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Dos terremotos de 4,8 en cuatro días ponen a Granada ante uno de sus peores episodios sísmicos: “Tenemos miedo”

Una vecina muestra en el interior de su casa los destrozos causados por el terremoto del 18 de agosto, en Granada.

Álvaro López

Granada —
18 de agosto de 2026 22:03 h

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Granada ha vuelto a temblar con fuerza este martes y el miedo acumulado durante los últimos días se ha disparado entre una población que todavía no había recuperado la calma tras el terremoto de 4,8 registrado en la madrugada del pasado sábado. A las 10:39 de la mañana, un nuevo seísmo de magnitud 4,8, con epicentro al noroeste de Gójar, ha vuelto a sacudir el área metropolitana y ha dado paso a una veintena de réplicas, dos de ellas también por encima de magnitud 4. El episodio ha dejado tres heridos leves, numerosos daños materiales y el desalojo de espacios como la Alhambra, así como diferentes espacios públicos y centros comerciales.

El terremoto de este martes tiene además un significado especial si se mira con perspectiva histórica. Los 4,8 registrados el pasado sábado de madrugada -inicialmente situado en magnitud 5 y posteriormente revisado- y el de este martes se encuentran entre los mayores terremotos superficiales registrados en Granada desde 1955. En la serie histórica consultada, solo aparecen por encima los seísmos de Armilla de 1955, de magnitud 5,1, y los de Purchil en 1956 y Lentegí en 1984, ambos de magnitud 5. Otro terremoto, registrado en Galera en 1964, alcanzó también los 4,8.

La provincia, sin embargo, ha sufrido terremotos mucho más grandes si se atiende únicamente a la magnitud. El más llamativo es el de Dúrcal de 1954, al que el Instituto Geográfico Nacional (IGN) atribuye una magnitud de 7,8, pero cuyo hipocentro se situó a unos 650 kilómetros de profundidad, lo que hizo que su intensidad en superficie fuese mucho menor. También el terremoto de Arenas del Rey de 1884, de magnitud estimada 6,5, provocó una catástrofe en la provincia: el IGN recoge unos 4.400 edificios destruidos, 13.000 dañados y 839 víctimas mortales.

La comparación relevante para entender lo ocurrido estos días es, por tanto, la de los terremotos superficiales. Y ahí los dos seísmos de 4,8 de agosto se sitúan entre los más importantes registrados en Granada en las últimas décadas. La diferencia respecto a aquellos episodios históricos es que ahora la provincia ha registrado dos movimientos de esta magnitud en apenas cuatro días y dentro de una secuencia sísmica que continúa activa.

Los granadinos en la calle por miedo a nuevos terremotos que ocurrieron este martes 18 de agosto.

“Al principio parecía un terremoto de 6 o 7”

La sacudida ha vuelto a coger por sorpresa a miles de personas que ya llevaban varios días pendientes de cualquier movimiento. Alicia, una trabajadora social que se encontraba en su oficina cuando ha comenzado el terremoto, ha pensado inicialmente que se había producido un derrumbe en el edificio situado junto al suyo.

“Yo pensaba que del edificio de al lado se había derrumbado algo, porque ha sido como una explosión”, relata. El primer estruendo ha ido seguido del movimiento del edificio y de los cristales. “Cuando he escuchado el ‘bum’ he salido corriendo”, cuenta. Al regresar, ha comprobado que no había ningún derrumbe, pero los cristales seguían temblando y en la oficina se habían caído varios cuadros. “Digo, hostia, esto es un terremoto, pero tremendo. Qué miedo”, explica. Como muchas otras personas, se ha echado a la calle por temor y ya en la vía pública ha percibido las siguientes réplicas.

En La Zubia, municipio limítrofe con Gójar y próximo al epicentro, la percepción ha sido similar. Ángel cuenta que el primer movimiento sísmico le ha parecido inicialmente mucho mayor de lo que finalmente han establecido los instrumentos. “Al principio parecía un terremoto de 6 o 7. Una barbaridad”, explica. Él y su mujer se han refugiado debajo de la mesa del salón hasta que ha terminado la sacudida. No en vano, no oculta que ambos tienen miedo ante una situación que les hace sentir “muy vulnerables”.

Pero la reacción no se ha limitado a buscar refugio durante el temblor. El miedo acumulado durante los últimos días ha llevado a algunos vecinos a abandonar temporalmente el área metropolitana. Ángel cuenta que las carreteras hacia la costa y la salida de Málaga se han congestionado y que, personas con segundas residencias, han decidido marcharse hacia la playa para pasar allí el día. “La gente que tiene segunda vivienda se está yendo y echa el día en la playa”, explica.

