confort térmico es mucho más complejo. No depende solo de los grados del termómetro, sino también de la humedad, la ventilación, la radiación solar y la forma en que percibimos el entorno.
Las plantas pueden contribuir a mejorar esa sensación de confort gracias a la transpiración, un proceso por el cual liberan vapor de agua y generan un microclima ligeramente más húmedo y fresco en su entorno inmediato. Si además hay circulación de aire, ese efecto puede resultar perceptible y agradable, sobre todo en espacios reducidos o muy localizados.
Sin embargo, esto no implica que unas pocas macetas puedan enfriar de forma significativa una habitación completa. Es frecuente encontrar afirmaciones que atribuyen a ciertas plantas la capacidad de reducir varios grados la temperatura de una vivienda, pero suelen basarse en estudios realizados en contextos muy distintos, como fachadas vegetales, cubiertas ajardinadas o invernaderos, donde la cantidad de vegetación es mucho mayor y el comportamiento térmico no es comparable al de un interior doméstico.
Es importante distinguir entre tres cosas: la temperatura real del aire, la humedad ambiental y la sensación subjetiva de confort. En climas secos, un ligero aumento de humedad puede mejorar la sensación térmica, mientras que en ambientes ya húmedos puede ocurrir lo contrario y aumentar la sensación de bochorno. Por eso no existe un efecto universal.
Además, la influencia de las plantas es principalmente local: se percibe cerca de ellas, del mismo modo que la sombra de un árbol solo refresca de forma directa la zona que cubre.
En climas secos, un ligero aumento de humedad puede mejorar la sensación térmica, mientras que en ambientes ya húmedos puede ocurrir lo contrario y aumentar la sensación de bochorno
Cómo aprovechar las plantas
Que las plantas no sustituyan al aire acondicionado no significa que no merezca la pena tenerlas. Todo lo contrario: funcionan mejor como parte de una estrategia global para hacer la casa más confortable en verano.
Si hablamos de las especies que más pueden contribuir a ese pequeño efecto de frescor en interiores, no es tanto una cuestión de magia como de biología: las plantas que más transpiran suelen ser las que desarrollan una gran masa foliar y permanecen activas durante el verano. Entre las más interesantes destacan:
- Areca (Dypsis lutescens), probablemente una de las mejores opciones por la enorme superficie de hojas que desarrolla y su elevada capacidad de transpiración cuando dispone de buena luz. Si se cultiva en un salón luminoso y alcanza un buen tamaño, crea una masa vegetal muy superior a la de la mayoría de plantas de interior, algo clave para que su efecto sea apreciable.
- Helecho de Boston (Nephrolepis exaltata), una de las especies más activas desde el punto de vista fisiológico. Devuelve bastante humedad al ambiente gracias a sus numerosas frondes, aunque necesita cierta humedad ambiental y abundante luz indirecta para mantenerse en buenas condiciones. En ambientes muy secos suele resentirse.
- Ficus benjamina, una apuesta segura. Cuando madura forma una copa muy densa con cientos o incluso miles de hojas pequeñas, lo que le permite mantener una transpiración constante durante buena parte del año. Además, es una especie longeva que, con el tiempo, puede convertirse en un auténtico árbol de interior.
- Kentia (Howea forsteriana), además de ser una de las palmeras de interior más elegantes, desarrolla una gran masa foliar sin exigir tanta luz como otras especies tropicales. Su crecimiento es lento, pero precisamente por eso conserva durante muchos años una estructura frondosa y estable que contribuye a generar un pequeño microclima alrededor de la planta.
- Monstera deliciosa, cuyas enormes hojas proporcionan una gran superficie de intercambio con el aire. Cuando está bien iluminada y en pleno crecimiento mantiene una actividad de transpiración elevada y, además, aporta una sensación visual de frescor difícil de conseguir con otras plantas de interior. Aunque esto último no baja la temperatura, sí influye en cómo percibimos el espacio.
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