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A la espera del siguiente gran terremoto en España
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A la espera del siguiente gran terremoto en España: “El reloj está sonando y no estamos preparados”

A la espera del siguiente gran terremoto en España.

Antonio Martínez Ron / Raúl Sánchez

21 de agosto de 2026 21:48 h

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Sabemos que va a ocurrir, sabemos qué zonas pueden ser las más afectadas y hasta la intensidad que podría alcanzar, pero nadie puede ponerle fecha. Los especialistas saben que el próximo gran terremoto en España es una cita inevitable y coinciden en que en nuestro país hemos perdido la memoria sobre este riesgo. “Terremotos que han causado cientos de víctimas pueden volver a ocurrir y hay que estar preparados”, admite Juan Vicente Cantavella, director de la Red Sísmica Nacional. “Esto no es la falla de San Andrés, pero hemos tenido terremotos históricos importantes que superan la magnitud 6 y tenemos que saber qué hacer en ese escenario”, recuerda el geólogo y divulgador Nahúm Méndez Chazarra.

Algunas voces, como la de Belén Benito, catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) experta en riesgos sísmicos, van más allá. “Estamos en tiempo de descuento”, asegura. “En el siglo XX no ha habido ningún gran terremoto y eso nos ha hecho perder la conciencia del riesgo que tenemos”. “El reloj está sonando, se está acercando y va a ocurrir sí o sí”, asegura Patricio Venegas Aravena, especialista en terremotos de la Universidad Loyola Andalucía. Desde su experiencia en Chile, Venegas cree que en España estamos “muy poco preparados”. “Estamos dormidos y hay que despertar ya: autoridades y ciudadanos, aumentando la percepción del riesgo”.

Una peligrosa cuenta atrás

Aunque los hayamos borrado de la memoria colectiva, los grandes terremotos forman parte de la historia geológica de la península. De vez en cuando, como en la serie sísmica que afecta a Granada en las últimas semanas, la tierra tiembla en el sur de España, pero nada en comparación con los seísmos históricos, ni siquiera el de Lorca en 2011. El más famoso fue el de Lisboa de 1755, que generó un gran tsunami y se sintió en buena parte de Europa occidental. Pero en la lista destacan otros como el terremoto de Almería de 1522, que arrasó la ciudad y numerosas localidades cercanas; el de Torrevieja de 1829, que devastó la Vega Baja alicantina, y el terremoto de Arenas del Rey (Granada) de 1884, el más destructivo del registro, con centenares de muertos y miles de edificios destruidos.

Los geólogos no pueden decir con exactitud cuándo sucederá la siguiente gran sacudida. El conocido como “periodo de recurrencia” —el tiempo estimado entre grandes terremotos— no es un criterio bien definido y no funciona como un reloj exacto. “Tenemos un registro histórico de terremotos de unos 1.000 años y estamos hablando de periodos de retorno de 500, así que es poco fiable”, señala Cantavella. “Ya no pensamos tanto en ese periodo de recurrencia, que puede darle a la gente la falsa sensación de que algo es periódico o que está en una zona temporalmente libre de riesgo”, advierte Méndez Chazarra.

Estamos dormidos y hay que despertar ya: autoridades y ciudadanos, aumentando la percepción del riesgo

Patricio Venegas Aravena Especialista en terremotos de la Universidad Loyola Andalucía

Sin embargo, muchos expertos coinciden en que la calma aparente del último siglo es una señal inquietante. “En España hemos tenido en promedio dos terremotos destructores por siglo, desde el siglo XV, que es cuando tenemos reportes completos y en el siglo XX no ha habido ninguno”, insiste Belén Benito. “Cuando tú te das cuenta de que el último de magnitud superior a 6 es el de 1884 de Andalucía, por lógica y por estadística puedes deducir que cada vez estamos más cerca de que tengamos otro evento de estos”, coincide María Ortuño, especialista en paleosismología de la Universidad de Barcelona (UB).



“La energía se está acumulando”, apunta Pablo Silva, catedrático de Geomorfología y Riesgos Geológicos de la Universidad de Salamanca (USAL). “La convergencia tectónica entre África y Eurasia en la zona de la Bética es de entre 2 y 4 milímetros al año. A los 10 años son 40 milímetros y a los 100 años son 40 centímetros. Cuanto más tiempo pasa, más deformación se acumula y mayor será el terremoto”. Esto no valida la afirmación errónea tantas veces repetida de que la acumulación de pequeños terremotos disipa el riesgo de un terremoto grande. “Hay tanto salto entre un punto de magnitud y el siguiente que tendría que haber millones de terremotos pequeños para liberar la misma energía que uno grande”, advierte Cantavella.

