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ENTREVISTA

Marga Melià, la cineasta que retrata el colapso turístico: “No pueden ir contra todo un pueblo”

La directora estrena la película el 4 de septiembre en Mallorca y, a partir de octubre, en diferentes ciudades españolas.

Alejandro Alcolea

1 de septiembre de 2026 21:22 h

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“Cuando ves lo que pasa con el turismo se te parte el corazón”. Rodrigo Sorogoyen no conocía Suportant el paradís cuando llegó a Mallorca para presentar El ser querido, pero el documental de Marga Melià acabó colándose en su intervención ante los medios. El cineasta reivindicó la película como una obra necesaria para mostrar “de lo que somos capaces de pervertir un sitio por esa idea de progreso mal entendido” y se preguntó: “¿Hasta cuándo hay que seguir ganando pasta todo el rato?”. Ocurrió dos días después de que la directora recibiera una gran sorpresa: Sorogoyen quería asistir al preestreno de su película en el Atlàntida Mallorca Film Fest. Entre risas y emoción, la cineasta recuerda que a última hora consiguieron, como pudieron, una entrada para el reconocido director de cine.

El interés que ha despertado Suportant el paradís llega ahora a las salas: se estrena el 4 de septiembre en Mallorca y, a partir de octubre, en diferentes ciudades españolas. La película aparece en un momento especialmente sensible para una isla que este verano ha vuelto a llenar sus calles de protestas contra la masificación turística y la crisis de la vivienda. Pero el conflicto que aborda Melià no es solamente político ni económico, también es íntimo y personal: habla de la pérdida de un lugar y de la dificultad de reconocerse en el territorio que una creía propio.

Ella misma lo experimentó en el Caló d’es Moro. En su primera película rodó allí una escena cuando la cala estaba prácticamente vacía. Hoy, convertida en uno de los símbolos de la masificación turística de Mallorca, no se atreve a enseñársela a su hijo porque, como explica en Suportant el paradís, “no siente que sea la misma playa que recuerda”.

Desde esa experiencia personal, Melià construye una película que nació hace quince años, cuando publicó un libro de conversaciones con veinte artistas mallorquines, cuyas voces ahora recupera —como las de Miquel Barceló, Carme Riera, Cristóbal Serra, Biel Mesquida o Susy Gómez— para cruzarlas con las de una nueva generación de creadores. Entre unas y otras aparece la cruda transformación de Mallorca: de la isla que atrajo a artistas y escritores de otras partes del mundo a la que hoy dificulta el acceso a la vivienda de sus propios creadores y del resto de la población.

Suportant el paradís llega a los cines tras un verano de intensas movilizaciones contra la saturación turística en Mallorca.

La mención al Caló d’es Moro en el documental parece muy significativa. ¿Diría que esa experiencia, tan personal y a la vez relacionada con su hijo, revela de alguna manera el origen de la película?

Mi hijo nació en 2018 y cada vez era peor la situación en la isla. Me daba cuenta de que había lugares a los que ya no llevaba a mi hijo. Antes no íbamos a Magaluf o s’Arenal, pero nos quedaba el resto de Mallorca. Luego cada vez había más lugares en los que no te sentías bien. A partir de 2024 comenzaron las grandes manifestaciones contra este modelo turístico y todos empezamos a reflexionar. Entonces mi hijo me preguntó: “Mami, ¿por qué tanta gente está protestando en la calle contra los turistas?”. No lo entendía. Me dijo: “Si nosotros, cuando viajamos, también somos guiris”. Y yo le dije que tenía toda la razón, que era un tema muy complicado y que intentaría explicárselo con el tiempo.

Yo había hecho un libro sobre esto y nunca había llegado a hacer una película con las entrevistas que tenía, aunque me habría gustado. Pero él siguió hablando del tema y yo pensé: “Tenemos que hacerla. Tenemos que hacerla ya”. De hecho, creo que ahora la gente está más preparada para el mensaje. Las declaraciones que aparecen en la película están grabadas en 2012 y recuerdo que entonces pensaba que eran muy catastrofistas. Pensaba que tenían razón en muchas cosas, pero que eran demasiado pesimistas. No me habría imaginado que quince años después estaríamos no como decían, sino peor. Mucho peor.

De hecho, en la película aparecen imágenes de archivo incluso anteriores. En una de ellas, un corte publicitario de 1977, se habla de una “invasión pacífica” cuando un grupo de turistas baja de un avión. ¿Cree que la aparente paz tras la imagen del turista ha reforzado la invisibilización de los conflictos que provoca la industria turística?

