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CRÓNICA

José María Aznar y la tentación irresistible por elogiar un genocidio

Dana Erlich, encargada de negocios de la embajada israelí, y José María Aznar en el acto del 10 de septiembre en Madrid.
10 de septiembre de 2026 21:57 h

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José María Aznar decidió hace tiempo que Israel es un Estado que debería ser defendido por Europa y EEUU sin importar lo que ocurra en territorio palestino. No es esa la política que llevó a cabo cuando era presidente del Gobierno. Al abandonar la política activa, acentuó su alineamiento con Estados Unidos e Israel y quiso asumir el papel de ser el más halcón de los halcones. De ahí que llegara a proponer en público que Israel –junto a otros países fuera del continente europeo– se uniera a la OTAN, una idea excéntrica que los israelíes rechazaron. No necesitaban otra cosa que su alianza estratégica con EEUU.

Aznar presentó el jueves en Madrid una conferencia de la encargada de negocios de la embajada israelí, Dana Erlich. En su empeño por defender a Israel, relacionó la crisis de Ceuta con la denuncia del genocidio de Gaza por el Gobierno de Pedro Sánchez. “Comprobamos con el drama de Ceuta las consecuencias de habernos enajenado la amistad de aliados relevantes”, dijo el expresidente. Es una frase intrigante que solo sirve para alentar especulaciones sobre el papel israelí en esos acontecimientos, como si hubiera una relación causa-efecto.

Lo que es seguro es que el Gobierno de Netanyahu ha utilizado Ceuta para vengarse. Apoyar a Israel significa ponerse del lado de los que rechazan la españolidad de Ceuta y Melilla. Solo pasaron unas horas desde la avalancha migratoria sobre la ciudad para que el embajador israelí en la ONU, Danny Danon, cuestionara esa soberanía: “Quizá antes de que (España) continúe dándonos lecciones, es hora de que explique al mundo por qué mantiene enclaves coloniales en África”.

Dana Erlich negó cualquier participación de su Gobierno en la crisis. Dejó una frase que se puede interpretar de muchas maneras: “No trabajar con Israel en Defensa también tiene un precio para la seguridad de los españoles”.

Aznar no tolera que se acuse a Israel de haber cometido un genocidio. Definió el ataque de Hamás del 7 de octubre de “acción terrorista de intención genocida, vesánica y perversa”. Murieron 1.139 israelíes, de los que 373 eran policías y militares y 766 civiles.

“Israel libra una guerra asimétrica de palmaria asimetría moral”, afirmó. “Tachar a Israel de Estado genocida es de antisemitismo puro y duro”.

No cabe duda de que Gaza ha sido un conflicto asimétrico. Israel ha matado a 76.621 personas hasta finales de agosto. La mayoría de las víctimas son civiles. Una base de datos del Ejército cifró en 8.900 los combatientes de Hamás eliminados hasta mayo de 2025, lo que en ese momento suponía el 17% de los fallecidos. El número de niños y adolescentes muertos supera los 20.000. Gaza es el lugar más peligroso del mundo para ser un niño, según Unicef. Desde que se firmó un alto el fuego supuestamente aceptado por Israel, han muerto más de 900 palestinos, de los que 301 son menores de edad. Uno de cada tres víctimas.

Omer Bartov, profesor israelí e historiador experto en el Holocausto, creía al comienzo del conflicto que Israel había llevado a cabo crímenes de guerra, aunque no hasta el nivel de ser definidos como actos de genocidio. Cambió de opinión al ver que el nivel de destrucción provocado en Gaza estaba a la altura de las promesas hechas por los gobernantes israelíes. El número de muertes importaba obviamente, pero a la hora de utilizar la definición de genocidio no era menos relevante el hecho de que Gaza había dejado de ser un lugar en el que se pudiera vivir.

“Las acciones de Israel sólo pueden ser entendidas como la plasmación de una intención expresa de hacer que Gaza sea inhabitable para su población palestina” escribió Bartov. “Creo que el objetivo –y sigue siéndolo hoy– es obligar a la población a abandonar Gaza o, considerando que no tienen otro sitio al que ir, debilitar el enclave a través de bombardeos y una severa privación de alimentos, agua potable y ayuda médica hasta el punto de que sea imposible para los palestinos de Gaza mantener su existencia como grupo”.

Varias ciudades de Gaza han sido destruidas de forma sistemática, como escribió Bartov. Son ahora un mar de ruinas de tales dimensiones que la reconstrucción es prácticamente una quimera. No ha habido aún un esfuerzo internacional para iniciar la reconstrucción de Gaza. Solo la retirada de los escombros –lo que queda de edificios enteros arrasados en bombardeos aéreos– supondría un esfuerzo económico colosal.

Un informe de la ONU llegó a la conclusión de que si Gaza podía recuperar sus tasas de actividad económica anteriores a 2023, se tardarían 350 años para completar la reconstrucción. Hoy no hay más actividad económica allí que la que genera el reparto de ayuda humanitaria.

La aniquilación de Gaza cuenta con el visto bueno de las principales autoridades religiosas judías. El gran rabino sefardí de Israel, David Yosef, afirmó en agosto que Gaza merece ser destruida y que los palestinos no existen como pueblo y que, por tanto, no tienen derechos. Con la ayuda de Dios, continuó, toda Gaza y Cisjordania serán pronto judías.

Esta semana, se ha presentado en el Festival de Cine de Venecia la película documental 'NAZA', de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, coautores de otro documental, 'No Other Land', que recibió un Oscar en 2025. NAZA es un acrónimo que significa en hebreo 'daño colateral'.

La película relata el funcionamiento de la máquina de matar desatada a través de testimonios de soldados y oficiales israelíes. “Uno de los oficiales a los que entrevistamos cuenta que era totalmente consciente en tiempo real en centenares de casos de cómo las familias seguían con sus vidas cotidianas, un hombre hablando con su esposa, el sonido de una televisión, los rezos, un bebé llorando, y que luego él daba el visto bueno para que esa casa fuera bombardeada. Cuando se le preguntaba por qué, lo explicaba: 'Debes entender que el objetivo es destruir”, escribe Yuval Abraham.

“El repunte del antisemitismo debería preocuparnos”, dijo Aznar. Han sido las acciones del Gobierno de Netanyahu las que han hundido la reputación del Estado judío en todo el mundo, incluido EEUU, donde la imagen israelí siempre había sido mucho mejor que la de los palestinos. Ahora esa tendencia se ha revertido, según datos de Gallup.

Israel se ha convertido en un paria internacional, pero siempre contará con el apoyo de Aznar.

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