La convergencia tectónica entre África y Eurasia es de entre 2 y 4 milímetros al año. Cuanto más tiempo pasa, más deformación se acumula y mayor será el terremoto

Pablo Silva Catedrático de Geomorfología y Riesgos Geológicos de la Universidad de Salamanca (USAL)

Lo cierto es que midiendo el desplazamiento de las fallas mediante GPS podemos saber cómo están de tensionadas, argumenta Venegas. “Con las mediciones de la tasa de deformación, puedes saber la cantidad de tiempo que se necesita para que se genere un terremoto de gran magnitud”, señala. “En el terremoto de 2010 en Chile, había estudios que decían que había una zona que estaba acumulando mucha energía y eventualmente el terremoto ocurrió”.

El mapa de riesgos

En cuanto a las zonas de riesgo, el director de la Red Sísmica Española recuerda que los principales focos de atención son el sur y sureste de la península ibérica, los Pirineos y la zona atlántica del Golfo de Cádiz, donde se produce el proceso de subducción que generó el terremoto de Lisboa y posterior tsunami. “En general, podemos decir que en España las fallas no pueden producir terremotos de magnitud por encima de 7, o que es muy difícil”, señala Cantavella. Eso no quiere decir que terremotos de menor magnitud y más superficiales no puedan causar una gran destrucción. “Esas zonas que están acomodando esas tensiones de la colisión entre el continente euroasiático y el africano son las que mayor probabilidad tienen de que ocurran esos terremotos destructivos”, indica Méndez Chazarra.



Además de la zona del Golfo de Cádiz, donde se han descubierto muchas fallas de tipo subducción y está acumulando energía que tendrá que liberar, a Patricio Venegas Aravena le preocupa la zona de Valencia. “Esta área tiene un registro de grandes seísmos en el pasado, pero desde hace unos 300 años no se ha producido ningún gran terremoto”, asegura. “Esas zonas que acumulan más energía son en las hay que tener más cuidado”.

El peor escenario

Los científicos no solo tienen en mente la probabilidad de que se repita un gran terremoto, sino que han simulado lo que pasaría de repetirse hoy día, con la densidad de población actual. En 2025 el equipo de Pablo Silva utilizó el avanzado sistema de simulación de daños PAGER, el mismo que usa el Servicio Geológico de Estados Unidos, para recrear de manera realista las consecuencias que tendrían en la actualidad el terremoto de Torrevieja de 1829 y el de Arenas del Rey de 1884. “Y en el de Torrevieja nos sale un desastre gigantesco”, resume el investigador de la Universidad de Salamanca.



En el peor de los escenarios, el temblor generaría una aceleración horizontal máxima del suelo de hasta 0,81g, una fuerza de sacudida lateral devastadora que supera con creces el límite de 0,55g que la normativa de construcción contempla para el peor caso en todo el país. Esto provocaría de inmediato procesos de licuefacción del suelo, muchas infraestructuras críticas colapsarían en los primeros segundos y necesitaríamos ayuda internacional. Con la zona en plena ocupación turística, el modelo de simulación arrojaba cifras escalofriantes, de entre 11.000 y 28.000 fallecidos.

“Por el contrario, para el de Arenas del Rey, que fue más fuerte, como no ha habido un desarrollo turístico y urbanístico en la zona afectada (el sur de la provincia de Granada), nos salen unos daños estimados, muertes y pérdidas muy similares a los que ocurrieron en 1884”, señala Silva. “No se nos iría de las manos”. En su opinión, el factor de mayor riesgo es haber urbanizado toda la costa desde el Mar Menor hasta Santa Pola, donde acuden miles de personas todos los veranos. “Las construcciones en su mayoría son de los años 70 y 80, y la primera norma de construcción sismorresistente moderna en aceleraciones del terreno es del año 1994”, afirma. “Eso es una encerrona”.

Normativa desfasada

A los expertos consultados por elDiario.es les preocupan particularmente las edificaciones antiguas construidas en las zonas de riesgo sísmico antes de las normativas estrictas. “Tenemos un parque de viviendas y edificaciones que es histórico, de modo que el riesgo sísmico puede ser más elevado incluso ahora que hace cien años, también porque ahora hay más gente”, señala Méndez Chazarra.

A esto se le suman que nuestra normativa ha quedado desfasada. España sigue aplicando como norma obligatoria de construcción antisísmica la NCSE-02, aprobada en 2002, hace más de dos décadas, y aún no ha culminado la adaptación plena al Eurocódigo 8, el estándar europeo que incorpora los avances más recientes en ingeniería sísmica y evaluación del riesgo. El proyecto llamado a sustituirla, la NCSR-22, permanece sin aprobar y en 2024 el Gobierno suprimió la Comisión Permanente de Normas Sismorresistentes, el órgano de expertos que durante medio siglo se encargó de elaborar y actualizar la normativa sísmica española, sin que se haya creado una alternativa.

