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El límite de la vida humana: a grandes preguntas, respuestas realistas (y científicas)

Sofía Ferreira, Juan Carlos Acosta,  Daniel Muñoz Espín, Jesús Gil y Ana O’Loghlen.

Antonio Martínez Ron

27 de septiembre de 2026 22:40 h

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Durante el último siglo, la humanidad ha experimentado una auténtica revolución que ha disparado la esperanza de vida de forma sin precedentes. Sin embargo, la ciencia se enfrenta ahora a una gran incógnita: ¿existe un límite biológico infranqueable para la vida humana o los avances tecnológicos nos permitirán seguir ampliando nuestra longevidad? Para arrojar luz sobre esta y otras grandes preguntas, hablamos con cinco investigadores españoles que lideran laboratorios de referencia en España y el Reino Unido.  

Juan Carlos Acosta, Sofía Ferreira, Daniel Muñoz Espín, Ana O’Loghlen y Jesús Gil coinciden en que un aumento de la esperanza de vida que no vaya acompañado de una mejora proporcional en la salud supondría un fracaso, generando un incremento de la fragilidad, el sufrimiento y una presión insostenible para los sistemas sociales y sanitarios.  

El esfuerzo de la biomedicina se centra en promover un ‘envejecimiento saludable’, abordando las raíces biológicas de la vejez para evitar que los últimos años de vida estén marcados por el declive cognitivo, el cáncer y la dependencia.

Las grandes preguntas de la longevidad 

1. ¿Cuántos años podremos llegar a vivir los humanos? ¿Existe un límite? 

2. ¿Es el envejecimiento una enfermedad? 

3. ¿Qué limitaciones fundamentales tiene la investigación en esta área? 

4. ¿Puede aumentar la esperanza de vida sin mejorar la calidad de vida? 

5. ¿Qué implicaciones tendrá en la salud pública y la sociedad el alargamiento de la esperanza de vida?

6. ¿En qué área concreta está investigando en su laboratorio? 

7. ¿Cuál es el avance más relevante que ha visto en los últimos diez años? 

“Un riesgo es la generación de falsas expectativas en un ámbito con implicaciones éticas, morales y sociales” 

Juan Carlos Acosta (Girona, 52 años), investigador del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC), estudia en su laboratorio uno de los factores que contribuyen al envejecimiento: la senescencia celular, centrando sus consecuencias sobre todo en el cáncer. El objetivo final del trabajo de su equipo es potenciar los efectos antitumorales de la senescencia y, al mismo tiempo, limitar sus efectos negativos asociados al envejecimiento. 

1. No sabemos a ciencia cierta si existe un límite real para la esperanza de vida humana. Durante muchos siglos, la esperanza de vida al nacer se mantuvo en torno a los 30 años, en gran medida debido a la elevada mortalidad infantil. Sin embargo, en el último siglo estamos viviendo una auténtica revolución en la expansión de la esperanza de vida. 

Este aumento no se debe a un descubrimiento puntual, sino que es el resultado de múltiples avances científicos, médicos, sociales y de infraestructura que, de forma acumulativa, han ido mejorando las condiciones de vida. Sin embargo, no sabemos si esta tendencia puede prolongarse indefinidamente o si existe un límite más allá del cual los avances médicos ya no logren aumentar significativamente la esperanza de vida. 

2. El envejecimiento no es una enfermedad. Sé que catalogarlo como tal tiene un valor pragmático y puede ayudar a enfocar la investigación hacia el desarrollo de terapias que mejoren el bienestar durante la vejez, pero el envejecimiento forma parte natural de nuestro ciclo vital. Incluso si se desarrollan terapias capaces de extender la esperanza de vida, seguirá siendo una característica inherente a nuestra biología. Por ello, prefiero hablar de envejecimiento saludable frente a envejecimiento patológico, centrando el foco en el alargamiento de la salud y del bienestar. 

3. La mayor limitación de la investigación en envejecimiento es la propia complejidad del proceso, porque es un fenómeno multifactorial, y profundizar en uno de sus componentes no garantiza necesariamente una comprensión ni una intervención eficaz a nivel holístico del organismo. 