Cuando encontré esos vídeos estaba alucinando, porque ya estaban marcando el inicio del boom turístico. Eso le daba una perspectiva muy interesante al documental: decía, sin decirlo, que esto se estaba gestando desde hacía mucho tiempo. No ha sido casualidad. Se ve que todo se ha acelerado y que el mundo está cogiendo una deriva muy bestia detrás de esto. Me encantaba también ver el tono que empleaban, tan naíf y optimista, como si Mallorca fuera el cielo y todo fuera idílico. Es un contraste muy grande con lo que vivimos ahora. Pero ponerle ese espejo al presente es muy interesante.

Además, creo que el problema va mucho más allá de lo turístico. A mí siempre me ha resultado muy natural tratar con extranjeros, porque mis padres eran guías, he vivido fuera y me gustan los idiomas. Lo que ha ocurrido es una metamorfosis hacia algo que provoca crisis, alienación, crisis de identidad y mucho desconcierto. Y que tu tierra esté en crisis hace que tú acabes teniendo también una crisis sobre quiénes somos. Luego están las cosas realmente graves: gente que quiere trabajar aquí y no puede pagar el alquiler. Cosas muy brutales, reales y horribles.

Que tu tierra esté en crisis hace que tú acabes teniendo también una crisis sobre quiénes somos. Luego están las cosas realmente graves: gente que quiere trabajar aquí y no puede pagar el alquiler. Cosas muy brutales, reales y horribles

El reconocido pintor mallorquín Miquel Barceló es uno de los entrevistados en el documental.

Ese cambio social ha ido acompañado, con el tiempo, de un cambio en la población que ha generado el actual ciclo de protestas. Antes, muchas veces se respondía a cualquier crítica con la idea de que Mallorca “vive del turismo”. ¿Cree que se ha roto, definitivamente, ese mantra?

Yo creo que sí ha habido ese cambio de chip. Antes cualquier queja se solucionaba con esa frase. Ahora, incluso gente que vive directamente del turismo, dice: “Bueno, vivimos del turismo, pero... un momento. Seguramente no se han hecho bien las cosas y hay mejores maneras de hacerlas”.

Creo que necesitamos una autocrítica como sociedad. No todo el mundo es culpable ni todo el mundo ha estado involucrado, pero hay cosas que no se han hecho bien. Lo que todavía tenemos pendiente es hacer una reflexión colectiva, hacer un poco de autocrítica. Cambiar la conciencia ya es un paso. El hecho de que ahora estemos hablando de estas cosas, de que estén sobre la mesa, ya es un paso respecto a hace quince años. Incluso he escuchado a gente de grandes cadenas decir: “Oye, las cosas ya no van como toca”.

Todavía tenemos pendiente hacer una reflexión colectiva, hacer un poco de autocrítica. Cambiar la conciencia ya es un paso

En el documental hay una diferencia entre las preocupaciones más simbólicas de las voces de hace quince años y las de los creadores jóvenes, mucho más centradas en la vivienda. Pensándolo desde la película, ¿están siendo expulsados del paraíso?

Los de hace quince años le daban más vueltas al tema simbólico, psicológico o sociológico. Los de hoy van mucho más al grano porque realmente nos lo encontramos en el día a día. Los primeros veían todo esto de cara a lo que vendría. En 2012 no era un tema de conversación entre la gente normal y corriente. Ahora es uno de los grandes temas de los mallorquines, como también ocurre en Barcelona o en Berlín. Y por eso creo que está muy relacionado con la deriva del mundo. ¿A quién le gusta vivir en un parque temático hecho para el postureo, donde la gente no vive de verdad?

En 2012 no era un tema de conversación entre la gente normal y corriente. Ahora es uno de los grandes temas de los mallorquines, como también ocurre en Barcelona o en Berlín. ¿A quién le gusta vivir en un parque temático hecho para el postureo, donde la gente no vive de verdad?

Me gustaría que la reflexión sobre la turistificación, la masificación y convertir los lugares en parques temáticos llevara también a una reflexión más profunda: ¿cómo queremos vivir nuestra vida? ¿Cómo queremos habitar el mundo? Cuando hablamos de decrecimiento en la película es para preguntarnos qué estamos persiguiendo. ¿Por qué siempre se piensa que más es mejor? Creo que ese es el origen de todo el problema.

Marga Melià, junto a su hijo, en una de las escenas de Suportant el paradís.

