De Mussolini a la Marbella franquista: la herencia turística de las dictaduras
¿Qué tiene que ver una ciudad de vacaciones construida por el franquismo en Marbella y una colonia de vacaciones levantada durante el Estado Novo portugués en Caparica? Para la artista ibicenca Irene de Andrés (Eivissa, 1986), ambas forman parte de una misma historia que arranca en la Italia de Mussolini y atraviesa los proyectos turísticos de las dictaduras europeas: la del turismo como herramienta política, como promesa de bienestar y, finalmente, como industria capaz de transformar radicalmente los territorios que ocupa. En la exposición Por un lugar en el sol, inaugurada en la Galería Juan Silió en el marco de Apertura Madrid Gallery Weekend, la creadora confronta archivos, propaganda, fotografías, vídeos y souvenirs para seguir la evolución de ambos complejos desde su nacimiento bajo regímenes autoritarios hasta el presente.
El proyecto prolonga una investigación desarrollada desde 2018 en torno al ocio, el turismo y las arquitecturas que lo hacen posible, desde las discotecas abandonadas de Eivissa hasta los grandes resorts y cruceros. El punto de partida fue un trabajo sobre Prora, el gigantesco complejo turístico que la Alemania nazi comenzó a construir en 1936 en la isla de Rügen como ciudad de vacaciones para trabajadores y que, décadas después, acabó convertido en apartamentos de lujo. En su nueva exposición individual en Madrid, la artista conecta Marbella y Caparica, dos ciudades de vacaciones levantadas bajo dictaduras que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial y que compartían una concepción nacionalcatólica del ocio.
“Quería saber cómo actúa el turismo, más allá de lo que conocemos hoy”, cuenta De Andrés, quien lo define como “una terraformación del lugar, del imaginario, que acaba sustituyendo la historia de un lugar con una tarjeta postal que funciona como un bien de consumo”. Así, el proyecto muestra la Ciudad Residencial Tiempo Libre de Marbella, levantada durante el franquismo, y la Colónia de Férias Um Lugar ao Sol de Caparica, construida durante el Estado Novo. Separadas por más de 700 kilómetros, nacieron de una lógica común. “Ambas ciudades de vacaciones están pensadas para las familias de clase trabajadora, en lugares donde la principal fuente de ingresos desde hace años es el turismo”, resume la artista.
El proyecto muestra la Ciudad Residencial Tiempo Libre de Marbella, levantada durante el franquismo, y la Colónia de Férias Um Lugar ao Sol de Caparica, construida durante el Estado Novo. Separadas por más de 700 kilómetros, nacieron de una lógica común
El origen de este modelo se remonta, según la creadora, a la Italia de Mussolini y la Opera Nazionale Dopolavoro, que la Alemania nazi replicaría con el programa Kraft durch Freude. Portugal desarrolló su propia versión a través de la Fundação Nacional para a Alegria no Trabalho y España mediante la Obra Sindical de Educación y Descanso. Todos estos organismos respondían, en parte, a una conquista previa del movimiento obrero: el derecho al descanso, la reducción de la jornada laboral y las vacaciones pagadas. “Los regímenes dictatoriales no podían ignorar esas conquistas, pero sí apropiárselas y organizarlas desde el Estado. Era una propaganda muy potente”, resume la creadora.
El modelo no se desarrolló, además, de forma aislada en cada país. La artista señala que los organismos portugués y español mantuvieron durante años intercambios, una circulación de ideas y experiencias que permite entender estas ciudades de vacaciones como parte de una red más amplia de políticas de ocio bajo las dictaduras. El objetivo no era solo facilitar el descanso: también organizar el tiempo libre y ofrecer una determinada forma de vida bajo el paraguas del Estado. Tras la Segunda Guerra Mundial, esa dimensión abiertamente adoctrinadora comenzó a diluirse, según la artista, a medida que los regímenes intentaban adaptarse y mantenerse en el poder, pero las infraestructuras y el modelo turístico permanecieron.