Otra gran limitación es la forma en la que medimos el envejecimiento. En los últimos años, se han desarrollado herramientas muy interesantes, como los llamados relojes epigenéticos. Sin embargo, esto entraña un riesgo: al simplificarlo a una medición concreta, podemos acabar desarrollando estrategias que mejoren ese marcador sin que tenga consecuencias reales sobre el envejecimiento en toda su complejidad. Existen también limitaciones éticas y conceptuales relacionadas con el uso de modelos animales. Muchos de los descubrimientos clave se han realizado en organismos modelo que permiten una enorme capacidad de intervención experimental, pero cuyo envejecimiento no reproduce plenamente la complejidad del envejecimiento humano. 

Otro riesgo importante es la generación de falsas expectativas en un ámbito con profundas implicaciones éticas, morales y sociales. El ser humano siempre ha sentido fascinación por la inmortalidad y el rejuvenecimiento, desde la búsqueda del elixir de la eterna juventud hasta mitos como el de Fausto. La investigación en envejecimiento se mueve con facilidad en esa frontera, lo que exige una comunicación especialmente responsable. Finalmente, existen limitaciones técnicas y prácticas. Los estudios en envejecimiento son, por definición, largos y costosos, lo que entra en conflicto con el modelo actual de investigación científica, que premia la productividad rápida y los resultados a corto plazo. 

4. La esperanza de vida puede aumentar sin que lo haga necesariamente la calidad de vida. De hecho, esta es una de las grandes preocupaciones de las sociedades actuales. Desde el siglo XX estamos inmersos en una auténtica revolución de la esperanza de vida, en la que el número de años que vivimos ha aumentado de forma notable. Sin embargo, este incremento no siempre ha ido acompañado de una mejora equivalente en los años vividos con buena salud. Como consecuencia, una parte creciente de la población pasa más tiempo conviviendo con enfermedades crónicas y degenerativas, lo que puede traducirse en mayores niveles de dependencia, discapacidad o soledad. Por ello, desde mi punto de vista, el objetivo debería ser mejorar la calidad de vida durante la vejez, poniendo el foco en el bienestar y la salud, más que en la mera prolongación de la vida. Desde la biomedicina moderna, una posible contribución a este objetivo pasa por abordar las raíces biológicas comunes de estas enfermedades, y desarrollar intervenciones con el fin de promover un envejecimiento más saludable y sostenible.

5. Un aumento de la esperanza de vida que no vaya acompañado de una mejora proporcional de la salud y el bienestar durante la vejez supone un incremento de la carga asistencial asociada a la dependencia, la discapacidad y la soledad. En última instancia, esto puede traducirse en un aumento del sufrimiento y una disminución de la calidad de vida, además de generar una presión creciente sobre los sistemas sanitarios y sociales, difícilmente sostenible, tanto en términos económicos como de bienestar colectivo. 

Por otro lado, si los avances científicos y tecnológicos logran mejorar de forma efectiva la salud y la calidad de vida de la población, el resultado neto natural será un aumento positivo de la esperanza de vida. Esto es algo que, en cierta medida, ya está ocurriendo en sociedades con sistemas de salud y bienestar social avanzados. Pequeños avances en la prevención y el tratamiento de enfermedades concretas, como el cáncer u otras patologías asociadas al envejecimiento, así como intervenciones dirigidas a las raíces biológicas del envejecimiento, pueden tener un impacto significativo en la salud global y permitir que más personas se acerquen a edades muy avanzadas en buenas condiciones. 

Sin embargo, es importante considerar también el impacto social y ético de estos avances. A día de hoy ya existen importantes desigualdades en la esperanza de vida entre distintas regiones del mundo. La posibilidad de que futuras intervenciones biomédicas capaces de mejorar de forma notable la salud y la longevidad solo estén al alcance de una parte de la población podría acentuar aún más estas desigualdades, tanto a nivel local como global.  

