Un geólogo descarta en Granada terremotos como los de Venezuela o Colombia: “No es previsible”
La sucesión de terremotos que mantiene en vilo a Granada ha provocado que una pregunta se repita entre la población: ¿puede producirse aquí un terremoto de la magnitud y las consecuencias de los que recientemente han sacudido otros países como Colombia o Venezuela? La respuesta de José Miguel Azañón, catedrático de Geodinámica de la Universidad de Granada, es tranquilizadora, aunque con matices: las características de las fallas que atraviesan la provincia hacen que no sea previsible un seísmo de magnitud 7 o superior como los que pueden producirse en otros contextos tectónicos.
“No es previsible que haya terremotos de siete y pico, porque para eso necesitamos una falla que tenga una longitud de ciento o incluso mil kilómetros; no es el caso de nuestras fallas”, explica Azañón, que ha analizado durante años la actividad sísmica de la depresión de Granada. La secuencia actual se concentra en un conjunto de fallas de longitud intermedia, de varias decenas de kilómetros, cuya capacidad para generar grandes terremotos está, por tanto, limitada por sus propias dimensiones.
Eso no significa que Granada esté libre de terremotos de magnitud considerable. Al contrario: el geólogo recuerda que los movimientos que se producen en la provincia responden a procesos tectónicos que se prolongan durante cientos de miles o incluso millones de años. “Nuestra perspectiva es pequeñísima comparativamente con lo que duran esos procesos”, señala. La actividad puede concentrarse durante un periodo en una zona y desplazarse después a otra, aunque la velocidad media de deformación sea muy moderada.
El terremoto de magnitud 5 registrado esta madrugada en Alhendín es, precisamente, un episodio especialmente relevante dentro de ese contexto. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) registró el movimiento a las 01:04 horas y la sucesión de temblores posteriores llevó incluso a la Junta de Andalucía a activar la fase de emergencia, en situación operativa 1, por riesgo sísmico. Al mismo tiempo, el 112 recibió más de 200 avisos relacionados con el seísmo y se produjeron daños materiales, aunque no se han notificado víctimas.
De este modo y dada la magnitud y la intensidad, Azañón considera que el terremoto de esta madrugada es el de mayor magnitud registrado en Granada en las últimas décadas. “De esta magnitud, es la magnitud más grande en los últimos 50 años, que yo tenga constancia”, afirma. En su análisis, utilizando la magnitud momento, sitúa el episodio en torno a 5,2.
Un suelo que amplifica los terremotos
Una de las claves para entender por qué los terremotos de Granada provocan una percepción tan intensa está precisamente bajo los pies de sus habitantes. La depresión de Granada es una cuenca sedimentaria rodeada de fallas. “Es una cubeta de sedimentos que está completamente rodeada por fallas”, explica el catedrático. El terreno sobre el que se asientan buena parte de Granada y su área metropolitana está compuesto por materiales sedimentarios relativamente blandos. Cuando las ondas sísmicas alcanzan la superficie, esas características del terreno pueden provocar fenómenos de amplificación. “Al tener tantos sedimentos blandos”, añade Azañón.
Es una de las razones por las que un terremoto que no tenga una magnitud extraordinariamente elevada puede sentirse con enorme intensidad por la población. La magnitud mide la energía liberada por el seísmo, pero el movimiento que experimentan las personas en un punto concreto depende también de factores como la profundidad, la distancia al epicentro y las características del terreno.
La profundidad es otro de los elementos relevantes en la secuencia actual. Aunque los registros pueden ofrecer inicialmente profundidades de alrededor de diez kilómetros, Azañón advierte de que ese es precisamente uno de los parámetros con mayor margen de error en la localización de los terremotos. Su estimación es que buena parte de estos movimientos podrían estar produciéndose entre 3,5 y 5,5 kilómetros de profundidad.
La combinación de terremotos relativamente superficiales y la amplificación producida por los sedimentos ayuda a explicar las sensaciones descritas estos días por numerosos vecinos: edificios que parecen oscilar “como un barco”, paredes que se mueven y objetos que llegan a desplazarse.
Muchos terremotos pequeños no “evitan” uno grande
La sucesión de movimientos también ha recuperado uno de los mitos más extendidos después de un enjambre sísmico: que muchos terremotos pequeños sirven para liberar la energía acumulada y evitar que se produzca uno mayor.
