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CRÓNICA

La mejor carrera de F1, la de Madrid; las mejores paellas y playas, las de Madrid

Díaz Ayuso, piloto de Fórmula 1, en el vídeo de propaganda hecho con IA por el PP de Madrid.
14 de septiembre de 2026 22:09 h

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Un periodista alemán comentó después del Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid que algunas personas en la sala de prensa casi se habían quedado dormidas durante la carrera. El piloto Gabriel Bortoleto, que acabó 13º, le respondió: “¡Yo también casi me quedo dormido!”. El vencedor de la prueba, Kimi Antonelli, coincidió en que el circuito que se estrenaba dejaba mucho que desear desde el punto de vista de la emoción competitiva: “Definitivamente, no ofrece oportunidades de adelantamiento y no te anima a intentar un ataque porque probablemente chocarías en el 80% de los casos”.

Quienes sí estaban eufóricos eran los dirigentes del PP en Madrid. Desde luego, no se quedaron dormidos cuando les preguntaron cómo había ido todo. “En dos años y medio hemos hecho el mejor Gran Premio de Fórmula 1 de este año”, dijo el alcalde José Luis Martínez Almeida, borracho de ilusión. Los comentarios de los aficionados a la F1 en redes indicaban que había sido la carrera más aburrida de la temporada al suspender en la asignatura a la que dan más importancia, la de los adelantamientos.

La cita fue un éxito de organización, porque todo funcionó como estaba previsto. Las audiencias televisivas fueron altas (16,9% de share en Telecinco más un 4,4% en DAZN). Unas 350.000 personas asistieron a la competición. Era la primera vez que la Fórmula 1 se disputaba en Madrid desde los años ochenta. También era la primera cita de las diez que se acordaron en el contrato. Responde al deseo de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) de aumentar el número de circuitos urbanos por creer que generan más expectación e ingresos que los tradicionales. Los pilotos prefieren estos últimos porque en ellos exprimen hasta el final los límites del coche y de su capacidad. Ante esa dualidad, el dinero siempre lleva ventaja.

La vertiente deportiva dejó bastante que desear. Los pilotos dijeron antes de la prueba que los adelantamientos, que son la salsa principal de este deporte, iban a ser muy escasos por el diseño del circuito. Terminó siendo un récord negativo con un número menor (cuatro sin contar la salida) al de la última carrera de Mónaco, donde son casi imposibles en una de las citas históricas del calendario. La diferencia de Madrid con los demás grandes premios, incluidos los que se celebran en entornos urbanos, es gigantesca.

El problema fue tan obvio que los responsables de la carrera tienen previsto hacer algunos cambios en el diseño del circuito para la edición del próximo año y crear con ellos opciones de adelantamiento que ahora no existen.

Como era previsible, el PP de Madrid construyó la imagen de un éxito clamoroso y sin precedentes para una cita que no es inédita en España y en otro ejemplo más de su intento de que Madrid sea una de las grandes capitales del mundo, llena de grandes acontecimientos, preferiblemente deportivos, que se supone que serán buenos para atraer turistas. Todo gira en torno al turismo y se dice a los madrileños que deberían estar orgullosos de ello.

Además de manejar cifras inventadas como afirmar que la carrera iba a generar “decenas de miles de empleos”, Isabel Díaz Ayuso explicó por qué todo redundaba en un aumento del orgullo nacional: “Lo que hace es demostrarle al mundo lo que los españoles somos capaces de hacer cuando nos dejan organizar eventos de gran magnitud”.

El diseño del circuito hizo que la carrera se convirtiera en una procesión de coches con muy poco adelantamientos.

El punto de vista de Ayuso denota un cierto complejo de inferioridad que no tiene ninguna base. No es nada extraño que este tipo de actos se celebren en España ni hay que convencer a nadie. En el caso del circuito de Montmeló en Barcelona y la F1, desde 1991. Hay que preguntarse si Díaz Ayuso ha olvidado que España ha organizado unos Juegos Olímpicos y mundiales de fútbol, baloncesto, balonmano, ciclismo y otros deportes, competiciones más complejas que una carrera que dura tres días.

El opinador oficial del Gobierno –no confundir con la portavoz– tenía otras ideas al respecto. Óscar Puente le dedicó varios tuits al tema, en especial al escaso número de adelantamientos. No iba a desaprovechar la oportunidad de intentar chafar la fiesta a sus rivales. “El Gran Premio en sí ha sido un auténtico truño”, dijo con el carácter frío y sobrio que le caracteriza, eso sí, “sin entrar en polémicas políticas”. Faltaría más.

No hay iniciativa en el PP madrileño que no tenga en cuenta el necesario culto a la personalidad de su líder. En especial, ahora en que está ante la primera ocasión en que paga las consecuencias políticas de una decisión polémica, por la compra de un ático de lujo para ella que se intentó mantener en secreto. Si no hubo adelantamientos en la carrera, nada más sencillo que crearlos con una IA para que se vea a Ayuso adelantando con su coche azul a los del PSOE y Más Madrid, como hicieron en un vídeo propagandístico para las redes sociales. Suena un poco Kim Jong-un, pero en el PP nunca son tacaños con el tratamiento real para sus líderes.

Al final, un Gran Premio de F1, como cualquier acontecimiento deportivo, tiene sus momentos de gran intensidad y de fervor del público, sus errores y sus promesas de mejora. Pero solo Ayuso y sus seguidores convierten todo lo que tenga que ver con Madrid en un ejemplo de la superioridad de la ciudad sobre todas las cosas que pasan en España y en una oportunidad para sostener que los enemigos del PP odian Madrid porque Madrid es España y de paso también odian España.

Si hasta insultaron a Pedro Sánchez –para deleite de dos columnistas de ABC y El Español–, qué más podía pedir el PP de la Fórmula 1. Qué más dará que los coches no se adelanten.

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