Judit se encontraba con su hijo recién nacido y se disponía a ir precisamente hacia Gójar cuando se produjo el terremoto. La intensidad de la sacudida la hizo detenerse ante el miedo, aunque finalmente tanto ella como el bebé se encuentran bien. “Ha sido muy fuerte. Qué horror. Nos hemos asustado, pero estamos bien”, cuenta. La diferencia entre las experiencias de los vecinos vuelve a poner de manifiesto que la percepción de un terremoto no depende únicamente de su magnitud. La profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de terreno y las características de los edificios determinan en buena medida cómo se siente una misma sacudida.

Daños en fachadas, cornisas y edificios

Esta vez, además, el terremoto ha dejado daños visibles en distintos puntos de la capital y del área metropolitana. A los daños que se han producido en edificios históricos con algunos elementos patrimoniales dañados, cornisas, elementos de fachadas, falsos techos y otros elementos también se han desprendido en otros lugares como consecuencia de las sacudidas, mientras distintos municipios han comenzado a evaluar el estado de sus edificios. Muchos vehículos y escaparates de comercios se han visto a su vez dañados por la caída de diferentes elementos de los edificios.

En Granada capital, la alcaldesa, Marifrán Carazo, ha informado de nueve incidencias de especial gravedad que han obligado a cortar siete calles. Los desprendimientos han afectado a fachadas, cornisas y otros elementos de edificios. El Ayuntamiento insiste, no obstante, en que los daños evaluados en la capital no son estructurales.

La situación es más delicada en Las Gabias, donde alrededor de un centenar de viviendas han sido desalojadas después de que los técnicos detectasen fisuras en elementos estructurales de los inmuebles, que ya habían resultado afectados por el terremoto del pasado 15 de agosto. Alrededor de 600 personas han tenido que dormir fuera de sus viviendas por precaución, aunque los técnicos informan de que no hay un peligro estructural inminente en ninguna de los inmuebles.

La magnitud de la respuesta también permite medir la dimensión de la alarma. Según Carazo, solo durante la mañana se recibieron 229 llamadas en la centralita de la Policía Local, 168 en el Cuerpo de Bomberos y otras 61 trasladadas al 092. Los servicios municipales han tenido que priorizar las incidencias y desplazarse a los lugares donde se comunicaban posibles daños. La Alhambra también ha sido desalojada y permanece cerrada mientras se evalúa el estado de espacios como la Alcazaba y los Palacios Nazaríes. Laura, trabajadora del recinto, cuenta que durante los primeros momentos hubo desconcierto entre los trabajadores y visitantes. “Además, estaba todo el mundo con pánico”, relata.

La secuencia de terremotos terminó provocando también el desalojo de grandes centros comerciales y diferentes espacios públicos, en una reacción preventiva ante la posibilidad de nuevos movimientos y mientras se evaluaban los daños. No en vano, en algunas tiendas se ha producido el colapso de falsos techos que han caído sobre los productos en exposición.

Dos 4,8 en cuatro días: una secuencia distinta a la de 2021

El episodio actual comparte algunas características con el enjambre que mantuvo en tensión a Granada en 2021, pero también presenta diferencias relevantes. En aquel año se llegaron a registrar más de un millar de terremotos y varios movimientos de magnitud superior a 4. El mayor incluido en la serie histórica de estos días fue de 4,6, registrado en agosto de 2021. Ahora, sin embargo, la secuencia ha dejado dos terremotos de magnitud 4,8 en apenas cuatro días, además de varias réplicas superiores a 4. El primero, registrado en la madrugada del sábado, fue inicialmente comunicado como un terremoto de magnitud 5 y posteriormente revisado a 4,8. El de este martes ha vuelto a alcanzar esa misma magnitud.

La repetición de movimientos fuertes es uno de los elementos que explican que la percepción de riesgo sea especialmente elevada entre los granadinos. “Llueve sobre mojado”, ha resumido la alcaldesa al explicar que muchos de los edificios que ya fueron revisados después del terremoto del día 15 están siendo evaluados nuevamente. El Ayuntamiento dispone de una aplicación desarrollada junto al Colegio de Arquitectos que permite conocer la situación en la que se encontraba cada inmueble revisado entonces.