Por ello, el desarrollo de este tipo de avances en biomedicina debería abordarse desde una perspectiva científica, pero acompañada también de consideraciones éticas y socioeconómicas, con el objetivo de promover una vida lo más larga y saludable posible para el conjunto de la sociedad, y no solo para una minoría. 

6. En nuestro laboratorio estudiamos uno de los factores que contribuyen al envejecimiento: la senescencia celular, y analizamos sus consecuencias sobre todo en el cáncer. La senescencia celular es un estado de envejecimiento prematuro de las células como consecuencia de la acumulación de daño irreversible. Durante mi etapa posdoctoral en Londres, mi trabajo contribuyó al descubrimiento de que las células senescentes adquieren un carácter inflamatorio, conocido hoy como el SASP (Senescence-Associated Secretory Phenotype, o fenotipo secretor asociado a senescencia). Además, demostramos que este estado senescente puede transmitirse a células vecinas a través de este fenotipo secretor, de forma similar a una infección. Por este motivo, a veces se hace referencia a estas células como ‘células zombi’, ya que son células dañadas que pueden inducir ese mismo estado en células normales. 

Sabemos que las células senescentes se acumulan con la edad y contribuyen al desarrollo de enfermedades asociadas al envejecimiento. Sin embargo, también cumplen funciones beneficiosas, puesto que actúan como una barrera frente al cáncer al impedir la expansión de células potencialmente tumorales. En nuestro laboratorio estamos especialmente interesados en comprender esta función antitumoral, cómo se activa y cómo podría aprovecharse con fines terapéuticos. 

Otro de nuestros intereses es entender cómo se regula el componente inflamatorio de estas células. Muchos de los mecanismos implicados en esta regulación son similares a los sistemas de detección de microorganismos patógenos que activan la respuesta inmunitaria. Nuestra investigación ha sido pionera en el estudio de la relación entre la senescencia celular, la inflamación y el sistema de detección de patógenos inmunitarios. 

El objetivo final de nuestro trabajo es poder manipular estas características para potenciar los efectos antitumorales de la senescencia y, al mismo tiempo, limitar sus efectos negativos asociados al envejecimiento. Además, estamos desarrollando estrategias para eliminar de forma selectiva las células senescentes mediante terapias senolíticas, utilizando herramientas de inteligencia artificial para identificar nuevos compuestos con este potencial. 

7. Creo que uno de los avances más relevantes de la última década en el campo del envejecimiento ha sido la consolidación y el desarrollo del concepto de que el envejecimiento celular es, al menos en parte, reversible mediante la reprogramación celular parcial.  

Esta idea ha cambiado definitivamente nuestra forma de entender el envejecimiento y está en la base de muchos de los nuevos planteamientos y estrategias antienvejecimiento, así como de la propuesta de tratar el  envejecimiento como potencialmente modificable desde el punto de vista terapéutico. Aunque se trata todavía de un campo en desarrollo, todos estos avances han abierto la posibilidad de pensar en el rejuvenecimiento de tejidos y, quizá en el futuro, de organismos completos, algo que hasta hace muy poco parecía ciencia ficción. En nuestro ámbito específico de la senescencia celular, algunos de los descubrimientos fundacionales ocurrieron hace más de diez años, cuando se demostró que la senescencia no era un artefacto de cultivo celular, sino un proceso que tiene lugar en los organismos vivos, y que estas células adquieren un fenotipo inflamatorio con importantes consecuencias fisiológicas y patológicas.  

Sin embargo, durante la última década se han producido avances clave, como la demostración de que la eliminación de células senescentes en modelos animales mejora la salud durante el envejecimiento, lo que ha impulsado de forma decisiva el desarrollo del campo de los senolíticos, estos compuestos que limpian el organismo de células zombis.

“Vivir más años pero más frágil, o dependiente o enfermo no es progreso” 

Sofía Ferreira González (Salamanca, 39 años) investiga para lograr aumentar la capacidad de regeneración en la población envejecida. En su equipo de la Universidad de Edimburgo se proponen adaptar el cuerpo humano a la biología de especies con una regeneración excepcional. Y lo están haciendo trabajando con el ‘spiny mouse’ (ratón espinoso egipcio), que es el único mamífero capaz de desprenderse de grandes porciones de piel para escapar de depredadores y regenerarlas después con una mínima cicatriz.  

