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Mapas y claves para entender qué está pasando con la sequía en Cantabria

Imagen del mapa de la sequía en España, con sequía extrema en el norte

Raúl Sánchez / Elsa Cabria

Madrid/ Santander —
1 de septiembre de 2026 22:56 h

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La sequía que sufre Cantabria ha provocado que el Gobierno autonómico (PP) haya autorizado en pleno agosto un paquete de ayudas extraordinarias de tres millones de euros para 2.309 ganaderos, que el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) considera insuficiente, por la financiación y los tiempos de ejecución de las ayudas.

A lo largo del verano, algunos ayuntamientos de Campoo y Liébana han sufrido restricciones de agua. Al menos, más de una decena de municipios consultados por elDiario.es han movilizado camiones cisterna y han emitido bandos municipales para limitar o directamente prohibir que se llenen piscinas, que se limpien coches o el riego “indiscriminado” -como en Vega de Liébana- porque “los recursos hídricos están muy por debajo del nivel medio”, señala en el bando su alcalde Gregorio Alonso, sobre un municipio donde la sequía es moderada, pero ha aumentado un 15% respecto a su recorrido histórico.

La razón es que Cantabria ha alcanzado este verano el segundo puesto de las comunidades autónomas donde más ha aumentado la sequía, con zonas de sequía severa en la zona central y occidental, siendo la comarca de Saja Nansa, con la más afectada, muy en particular Cabuérniga, Rionansa y Los Tojos, según ha analizado elDiario.es a través del Monitor de Sequía del CSIC.

Para saber si un territorio está más seco de lo normal, el índice SPEI resume esa situación en una sola cifra. No mira solo cuánta lluvia cae: también descuenta el agua que el calor evapora del suelo y de las plantas. Los datos proceden del Monitor de Sequía del CSIC y están estandarizados: el 0 es la situación normal de cada lugar. Los valores negativos indican sequía y, cuanto más abajo, más severa. Las cifras parten de los registros de miles de estaciones meteorológicas de la AEMET desde 1960 que se interpolan a celdas de un kilómetro cuadrado en todo el territorio español.

El índice (SPEI) a 24 meses acumula los dos últimos años. Es una ventana amplia, pensada para reflejar las sequías largas -las que vacían embalses y acuíferos y castigan los cultivos- y no los altibajos de unos meses sin lluvia. Para medir los datos por comunidades autónomas y municipios, el cálculo define la media del índice en las celdas que caen dentro de cada territorio.

Ningún municipio cántabro ha registrado sequía extrema, pero los municipios más afectados por sequía severa están todos en la comarca de Saja-Nansa, en el centro occidental de la comunidad: Cabuérniga, Rionansa, Los Tojos, Tudanca, Herrerías y Ruente. Entre éstos, Los Tojos y Tudanca son donde más ha aumentado, entre los que han sufrido sequía severa, respecto a su registro histórico, con un 7% más.

En el ranking de comunidades más afectadas, solo por detrás de Asturias -y por delante de Canarias, Euskadi e Illes Balears-, el nivel de sequía más extremo en España ha sido el de Cantabria. Coinciden las tres comunidades del norte en la cima: son las regiones donde más ha aumentado, tomando en cuenta la falta de lluvia, cruzada con el exceso de agua que se ha evaporado del suelo y de las plantas por efecto de las reiteradas olas de calor.

La comarca de Saja Nansa limita con Liébana y Campoo-Los Valles y engloba 18 municipios. En casi mil kilómetros cuadrados, y con una población aproximada de 32.000 habitantes, se ha visto muy afectada por la sequía. El primer puesto lo ocupa Cabuérniga, en el valle de mismo nombre.

“Estamos ayudando a los ganaderos para llevarles agua para el ganado”, dice Rosa María Fernández, alcaldesa de Cabuérniga, sobre el traslado de camiones con agua. Describe el municipio como un lugar dedicado a la ganadería extensiva de carne, donde vacas y yeguas pacen en un monte de utilidad pública llamado Valdefría. “Es una extensión de terreno grande donde ahora no hay agua, entonces los animales se tienen que mover y se están moviendo solos, más abajo, cerca de los pueblos” a buscar comida, confirma sobre una tendencia creciente en Cantabria.