Los regímenes dictatoriales no podían ignorar las conquistas [sociales], pero sí apropiárselas y organizarlas desde el Estado. Era una propaganda muy potente
Iglesia, turismo y familias
En estas colonias, la familia nuclear y católica ocupaba además un lugar central. De Andrés aborda esta cuestión desde las teorías de la reproducción social: “Tenían ese interés por mantener a la familia unida, la familia nuclear, nacional y católica, y al final es una forma también de seguir reproduciendo trabajadores”. El periodo vacacional permitía, además, una pausa en las tareas reproductivas que recaían fundamentalmente sobre las mujeres: “Allí podían descansar para que normalmente también otras mujeres se encarguen de alimentar a su familia”. La presencia de capillas y otros elementos religiosos formaba parte de esa concepción de los complejos. “Al estar construido en esa época, era un elemento que tenía que estar ahí. Al final, son como una especie de pueblos donde viajar de vacaciones”, asegura De Andrés.
El periodo vacacional permitía una pausa en las tareas reproductivas que recaían fundamentalmente sobre las mujeres: 'Allí podían descansar para que normalmente también otras mujeres se encarguen de alimentar a su familia', afirma la artista
La Ciudad Residencial de Marbella se construyó además en paralelo a los llamados pueblos de colonización franquistas, diseñados para intentar frenar el éxodo rural de la población española. “Se crean en paralelo a los pueblos de colonización que se estaban construyendo para el trabajo de agricultores que nunca iban a ir a esos otros pueblos”, explica la artista. La propia lógica de aquellos desplazamientos tenía, además, un reverso turístico: mientras unos territorios expulsaban población rural hacia las ciudades y las zonas costeras en expansión, otros empezaban a recibir a esos trabajadores para construir los hoteles y las infraestructuras del nuevo sector turístico. La relación entre ambos modelos le interesa precisamente porque unos organizaban la vida laboral y otros el tiempo de descanso: “Es bastante similar”.
Pero aquellas vacaciones tampoco estaban abiertas indiscriminadamente a toda la clase trabajadora. En Marbella, los principales usuarios eran funcionarios del Estado y trabajadores de empresas vinculadas al Instituto Nacional de Industria. “No necesariamente eran franquistas, pero eran trabajadores más amparados por el Estado”, matiza la artista. Precisamente por eso Por un lugar en el sol no se detiene en la caída de las dictaduras, sino que sigue qué ocurre después. “Yo he elegido algunos de los modelos que han seguido en funcionamiento, porque me parecía especialmente interesante estudiar esa evolución, que también es parte de la evolución de la propia historia del turismo, y no me interesaba estudiarlos como ruina, sino cuál ha sido esa transformación de ese uso social de esos espacios”, afirma la creadora.
En Marbella, los principales usuarios eran funcionarios del Estado y trabajadores de empresas vinculadas al Instituto Nacional de Industria. 'No necesariamente eran franquistas, pero eran trabajadores más amparados por el Estado', matiza la artista
Vacaciones sociales en la ciudad del lujo
En Marbella, la Ciudad Residencial Tiempo Libre sobrevivió a la Transición y mantuvo durante décadas una función de turismo social. Con la transferencia de las estructuras de patrimonio sindical, pasó a manos de Comisiones Obreras y UGT y siguió ofreciendo vacaciones de bajo coste, incluidos viajes del Imserso y programas para personas con discapacidad. “Son unas vacaciones de bajo coste en un lugar como Marbella, que tiene esa connotación también de turismo un poco lujoso”, señala la ibicenca. En plena Marbella, aquella arquitectura funcionaba como una anomalía: un lugar donde las vacaciones seguían siendo accesibles para quienes no podían asumir los precios del resto de la ciudad.
Hasta que dejó de hacerlo. De Andrés ha investigado en el Archivo de Comisiones y en el Archivo Histórico de Sevilla la evolución del complejo y recoge las denuncias de sus propios trabajadores. “Recientemente, por ejemplo, la de Marbella ha sido privatizada, y ya denunciaban los propios trabajadores de la ciudad residencial la desinversión, un poco cómo estaban dejando morir un poco ese espacio para luego tener la excusa de la privatización”.