1. No creo que haya un límite biológico “duro” claramente definido, pero sí hay límites prácticos impuestos por la tecnología actual y nuestra organización social. Creo que las terapias que se están desarrollando (reprogramación celular, etc) nos permitirán vivir más tiempo, pero tenemos limitaciones muy serias con respecto a nuestro sistema de trabajo y jubilación (si vivimos hasta los 150, ¿cuándo empezamos o dejamos de trabajar?), nuestra demografía (más longevidad podría implicar más presión sobre recursos, medio ambiente...) y temas legales (qué hacemos con nuestros seguros y pensiones, edad legal...) 

Yo creo que la longevidad radical solo puede ser viable si va acompañada de regeneración. Vivir más años, pero más frágil sería un desastre económico y humano; aunque vivir más años sanos, productivos y autónomos podría ser una enorme ventaja colectiva.

2. No, para mí es un proceso natural. Lo cual no quita que no sea un proceso que pueda modificarse para vivir más años con mejor salud y menos enfermedades. 

3. Muchas. Ausencia de marcadores biológicos claros y estandarizados, modelos animales que no reflejan completamente la biología humana y la dificultad práctica de evaluar intervenciones (si tuviéramos que esperar 50 años para ver si una droga aumenta la esperanza de vida en 10, sería imposible). Además, creo que muchas de estas discusiones se abordan solamente desde un punto de vista biológico, sin un marco interdisciplinar que integre factores legales, demográficos y sociales, y eso es esencial. 

4. Eso no tiene ningún sentido. Vivir más años pero más frágil, o dependiente o enfermo no es progreso. 

5. Muy serias. Qué hacemos con el modelo de trabajo vigente y con los niveles de población mundial (los recursos del planeta son finitos...). Qué pasa con el sistema sanitario y las estrategias de prevención y cuidado a largo plazo. Y, sobre todo, quién va a tener acceso a estas terapias. 

6. Nos centramos en investigar cómo aumentar la capacidad de regeneración en la población envejecida. Por ejemplo, la cicatrización de la piel es mucho más lenta en personas mayores, algo que está documentado desde la Segunda Guerra Mundial. Nosotros proponemos adaptar el cuerpo humano a la biología de especies con una regeneración excepcional. Seguramente estés pensando en ajolotes, pero estas son especies evolutivamente muy alejadas de los mamíferos, lo que limita la transferencia directa de sus mecanismos a los humanos. Por eso estamos trabajando con el spiny mouse (Acomys cahirinus) [ratón espinoso egipcio], el único mamífero capaz de desprenderse de grandes porciones de piel para escapar de depredadores y regenerarlas después con mínima cicatriz, y recuperando el pelo (y lo hace durante toda su vida). Esto indica una verdadera regeneración y no una simple reparación (en las cicatrices humanas el pelo no vuelve a crecer). Nuestro objetivo es aprovechar esta biología para mejorar la regeneración en personas mayores. 

7. Para mí, el avance de las técnicas que nos permiten estudiar todos estos mecanismos a nivel molecular. Todos estos análisis computacionales van a revolucionar la manera en la que estudiamos la biología del envejecimiento. 

“El gran reto sería reparar el cerebro, ¿para qué querríamos vivir más si desarrollamos Alzheimer o demencia?” 

Daniel Muñoz Espín (Madrid, 49 años) trabaja en el Departamento de Oncología de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), y estudia los mecanismos moleculares y los procesos celulares que regulan el envejecimiento y el cáncer. Ambos procesos están directamente asociados, porque el envejecimiento aumenta de manera dramática el riesgo de padecer la mayoría de enfermedades oncológicas. 