En cuanto a los artistas y la gente de la cultura, el documental reivindica su capacidad crítica a través de diferentes casos, como el de Joan Miró o Llorenç Villalonga. Sin embargo, muchos artistas actuales de Mallorca aseguran autocensurarse a menudo, por miedo a caer en las listas negras de las instituciones. ¿Ha habido algún caso similar en el desarrollo de este proyecto?

Hace unos años era muy atrevido pronunciarse y por eso admiro mucho a quienes quisieron hacer las primeras entrevistas. Ahora una parte mucho mayor de la sociedad entiende el problema y lo tiene sobre la mesa, y no da tanto miedo hablar. En nuestro caso no ha habido problemas con ningún artista, pero también se ve que hay una parte de las instituciones que quiere dialogar y otra que no.

Esta película, por ejemplo, cuenta con apoyos del Consell de Mallorca y de IB3. Me parece valiente y creo que es la única vía lógica para llegar a un bienestar colectivo. Al final, cada vez somos más y no te puedes posicionar contra toda la sociedad. Si alguien penaliza a un artista por expresar abiertamente un malestar que es el de toda la sociedad o casi toda, creo que es una estrategia con poca visión. La única vía posible es escuchar a la gente y no censurar. No puedes escuchar solo a cuatro. Negar el problema y mirar hacia otro lado no lleva a ningún sitio. Y es que ya se ha desbordado.

La escritora Carme Riera habla sobre su visión del arte, la literatura y la evolución del territorio insular.

Aunque parezca que la política “no puede posicionarse contra toda la sociedad”, por otro lado, colectivos como Menys Turisme, Més Vida avisan de que se está “criminalizando” la protesta tras las cargas policiales en la manifestación del 26 de julio. Hace pocos días, la policía envió un informe en el que “culpaba” a una “masa hostil” de las cargas, según el colectivo organizador.

Yo estuve en la manifestación, aunque no llegué al final. Cuando estuve era súper pacífica. Había niños y gente de todas las edades y de todos los orígenes sociales. Era sencillamente un pueblo unido que está cansado y que quiere estar bien en el lugar en el que vive… Y, bueno, para que no se interprete mal lo anterior que comentaba: lo que quiero decir es que, si son un poco vivos, a los políticos no les debería quedar otra que escuchar y ver que no pueden ir contra todo un pueblo. Eso es lo que quiero decir. Y si se ponen a girar la cabeza hacia otro lado y a negar el problema… Es brutal, ¿no?

El mundo no es perfecto ni idílico, ni es como a mí me gustaría. Pero yo lo que digo, repito y repito es que necesitamos diálogo. Por ejemplo, en la película Cien libros juntas mostramos un grupo de lectura que para mí ha sido un entrenamiento súper guay para hablar apasionadamente sobre un montón de temas desde opiniones diversas sin enfadarnos nunca. Realmente, creo que los políticos podrían apuntarse a un club de lectura y todo sería mucho mejor.

“Lo que ha ocurrido es una metamorfosis hacia algo que provoca crisis, alienación, crisis de identidad y desconcierto”, expresa la cineasta.

Por terminar: hay una frase de Pep Tosar en el documental que dice que la isla tiene dos opciones: desaparecer o renacer de…

De sus propias cenizas.

Sí. Entonces, retomando la primera pregunta de la entrevista: ¿qué tendría que pasar para que pudiera ir con su hijo al Caló d’es Moro y sentir que vuelve a reconocer aquel lugar?

¿Se puede renacer desde el Caló d’es Moro? Me gustaría pensar que sí. Es muy difícil y no solo están en juego fuerzas de aquí, sino globales. Estamos inmersos en una realidad que escapa bastante de nosotros y cada vez parece que va peor. Pero si nos resignamos a aceptar que todo esto se va a la mierda, eso solo nos llevará a aceptar el final de muchas cosas.

Estamos inmersos en una realidad que escapa bastante de nosotros y cada vez parece que va peor. Pero si nos resignamos a aceptar que todo esto se va a la mierda, eso solo nos llevará a aceptar el final de muchas cosas

Cartel de 'Suportant el paradís'.

Por último, quiero añadir que la película no ignora que hay otras realidades mucho peores. Es una reflexión sobre la realidad de un lugar que puede aplicarse a muchos otros y que es más peligrosa de lo que parece. Es una cosa muy pacífica, que tiene consecuencias mucho más fuertes de lo que uno puede ver a primera vista. No me gustaría que se interpretara como “mira esta que vive en un paraíso y se queja de que tiene demasiados guiris y no puede ir a sus playas favoritas”. La realidad es mucho más compleja.

Bueno, no está mal hablar si se es consciente del privilegio.

Eso está muy claro, sí.

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