Durante la pandemia, sus instalaciones llegaron además a ponerse a disposición de trabajadores sanitarios que no podían desplazarse. Para la artista, el deterioro no era inevitable. “Me parece que ya que está esa arquitectura y que está esa infraestructura hubiese sido lo suyo mantenerlo, no dejar de invertir. Porque, claro, llega un momento en el que ya el coste de la reforma excede lo que supuestamente se puede pagar, pero eso se podía haber evitado”, reivindica De Andrés.
En Marbella, la Ciudad Residencial Tiempo Libre acabó en manos de los sindicatos y siguió ofreciendo vacaciones de bajo coste hasta que ha sido privatizada
Por otro lado, el caso portugués ofrece una evolución diferente. La FNAT fue sustituida por el Instituto Nacional de Aprovechamiento de los Tempos Libres, INATEL, que mantiene una actividad vinculada al turismo social y gestiona el complejo de Caparica. La propia artista ha estado allí como usuaria: “Ahora puedes ser socio, puedes no ser socio, y yo he ido allí como usuaria”. Dos edificios nacidos bajo dictaduras sobreviven, por tanto, de formas distintas a los regímenes que los construyeron. Esa transformación también aparece en la exposición, donde imágenes de archivo, postales, materiales publicitarios y fotografías turísticas se mezclan con vídeos realizados durante sus recorridos.
La metodología de Irene de Andrés busca precisamente poner en relación esas diferentes capas temporales. “Intento trabajar con muchas capas y datos temporales. No me interesa quedarme en el pasado, en dónde y cómo se construyó, sino cuál ha sido la evolución”, asegura la creadora. Para ello combina documentos de archivo con imágenes tomadas durante sus propios recorridos, entrevistas a personas que pasaron allí sus vacaciones y materiales turísticos contemporáneos, desde fotografías de TripAdvisor hasta postales que adquiere y digitaliza. El resultado evita convertir estos complejos en simples restos de un pasado autoritario y los presenta como espacios cuya historia continúa escribiéndose.
La promesa turística en Eivissa
La investigación conecta con el lugar de origen de Irene de Andrés, Eivissa, donde la promesa turística de prosperidad ha transformado por completo la isla. “Hay en esos lugares quienes sirven y quienes son servidos, pero para quién es ese lugar en el sol, para quién es esa promesa de un lugar en el sol”, plantea la artista. El desarrollo turístico supuso allí el paso de una economía prácticamente de subsistencia a otra basada en el turismo, pero también ha dificultado que muchos de los trabajadores que sostienen esa industria puedan vivir en la isla. “Igual el camarero que te está sirviendo el champán está viviendo en una tienda de campaña. A mí eso me parece una vergüenza”, critica la creadora.
Igual el camarero que te está sirviendo el champán está viviendo en una tienda de campaña. A mí eso me parece una vergüenza
De Andrés recuerda también el caso de Can Rova y Can Rova II, donde personas que vivían en asentamientos “estaban pagando por un pedazo de tierra sin acceso a luz eléctrica”. “O sea, esto está pasando en Ibiza”, denuncia. Asimismo, rechaza que la solución pase simplemente por sustituir el turismo de masas por un supuesto “turismo de calidad” si eso significa reservar determinados territorios a quienes tienen mayor poder adquisitivo: “¿Que unas personas son de calidad o no por su poder adquisitivo? Vamos a volver a que solo los súper ricos puedan viajar. Pues tampoco es eso”. Su alternativa pasa por “encontrar un equilibrio” mediante “una regularización de la vivienda” y “un reparto justo de los recursos”.
Ese es, en último término, el recorrido de Por un lugar en el sol: de las vacaciones como derecho conquistado a las vacaciones como instrumento político y, finalmente, al turismo como una de las grandes industrias contemporáneas. Una historia que parte de las arquitecturas de las dictaduras europeas, pero acaba planteando una pregunta muy presente: quién puede vivir en los lugares convertidos en destinos, quién puede permitirse disfrutarlos y quién trabaja para que otros puedan hacerlo.
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