1. Sí, claro que existe. Como cualquier otro ser vivo estamos sujetos a un diseño ‘imperfecto’ que viene dictado por nuestro código genético, la secuencia heredada de nuestro genoma, y también otros factores que modifican la expresión de los genes y la capacidad de reparar el daño al que estamos sometidos a diario. El límite biológico en humanos está en alguna cifra cerca de los 125 años para las mujeres y un máximo de alrededor de 120 años en los hombres en condiciones ideales. Este sería nuestro límite de longevidad biológica, sin ningún tipo de intervención médica o farmacológica. La medicina regenerativa está avanzando de manera importante en el tratamiento de las enfermedades crónicas. Si desarrollamos estrategias terapéuticas para la reparación, regeneración y rejuvenecimiento de tejidos, o desarrollamos órganos y dispositivos bioartificiales, estos límites de longevidad podrían ser incrementados. Aunque el gran reto sería reparar el órgano más complejo y que nos define como personas: el cerebro. ¿Para qué querríamos vivir más si a los 70 u 80 años desarrollamos Alzheimer o demencia? 

2. No, el envejecimiento es un proceso común y natural en todos los seres vivos. Sin embargo, sí se trata del mayor factor desencadenante de enfermedades que conocemos, por encima del tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la obesidad o las drogas. 

3. En primer lugar, de carácter ético. Al ser un proceso tan complejo resulta difícil tener modelos celulares o de cultivo para recrearlo y estudiarlo, así que necesitamos modelar con otros seres vivos. En segundo lugar, el tiempo. Necesitamos obtener resultados en periodos de tiempo razonables así que, irónicamente, utilizamos organismos con una esperanza de vida corta comparada con la nuestra (que se hacen viejos pronto), digamos que en un rango variable desde unos días o semanas hasta uno o dos años, dependiendo del modelo. No podemos permitirnos esperar 20 años a que un animal envejezca y luego hacer nuestro experimento, el proceso resultaría demasiado lento y costoso. Aunque algunos de estos seres vivos comparten el 99% de genes con el ser humano y una identidad de entre el 85-90% en regiones codificantes conservadas del genoma, todo el mundo comprende que presentan diferencias anatómicas y fisiológicas bastante acusadas con nosotros. Lo ideal sería utilizar primates, pero los animales en la naturaleza no envejecen como el ser humano y tampoco tienen acceso a un sistema sanitario. Así que no podemos usar animales salvajes para estudiar el envejecimiento. Por otro lado, el uso de primates en laboratorio conlleva problemas éticos evidentes. En tercer lugar, el hecho de que estudiemos modelos animales en condiciones muy controladas en animalarios hace que, a diferencia de nosotros, no estén expuestos a condiciones medioambientales dañinas. Por último, una limitación crucial es la financiación. Los experimentos en envejecimiento son extremadamente costosos, incluso con modelos animales simples. 

4. Estudia los mecanismos moleculares y los procesos celulares que regulan el envejecimiento y el cáncer. Ambos procesos están directamente asociados, porque el envejecimiento aumenta de manera dramática el riesgo de padecer la mayoría de enfermedades oncológicas. Uno de estos procesos celulares es la senescencia, que no es otra cosa que células dañadas que no pueden ser reparadas y que acumulamos en todos nuestros tejidos a medida que envejecemos. A las células senescentes se las conoce también como células ‘zombi’, porque no funcionan bien. En 2023, en colaboración con el laboratorio del Profesor Martínez-Barbera (University College London) descubrimos que hay células del sistema inmune que cuando se vuelven senescentes, en lugar de digerir microorganismos pasan a jugar un papel crucial estimulando la aparición del cáncer de pulmón porque pasan a secretar proteínas que inhiben el sistema inmune. Si eliminamos estas células inmunes aberrantes con fármacos anti-senescentes, prevenimos el desarrollo del cáncer de pulmón en ratones. Más recientemente, en un estudio que acabamos de publicar en la revista Nature Aging, hemos descubierto que las quimioterapias, además de matar las células tumorales, generan también que algunas células cancerosas se vuelvan ‘zombis’ y comiencen a secretar factores pro-tumorigénicos que hacen que las células tumorales que no se han eliminado con el tratamiento se vuelvan aún más malignas y originen rebrotes de la enfermedad. La buena noticia es que si utilizamos un fármaco anti-senescente en combinación con la quimioterapia en modelos animales, la respuesta terapéutica es significativamente más eficaz. Con este conocimiento preclínico, estamos desarrollando algunos fármacos anti-senescentes más poderosos y específicos, evitando toxicidades, y también sensores y técnicas de imagen para la detección de las lesiones senescentes. Esperamos que estas herramientas puedan ser testadas pronto en ensayos clínicos. Por otro lado, lo que estamos intentando en otro proyecto es reparar los tejidos que están dañados y regenerarlos. El objetivo final es poder reparar nuestros tejidos a medida que envejecemos y evitar así la aparición de enfermedades. 

