La playa de aguas transparentes y tranquilas en la costa de Granada para dar el último baño del verano
La Costa Tropical de Granada permite alargar algo más los días de playa. Durante septiembre todavía pueden darse jornadas apropiadas para acercarse al Mediterráneo y aprovechar las últimas semanas antes de la llegada del otoño. Entre los lugares que mantienen este tipo de planes se encuentra Calahonda, una localidad perteneciente al municipio de Motril y situada junto al mar.
Su ubicación explica buena parte del vínculo que mantiene con el entorno costero, con un núcleo urbano que tiene en su frente marítimo uno de sus principales atractivos. La claridad característica de las aguas de esta zona, unida a sus fondos marinos, permite también que el baño se combine con otras actividades relacionadas con el mundo subacuático.
El final del verano ofrece además otra forma de acercarse a esta parte de la provincia. Las temperaturas suaves de la Costa Tropical pueden mantenerse durante algunas semanas más, por lo que el cambio de mes no implica necesariamente despedirse de la orilla. Las posibilidades de bañarse dependen siempre del tiempo, pero septiembre todavía puede dejar jornadas adecuadas para aprovechar esta zona del litoral.
La visita tampoco tiene por qué limitarse a la playa. El pasado de la localidad ha dejado diferentes construcciones vinculadas a la defensa y vigilancia de la costa que permiten completar el recorrido después de pasar unas horas junto al agua. Antiguas torres, restos de fortificaciones y puntos desde los que contemplar el entorno ayudan a conocer otra parte de la historia de este núcleo granadino.
Una playa marcada por la transparencia de sus aguas
La playa de Calahonda es una de las más extensas de la Costa Tropical y se convierte en uno de los principales puntos de la localidad. Entre sus rasgos más reconocibles está la transparencia del agua, junto con una profundidad que aumenta a poca distancia de la orilla. Estas condiciones han favorecido actividades como el buceo, algo muy habitual en este tramo de la costa granadina.
Parte de su interés se encuentra precisamente bajo la superficie, con fondos próximos a la orilla que albergan diferentes formas de fauna y flora marina que pueden observarse gracias a la visibilidad del agua. La profundidad que se alcanza relativamente cerca de tierra refuerza también la presencia de las actividades subacuáticas y permite que una jornada en la zona no quede limitada únicamente a permanecer sobre la arena.
La propia forma de este tramo costero contribuye a diferenciarlo de otros destinos dominados por grandes extensiones de arena fina. El núcleo se organiza alrededor de una cala protegida, una configuración que condiciona el aspecto de su frente marítimo y la manera en la que se integra la playa en la localidad. Con el paso de los años, este espacio también ha recibido reconocimientos como la Bandera Azul y la Q de Calidad Turística, relacionados con distintos criterios aplicados a playas y servicios turísticos.
Durante septiembre, el uso de este entorno puede prolongarse siempre que las condiciones acompañen. Las temperaturas propias de la Costa Tropical permiten que algunas jornadas sigan siendo adecuadas para pasar tiempo junto al mar una vez terminado el periodo vacacional principal. A partir de ahí, quienes prefieran algo más que el baño pueden aprovechar las características de sus fondos o recorrer los espacios próximos a la playa.
Calahonda, una localidad ligada al Mediterráneo
Más allá del frente marítimo, el núcleo conserva varios elementos relacionados con su pasado. Uno de los más reconocibles es el Farillo de Calahonda, una antigua torre de vigilancia cuyos primeros restos se remontan al siglo XVI. Su función estaba ligada a la protección de la ensenada frente a ataques piratas y a la seguridad de la actividad comercial que se desarrollaba en esta parte del litoral.
La construcción cambió posteriormente de función y fue adaptada como faro durante el siglo XIX. No es el único ejemplo del antiguo sistema defensivo de la zona. Cerca se encuentra también la Atalaya del Zambullón, levantada sobre un acantilado dentro del término municipal de Gualchos. A ella se suman los restos del Castillo de Carchuna, otra fortificación vinculada a la protección de esta franja costera.
Dentro del pueblo se encuentra la iglesia del Carmen, un templo del siglo XVIII levantado para atender a una población que en aquel momento mantenía una relación estrecha con la pesca. Otro de los puntos del recorrido es el Mirador de Calahonda, desde el que se puede observar parte de la costa. Ambos lugares permiten continuar la visita por el núcleo y conocer espacios distintos a los que se concentran directamente alrededor de la playa.
De esta manera, una jornada en Calahonda puede continuar después de dejar la orilla. La ensenada y sus fondos forman parte de los principales motivos para acercarse a este rincón de Motril, mientras que las antiguas construcciones defensivas permiten conocer una parte diferente de su pasado. El recorrido combina así el uso actual de la costa con algunos de los elementos que explican cómo este núcleo ha estado relacionado históricamente con el mar.
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