Mapa oficial de peligrosidad sísmica.

Los expertos coinciden en que los mapas de peligrosidad sísmica, que fueron creados para las aseguradoras, no son una buena referencia y se necesitan herramientas más precisas. Miguel Ángel Rodríguez-Pascua, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), aboga asimismo por actualizar el mapa de fallas activas de manera sistemática en todo el territorio. “Que haya zonas en blanco en el mapa actual no implica que no haya fallas activas, sino que no se han estudiado”, asegura. “Una vez que se hayan estudiado podremos decir qué es activo y qué no, pero en la actualidad ni podemos decir eso”.

Rodríguez Pascua participa en el Plan Nacional de Vigilancia Sísmica, Vulcanológica y otros Fenómenos Geofísicos, aprobado recientemente y cuyo objetivo es modernizar estas herramientas y conseguir financiación para una cartografía de los mapas más precisa, como se ha hecho en Turquía. “Una vez que tengamos claro qué fallas activas hay, se podría utilizar esa información para hacer simulaciones en localidades específicas con herramientas como PAGER y establecer mejor los riesgos en cada sitio”, defiende.

Ciudad por ciudad

En cuanto al riesgo sísmico en las ciudades, aún queda mucho por hacer. El caso más avanzado es Catalunya, donde el plan de emergencias SISMICAT incorpora una evaluación sistemática de la vulnerabilidad de edificios e infraestructuras esenciales, pero fuera de allí, y estudios puntuales realizados en Lorca tras el terremoto de 2011 o para Granada, Murcia y Málaga, no hay nada.

“Nos preocupa que hay mucha construcción en mampostería, sobre todo en el sur de España”, recalca Belén Benito. “Es muy vulnerable y todos esos edificios deberían estar siendo rehabilitados o reforzados, y eso no se está haciendo”. “Toda la norma sismorresistente se ha aplicado bastante bien a los cimientos en general, pero no han tenido en cuenta los elementos externos como cornisas y balcones”, incide María Ortuño. “En Lorca, por ejemplo, de haber tenido esto en cuenta habrían muerto tres personas y no nueve”.

La norma sismorresistente se ha aplicado bastante bien a los cimientos en general, pero no han tenido en cuenta los elementos externos como cornisas y balcones

María Ortuño Especialista en paleosismología de la Universidad de Barcelona (UB)

“Como hemos visto en Venezuela y Colombia, lo que mata no son los terremotos, sino las edificaciones en las que vive la gente”, señala Pablo Silva. “La normativa sismorresistente se aplica para edificaciones de nueva construcción, pero en las zonas turísticas tenemos un parque urbano de los años 70 y 80”. Patricio Venegas Aravena alerta de que estas construcciones en las grandes ciudades costeras jamás han sido puestas a prueba ante un sismo real y aboga por un plan urgente de revisión y refuerzo estructural. “No sabemos cómo pueden responder frente a un terremoto superficial”, asegura. “En España hay que tratar de poner refuerzos, vigas diagonales que sean de metal en la infraestructura crítica, como colegios y hospitales”.

María Ortuño comparte plenamente esta preocupación. “Desde mi punto de vista, los municipios deben hacer una revisión retrospectiva de sus instalaciones críticas, dónde tienen las estaciones de bomberos, los ayuntamientos o las escuelas”. “Cuando uno tiene que construir algo, no puede construir en función de probabilidades. Hay infinitos escenarios, pero tu estructura tiene que aguantarlos todos”, asegura Venegas “Nosotros somos perecederos, pero los edificios en los que vivimos y vivirán nuestros descendientes van a seguir ahí. Si no hacemos nada ahora, las consecuencias las sufrirán nuestros hijos o nietos: hay que actuar”.

“Lo que está demostrado es que las medidas de autoprotección son lo que más vidas salva en un terremoto y, hasta ahora, no se ha educado a los niños y a las niñas en los colegios”, advierte Rodríguez Pascua. Este es el déficit que pretende paliar el reciente Plan de Formación ante emergencias de Protección Civil aprobado por el Gobierno. “Si tú llegas a todas las escuelas, los niños lo cuentan en sus casas y eso salva vidas”, comenta María Ortuño. Después de años en los que los propios expertos no se atrevían a hablar de un gran terremoto, por miedo a ser acusados de alarmistas, muchos creen que es el momento de concienciar y educar a la sociedad sobre esa posibilidad. “Hay que hacer un esfuerzo por divulgar sin alarmar”, concluye Ortuño. “Los ciudadanos tienen derecho a tener esa información”.

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