5. Si nos enfocamos en los últimos diez años, yo me decantaría por dos descubrimientos de incalculable potencial en aplicaciones biomédicas. Uno de ellos es la edición genética CRISPR-Cas9, que permite realizar modificaciones precisas en el ADN y que de esta manera representa una herramienta muy sofisticada para la posible curación de enfermedades por terapia génica. Este avance fue reconocido con el Premio Nobel de Química en 2020 a Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier. El otro extraordinario avance es el desarrollo computacional cada vez más refinado de las Inteligencias Artificiales y los Sistemas de Aprendizaje Automático. De hecho, el Premio Nobel de Química de 2024 fue otorgado a tres científicos, David Baker, Demis Hassabis y John Jumper, por el diseño computacional de proteínas y la predicción de su estructura. Esto se podrá utilizar para diseño de fármacos y reconocimiento de dianas terapéuticas.  

“Al no ser declarado enfermedad, el envejecimiento no se puede tratar” 

Ana O’Loghlen (Madrid, 49 años), investigadora del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC, se dedica al estudio de la senescencia celular. El objetivo es entender cómo funciona el envejecimiento de las células para poder prevenirlo. 

1. No se sabe con certeza, no creo que lo sepa nadie. Ciertamente, sí que existe un límite, pero tampoco podemos saber cuál es. Lo que sí se sabe es que es imposible que lleguemos a ser inmortales, como muchos aficionados a la ciencia ficción proclaman. Curiosamente, existe documentación de que muchos personajes del pasado que han descubierto “el elixir de la inmortalidad”, han muerto por su causa. Este es el caso del Emperador de China Qin Shi Huang que murió envenenado por la ingesta de mercurio, un “elixir” que le recomendaron los alquimistas de su corte para ser inmortal. 

2. Entiendo los puntos de vista de la gente que está a favor de catalogar el envejecimiento como una enfermedad, tanto como de aquella que no lo considera una enfermedad, porque piensan que es un proceso fisiológico natural. Lo que sí está bien establecido es que es un factor desencadenante crítico para muchas enfermedades como las neurodegenerativas, el cáncer, la fibrosis, enfermedades inmunes y muchas otras. De todos modos, un punto que creo que es importante, es que la definición de enfermedad se caracteriza por una disfunción a nivel molecular, de tejido y del organismo, que es la misma definición de envejecimiento. 3. Creo que el hecho de que el envejecimiento no se declare como enfermedad por la FDA (Food and Drug Administration) limita muchísimo las posibilidades terapéuticas. Al no ser declarada enfermedad, no se puede tratar. Los investigadores están superando esta barrera centrándose en eliminar las células senescentes enfermedad por enfermedad, pero claro, así se progresa muy lentamente. Por otro lado, existen ciertas limitaciones técnicas, ya que es un proceso mucho más lento que otras líneas de investigación. También, el uso de modelos tanto animales como celulares para su estudio no es el ideal, pero esto es algo que afecta a diferentes campos de investigación.  

4. Sí, claro, pero fomentar esto no tendría mucho sentido. Implicaría “malvivir” durante más tiempo, con múltiples patologías crónicas, muchas limitaciones físicas, cognitivas, etc. Esto tendría una repercusión negativa en muchos sectores. Por ejemplo, aumentaría el número de personas mayores con necesidad de ayuda por no ser independientes, afectando a la economía del país. Por otro lado, los gastos médicos se dispararían, repercutiendo también sobre la economía y sobre el sistema de la seguridad social. No podrían contribuir económicamente al consumo nacional y necesitarían más fondos de lo que aportan a la sociedad. ¡Yo, desde luego, personalmente no tendría ningún deseo de aumentar mi esperanza de vida si no va ligada a una vida de calidad! 