La propia Carazo reconoce la angustia vivida durante la mañana del martes, especialmente entre quienes nunca habían experimentado una situación semejante. “Sé la angustia que hemos vivido esta mañana, especialmente nuestros mayores y los más pequeños, que nunca habían vivido una situación de estas características”, señaló ante los medios.

Un terremoto que se siente más de lo que dice su magnitud

La intensidad con la que se han percibido las sacudidas del martes tiene una explicación geológica. José Miguel Azañón, catedrático de Geodinámica de la Universidad de Granada, explicaba tras el primer episodio de estos días que la depresión de Granada es una cuenca sedimentaria rodeada de fallas. “La depresión de Granada es una cubeta de sedimentos que está completamente rodeada por fallas”, señalaba. Los materiales blandos de la cuenca producen fenómenos de amplificación de las ondas sísmicas, lo que puede hacer que terremotos de magnitud moderada se perciban de forma especialmente intensa.

A esto se suma la relativa poca profundidad de buena parte de los movimientos registrados en la zona. Azañón estimaba que muchos de los terremotos de esta secuencia podían estar produciéndose a entre 3,5 y 5,5 kilómetros de profundidad, aunque advertía de que la profundidad es uno de los parámetros que presenta mayor margen de error en la localización. Por eso, el hecho de que un terremoto sea de magnitud 4,8 no permite por sí solo anticipar qué daños provocará. También importan el terreno, la profundidad, la distancia respecto al núcleo urbano y la vulnerabilidad de las construcciones.

Precisamente por eso, el experto advertía de que el actual episodio no debe compararse directamente con los grandes terremotos que han golpeado recientemente otros países. Las fallas que están generando esta secuencia en Granada tienen una longitud de varias decenas de kilómetros, muy inferior a las grandes estructuras tectónicas capaces de producir terremotos de magnitud 7 o superior. “No es previsible que haya terremotos de siete y pico, porque para eso necesitamos una falla que tenga una longitud de ciento o incluso mil kilómetros. No es el caso de nuestras fallas”, explicaba Azañón.

Eso no significa que Granada esté fuera de peligro sísmico. El geólogo sitúa en torno a 6,5-6,6 la magnitud de los mayores terremotos que podrían producir las estructuras tectónicas de la zona, tomando como referencia los grandes terremotos históricos de Alhama y Arenas del Rey. La diferencia con un terremoto de 4,8 es considerable: la escala de magnitud es logarítmica y un seísmo de 6,5 libera unas quince veces más energía que uno de magnitud 5.

“No podemos predecir ninguna nueva repetición”

La incertidumbre es ahora una de las principales fuentes de preocupación. Después de varios días de actividad, un terremoto de 4,8 y una nueva sucesión de réplicas, muchos vecinos se preguntan cuánto puede durar la secuencia y si todavía puede producirse otro movimiento importante.

La respuesta de los expertos no permite hacer una predicción concreta. Azañón ya advertía de que muchos terremotos pequeños no sirven para “liberar” energía y evitar automáticamente uno mayor. “No tiene nada que ver”, explicaba. Una falla puede seguir moviéndose y las rupturas pueden modificar las condiciones de las zonas próximas, pero no existe una regla que permita asegurar que después de muchos terremotos pequeños no habrá otro más fuerte.

La alcaldesa también ha insistido en este límite del conocimiento científico. “No podemos predecir ninguna nueva repetición”, ha señalado, al tiempo que ha pedido a la población que recurra a los canales oficiales y no a informaciones difundidas sin verificar en redes sociales. Mientras tanto, el Ayuntamiento ha elevado la fase de preemergencia a emergencia, situación operativa 1, para incrementar los recursos disponibles y reforzar la atención ciudadana. La recomendación de las autoridades es clara: si vuelve a producirse una sacudida, no salir corriendo del edificio ni colocarse junto a fachadas, cornisas u otros elementos que puedan desprenderse. Carazo ha pedido mantener la calma y permanecer en las viviendas siempre que su estructura no haya resultado dañada.

Pero Granada afronta ahora una espera distinta a la de 2021. No solo porque el suelo haya vuelto a temblar, sino porque en apenas cuatro días ha registrado dos terremotos de 4,8, ambos entre los mayores movimientos superficiales de las últimas décadas. La ciudad ha vuelto a descubrir, de la forma más física posible, que vive sobre un territorio sísmicamente activo. Y esta vez el miedo no se ha quedado dentro de las casas: ha llevado a vecinos a refugiarse, a otros a abandonar temporalmente la zona y a las administraciones a multiplicar sus dispositivos de emergencia.

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