Azañón lo descarta tajantemente: “No tiene nada que ver”. Cada ruptura está relacionada con las características de la falla que se mueve y, aunque la actividad de una zona puede modificar las condiciones de otras áreas próximas, no existe una relación automática por la que una sucesión de terremotos pequeños descarte la posibilidad de otro de mayor magnitud. El experto apunta, eso sí, que es muy poco habitual que inmediatamente después se produzca un terremoto de una magnitud sustancialmente superior. Eso no permite hacer predicciones a semanas o meses vista, pero sí pone en contexto la evolución de las primeras horas de una secuencia.
De hecho, el actual episodio sísmico todavía está lejos, en número de movimientos, del enjambre que mantuvo en vilo a Granada en 2021, cuando llegaron a registrarse más de un millar de terremotos. Azañón advierte de que la secuencia actual tiene características similares, pero por ahora acumula muchos menos movimientos. “Eso no quiere decir que no pudiera llegar a ese número”, señala.
Granada sí puede sufrir terremotos mayores
El mensaje tranquilizador respecto a los terremotos de magnitud 7 o superior no debe confundirse con la idea de que el riesgo sísmico de Granada sea bajo. La provincia está atravesada por numerosas fallas y tiene antecedentes de terremotos mucho mayores que el registrado esta madrugada.
Azañón sitúa en torno a magnitud 6,5-6,6 el orden de magnitud de los mayores terremotos que podrían producir las estructuras tectónicas de la zona, tomando como referencia los grandes terremotos históricos de Alhama y Arenas del Rey. Y recuerda que la escala de magnitud es logarítmica: un terremoto de 6,5 liberaría aproximadamente quince veces más energía que uno de magnitud 5.
La diferencia fundamental respecto a los grandes terremotos de Colombia o Venezuela está, por tanto, en el contexto tectónico. Las fallas que protagonizan la actividad actual en Granada tienen dimensiones muy inferiores a las estructuras capaces de producir terremotos de magnitudes extremas.
Además, el riesgo no depende únicamente de la energía liberada. “No siempre hay que mirar la energía, sino también la profundidad a la que se ha producido y lo cerca o lejos de una población”, explica el catedrático. Un terremoto superficial y próximo a una zona urbana puede producir consecuencias mucho mayores que otro de similar magnitud ocurrido a gran profundidad o a cientos de kilómetros de distancia.
El mayor riesgo está en lo que se puede caer
La otra cuestión que deja sobre la mesa la secuencia actual es hasta qué punto están preparadas las edificaciones granadinas. Azañón señala que Granada cuenta con una normativa sismorresistente especialmente exigente y que los edificios construidos conforme a ella deben cumplir requisitos específicos de cimentación y estructura. El problema está en el parque inmobiliario más antiguo, levantado antes de la existencia de esas exigencias. “Los edificios más antiguos son los más vulnerables”, apunta.
Y no se trata únicamente de evitar que un edificio colapse. También resulta fundamental controlar los elementos que pueden desprenderse durante una sacudida, desde cornisas hasta cerramientos y otros elementos de las fachadas. Para Azañón, la prevención debe implicar a administraciones, técnicos, constructores y ciudadanos. La idea fundamental, sostiene, es que el terremoto no tiene por qué convertirse necesariamente en una catástrofe si las construcciones están preparadas para soportarlo.
Japón es, en ese sentido, el ejemplo que utiliza el geólogo para explicar hasta dónde puede llegar la prevención: “Si nosotros hacemos edificaciones como lo hacen los japoneses las víctimas no existirán o serán mínimas”. Porque el terremoto, en sí mismo, no es necesariamente lo que mata. Lo decisivo es qué ocurre cuando la onda sísmica llega a una ciudad y encuentra edificios, fachadas y otros elementos que no están preparados para soportarla.
En Granada, por ahora, la ciencia no permite anticipar cuándo terminará la actual secuencia ni descartar completamente nuevos movimientos. Sí permite, sin embargo, ponerla en contexto: la provincia vive sobre un territorio sísmicamente activo, pero las fallas que están generando el actual enjambre no son comparables con las grandes estructuras tectónicas capaces de provocar los terremotos extremos que han sufrido otros países.
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