5. Si va ligada a la calidad de vida tendrá un gran número de implicaciones positivas. Una mejor vida saludable implica menos enfermedades, más ahorro en tratamientos y curas, mayor aporte a la sociedad de personas que están bien, más consumo, etc. Por ejemplo, se está viendo que las personas se jubilan cada vez más tarde porque están bien tanto a nivel de funciones cognitivas como de salud en general, por lo que aportan a la sociedad durante más tiempo. Por otro lado, al usar menos recursos médicos, se favorece un ahorro en los gastos generales de la seguridad social que repercute en la economía nacional. Además, se disminuyen también los gastos dedicados al cuidado de las personas mayores al ser personas independientes. Una cosa a tener en cuenta, es que en la actualidad, el uso de medicamentos de por sí ya alarga la esperanza de vida. Por ejemplo, antes la gente se moría de un simple corte profundo o de una infección bacteriana, cosa que ahora, aunque ocurre, es relativamente poco frecuente.  

Por otro lado, hay gente que dice que podría tener consecuencias negativas en la sociedad y la economía del país, ya que, al vivir más, se tendrá que pagar pensiones durante más tiempo, pero esto es otro tema diferente no ligado directamente al aumento de la esperanza de vida.  

6. Una de las líneas se centra en estudiar una característica del envejecimiento a nivel celular, que se llama senescencia celular. Se ha visto que estas células se parecen a células envejecidas, por lo que las usamos como modelos para entender cómo envejecen y cómo prevenirlo. Además, hemos visto que estas células presentan una característica curiosa, ya que liberan una especie de bolsas que se llama vesículas extracelulares, que llevan dentro ‘señales’ que son importantes para el tejido y para otras células. También tenemos varias líneas de investigación para ver cómo evitamos que las células normales se conviertan en células senescentes, es decir, cómo las podemos rejuvenecer. Tenemos un trabajo interesante donde hemos visto que, si usamos vesículas jóvenes, estas tienen efecto rejuvenecedor. Además, inducimos cambios en los genes de las células senescentes para ver si pasan a ser más jóvenes. Esto nos ayuda a entender mejor el envejecimiento y qué rutas son importantes a nivel molecular.  

Lógicamente, todo se hace en modelos celulares y animales, por lo que todavía estamos un poco alejados de poder hacerlo en humanos, pero poco a poco cada vez estamos logrando entender un poco más sobre el proceso del envejecimiento, lo cual es importante para desarrollar terapias en el futuro. 

7. En el campo del envejecimiento y de la senescencia celular, uno de los avances más importante ha sido el hecho de que la eliminación selectiva de las células senescentes induce mejoras en el envejecimiento y en muchas enfermedades relacionadas con él. Esto indica que la senescencia es una causa del envejecimiento y de muchas enfermedades y que su eliminación mediante tratamientos terapéuticos podría ser una cura o al menos ayudar a mejorar ciertas patologías. Otro avance muy importante ha sido la eliminación selectiva de células senescentes mediante inmunoterapia CAR-T. Esto consiste en modificar células T para que reconozcan y maten a las células senescentes. Es importante destacar que estos dos estudios se han realizado en modelos de ratón, por lo que todavía habría que verificar si ocurre también en humanos.  

“Quizás en un futuro haya tratamientos que nos permitan vivir más sin comprometer la calidad de vida” 

Jesús Gil (52 años) nació en Zaragoza, creció en Logroño y estudió y realizó su doctorado en Madrid. En la actualidad dirige el Grupo de Senescencia en el MRC Laboratory of Medical Sciences/Imperial College en Londres. Su investigación se centra en estudiar la senescencia celular. 