“Por la seca”, dice en referencia a la sequía, “ahora mismo falla más la comida que el agua, pero como la cosa siga, voy a tener que tomar alguna medida”, avanza la regidora, que manifiesta una preocupación: “Si empiezan a dar de comer ahora, pues a lo mejor, algunos ganaderos se encuentran en marzo que no tiene comida ya para los animales en la cuadra”

Lo que sí aprecia la alcaldesa de Cabuérniga es un cambio brutal en Valdefría, también llamado Las Ollas: “El paisaje está cambiando en verano: ha pasado de ser un verde intenso a tener tramos en que es verde mezclado con amarillo, luego marrón y vuelve otra vez un poco de verde”. Esto solo le permite una cosa: saber por dónde queda agua, dice.

“Restricciones no hemos tenido”, apunta Jesús Cabariezo, alcalde de Cabezón de Liébana, “pero con las cubas de agua que nos ha dado el gobierno de Cantabria estamos subiendo agua a pueblos donde están mal de agua”. Algo similar a lo que ha sucedido en Valderredible, en el municipio de Castrillo de Valdelomar, donde han necesitado camiones cisterna también.

Con 15 casas habitadas, cuenta José Miguel Fernández, alcalde pedáneo, ha visto un gran consumo por vecinos que no residen todo el año. Y advierte sobre la sequía que se prolongará en invierno: “No nieva como antes, cuando toda la ladera del monte donde estaba el manantial estaba tapado de nieve hasta mediados de mayo”.

El caso de consumo de agua más desorbitado este verano ha sido en el del Ayuntamiento de Campoo de Suso, donde decidieron vigilar con drones el consumo de agua, después de haber registrado 130.000 litros de agua consumidos en la pedanía de Naveda, en solo 24 horas. Una vez comenzó la vigilancia, el consumo se normalizó. Esta situación puntual confirma una realidad que ha reconocido el Gobierno del PP y que impacta en la sequía: Cantabria tiene un gasto “excesivo” de agua, el más alto del país.

En los últimos 66 años, Cantabria ha registrado varios momentos de sequía, destacando el año 1990 como el último momento crítico de sequía extrema, previo al actual, según los datos del monitor. Como periodos de sequía moderada, destacaron los ños 2003, 2006 y 2007 y la tendencia se reprodujo en 2024.

El verano meterorológico -junio, julio y agosto- ha registrado en Cantabria “aproximadamente” un 40% menos de lluvia de lo habitual, avanza Sergio Fernández, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en Cantabria. Este cálculo, abunda, se realiza tomando como referencia el periodo 1991-2020 de la Organización Meteorológica Mundial.

“El periodo de precipitaciones por debajo de lo normal se viene arrastrando ya durante tres meses, desde la segunda quincena de mayo”, cuenta. “Pero lo verdaderamente extraordinario de este verano de 2026 es que ha sido extremadamente cálido, explica Fernández, convirtiéndose en el verano más cálido de la serie histórica desde al menos 1961.

Es más, supera a los anteriores veranos históricos de calor, los de 2003 y 2022, por prácticamente medio grado de diferencia. Registra una anomalía térmica de entre 2,5 y 2,6 grados por encima de la media del periodo de referencia, situando el promedio de Cantabria en torno a los 19,8 o 19,9 grados. Un valor que puede no sonar muy elevado, advierte, pero es que la media incluye zonas montañosas frías como Picos de Europa o Alto Campoo.

Esa “anomalía cálida” de 2,5 grados por encima de lo habitual produce que la evapotranspiración sea “muchísimo” más elevada en 2026, “lo que genera un aumento drástico en las necesidades hídricas de la vegetación y de la fauna”, explica Fernández, dando contexto meteorológico a la situación de muchos municipios cántabros.

La sequía de 2026 en Cantabria no se entiende solo porque llueva menos, si no por el efecto del calor en la tierra y la vegetación, que se llama evapotranspiración. A más temperatura, más acusada es la sequía. Desde 2017, la tendencia a una mayor evapotranspiración se ha hecho notoria en Cantabria.

Contra lo que pueda parecer, advierte Sergio Fernández, de la Aemet, este verano no sería el más seco registrado en Cantabria, sino que se situaría “probablemente” entre el quinto y el séptimo puesto de los veranos más secos en Cantabria desde 1961, a expensas del cierre del verano meteorológico: “No obstante, al sumarse la falta de lluvias con la extraordinaria anomalía térmica de temperatura, el efecto devastador sobre la vegetación”.

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