1. Desde el siglo XVIII, la esperanza de vida en el mundo ha aumentado de apenas 30 años a más de 70. En España supera los 84 años. Estas cifras eran impensables incluso a principios del siglo XX, por lo que, aunque nos parezca difícil ahora, no es imposible que en el futuro aumenten todavía más. Estudios en ratón muestran que distintos tipos de intervenciones pueden prolongar la vía media hasta más de un 25% (restringiendo la ingesta calórica o con tratamientos experimentales con distintos medicamentos como Rifampicina, Trametinib o anticuerpos contra IL11) y algunas mutaciones genéticas (en genes relacionados con factores de crecimiento) incluyen un 40-50%. Si esto fuera también cierto en humanos, significaría que la esperanza de vida en España podría ir hasta los 105 años (un 25% más) o incluso hasta los 126 años (un 50% más). 

2. El envejecimiento no es una enfermedad. Es un proceso gradual por el que los hombres u otros seres vivos experimentan cambios que resultan en una disminución de las funciones fisiológicas y adaptación al estrés. Eso sí, al envejecer aumenta el riesgo de contraer enfermedades y presentar múltiples patologías (lo que se conoce como multimorbilidades). 

3. El envejecimiento es heterogéneo (distintos individuos envejecen de forma diferente a edades distintas) y por definición lleva un tiempo largo. Aunque los investigadores intentan estudiar procesos específicos (como por ejemplo la senescencia celular o la inflamación crónica), o usar modelos que sean menos heterogéneos y en los que se puedan hacer experimentos en un tiempo razonable (por ejemplo en el nematodo C. elegans o la mosca de la fruta D. melanogaster), el uso de modelos tiene limitaciones por las diferencias que existen entre cualquier modelo (incluidos ratones) y los humanos.  

4. Lo deseable es que el incremento en la esperanza de vida ocurra en paralelo a un incremento en la calidad de vida. Sin embargo, en parte los años que se han ganado en las últimas décadas han resultado en un incremento de los años al final de la vida en los que se tienen complicaciones de salud debido a la acumulación de distintas enfermedades. La meta de la investigación en envejecimiento no es prolongar la vida para batir marcas de longevidad, sino conseguir que se vivan más años sin esos achaques que se acumulan y deterioran la calidad de vida. 

5. Desde el punto de vista científico, la clave es poner el énfasis en mejorar la salud de los últimos años de vida. Pero todas las implicaciones sobre la sociedad, el sistema de salud y la economía son cosas que economistas y políticos tienen que considerar. 

6. Mi laboratorio estudia la senescencia celular. La senescencia es un proceso celular que está relacionado con el envejecimiento y también con cáncer y otras enfermedades. Nuestro laboratorio investiga los procesos moleculares que regulan la senescencia, así como cuáles son las implicaciones de la senescencia celular en el envejecimiento y en cáncer. Intentamos entender mejor la senescencia porque eso es relevante para muchas enfermedades y procesos, pero también queremos ver cómo podemos hacer uso de esa información para diseñar nuevos medicamentos. 

7. Hasta hace no tanto, se pensaba que el envejecimiento era un proceso estocástico y que en contraste con lo que íbamos sabiendo de muchas enfermedades, no habría conexiones claras y directas con procesos moleculares y celulares que se pudieran usar para comprender mejor el envejecimiento. Todo eso cambió en las décadas de los 80, 90 y a principios del siglo XXI y el trabajo de muchos laboratorios, inicialmente usando organismos modelo (como gusanos y moscas), llevó a definir una serie de procesos celulares y moleculares que constituyen características esenciales del proceso del envejecimiento. 

Con esa base, en la última década hemos pasado de definir esas características a empezar a entender qué medicamentos (de momento experimentales usados en ratones u otros organismos) que actúan modulando estas características pueden incrementar la esperanza (y la calidad) de vida de manera sustancial en ratones (y otros modelos animales).  

Aunque pasar de esas observaciones experimentales a tratamientos o intervenciones que se puedan usar en humanos no es trivial, al menos eso ha hecho ver a los científicos, y a la sociedad, que el envejecimiento, si bien no es una enfermedad, sí es un proceso maleable y quizás en un futuro no muy lejano haya tratamientos que nos permitan no solo vivir más sino hacerlo sin comprometer nuestra calidad de vida.

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