'Affordability': el fantasma que recorre EEUU, conecta las luchas por una vivienda digna y pone en jaque a Trump
Hay un fantasma que recorre EEUU: el fantasma del affordability [asequibilidad]. Más allá de la broma de parafrasear el arranque del Manifiesto Comunista, de Friedrich Engels y Karl Marx, lo cierto es que el concepto affordability se ha convertido en una poderosa herramienta electoral para los demócratas y en un talón de Aquiles para Donald Trump, al tiempo que conecta las luchas en EEUU y las del resto del mundo, incluida España, por una vivienda digna.
Hace poco menos de un año, fui a Nueva York a un acto de Zohran Mamdani en la recta final de su campaña a la alcaldía de la ciudad. Se celebró en Queens, un domingo en el que aún tirito al recordar cómo, a medida que se ponía el sol, aumentaba el frío.
Aquel 26 de octubre de 2025 se abarrotó el centenario estadio de Forest Hills, donde han jugado al tenis Arthur Ashe, Ilie Năstase y Guillermo Vilas, entre otros; y donde han cantado Frank Sinatra, Bob Dylan y The Beatles, por ejemplo. A ese histórico escenario de Queens, repleto, Mamdani llegó impulsado por los 100.000 voluntarios que visitaron más de tres millones de viviendas en aquella campaña, en un puerta a puerta interminable para conducir a la alcaldía de la principal ciudad de Nueva York al primer musulmán, a un socialista de 34 años en un país criado en la Guerra Fría contra el socialismo; a un país que se encuentra presidido por un ultra sin complejos y con el Partido Demócrata con pocas respuestas.
Un año después, el manual de aquel joven militante del DSA (Democratic Socialists of America) se ha convertido en un modelo para el avance de posiciones progresistas en EEUU en general y en el Partido Demócrata en particular, con sonoras victorias en primarias en Nueva York, Michigan, Texas, Nueva Jersey, Providence, Washington DC... Y sus ejes programáticos están lejos de una revolución bolchevique, por mucho que Trump los llame comunistas cada día.
Los principales elementos del programa de Mamdani y del resto de progresistas, incluido el veterano e incansable Bernie Sanders, pasan por rebajar el coste de la vida a los estadounidenses, es decir, por el concepto de affordability que desde entonces domina la agenda política en EEUU, en particular entre las familias trabajadoras y vulnerables. Y eso pasa por la gratuidad del autobús, poner en marcha economatos municipales, limitar los alquileres para los más necesitados, construir vivienda pública y financiar escuelas infantiles gratuitas.
Y para que sea creíble la affordability, esta debe ir de la mano de políticas que supongan un reequilibrio económico; es decir, de intervención en los mercados y de mordiscos al capitalismo. En este sentido, Sanders y el resto de progresistas se esfuerzan por introducir en las campañas políticas el eje de clase –como la gira por todo EEUU bajo el lema “contra la oligarquía”–, que no cultiva el establishment demócrata, mientras el Partido Republicano se reivindica como la organización de la clase trabajadora estadounidense, por mucho que las políticas de la Casa Blanca aumenten la desigualdad y el presidente se reúna cotidianamente con tecnoligarcas.
Como explica un ex colaborador de Biden, Tim Wu, “se supone que las tiendas de alimentación gestionadas por el Gobierno de Mamdani abaratarán la leche, sí, pero también reducirán el poder de los grandes conglomerados alimentarios. La tasa de servicios públicos propuesta por la gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, para los centros de datos está diseñada para reducir los precios de la energía para los consumidores, sí, pero también para obligar a las grandes empresas tecnológicas a pagar por su propia infraestructura. Rob Sand, candidato a gobernador de Iowa, espera reducir los precios de la vivienda, sí, pero en parte impidiendo que los fondos de capital riesgo adquieran viviendas unifamiliares como inversión. Lo que estamos viendo es el resurgimiento de una ideología estadounidense ancestral basada en el equilibrio económico. Aunque carece de un nombre oficial, bien podría ser la ideología más popular del país”.
Es decir, la affordability no es un concepto revolucionario, y puede que sea uno de esos significantes flotantes que teorizó Ernesto Laclau; símbolos o nombres, términos o expresiones, que significan una cosa u otra en función de quién los lea o escuche. Salvo que se les empiece a poner apellidos, y entonces, sí, el concepto pueda ser más o menos reformista, o más o menos transformador.
Quizá por eso está teniendo tracción electoral en EEUU, y justo por eso molesta profundamente a la Casa Blanca.
Todas las fuerzas de la vieja América se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma, empezando por Donald Trump, podríamos decir, si queremos seguir parafraseando el Manifiesto Comunista, de Engels y Marx. De hecho, Trump despotrica del concepto de affordability diariamente, lo que supone un síntoma evidente de que le molesta profundamente.
“Hay algunas cosas que han hecho los demócratas que han sido muy perjudiciales para nuestro país”, decía este lunes Trump en un acto en Iowa: “Los precios estaban por las nubes. Yo he bajado los precios, pero a ellos les gusta hablar de affordability. Sin embargo, son ellos los que han provocado el problema de la asequibilidad. Son ellos los que han causado todos estos problemas”.
Pero, a pesar de sus palabras, la realidad es tozuda, y una gran parte de los estadounidenses afirma que el presidente Trump es el responsable de la situación económica actual a la que se enfrenta el país, incluyendo la elevada inflación y las preocupaciones sobre la capacidad de compra. La encuesta de Politico/Public First, publicada el jueves pasado, revela que el 43% de los encuestados cree que el presidente es en gran parte o totalmente responsable de la situación económica. La encuesta, además, pone de manifiesto una profunda división sobre el tema, ya que el 19% de los republicanos y el 70% de los demócratas atribuyen la culpa a Trump.
La mayoría de los estadounidenses encuestados considera que la preocupación por el coste de la vida es el principal problema al que se enfrenta Estados Unidos en este momento. Alrededor del 27% señala el “mal estado” de la economía y el 22% marca los altos impuestos como el principal problema del país.
Esta semana, el precio medio del galón –3,8 litros– de la gasolina sin plomo normal está en 4,45 dólares, según la American Automobile Association (AAA). El precio medio del gasóleo subió 40 céntimos durante el último mes. El diésel está en 6,43, lo que supone 80 céntimos más que hace un mes.
Al mismo tiempo, el precio del barril de crudo Brent, el referente internacional, sigue alrededor de los 100 dólares, frente a los poco más de 70 dólares de julio.
Además, los compradores de vivienda se encuentran con que la tasa media de los préstamos hipotecarios a tipo fijo a 30 años lleva meses subiendo y está en torno al 7%, su nivel más alto en más de 19 meses. El tipo medio no alcanzaba este nivel desde el 30 de enero de 2025.
“Hoy en día, más de 20 millones de hogares destinan más de la mitad de sus limitados ingresos a la vivienda y casi 800 000 personas carecen de hogar”, denuncia Bernie Sanders. En efecto, más de 43 millones de hogares estadounidenses destinan más del 30% de sus ingresos a la vivienda, incluidos 21,6 millones que gastan más de la mitad, mientras que casi 800 000 personas carecen de hogar.
Es decir, los costes de la vida siguen disparados para los estadounidenses, y, en este contexto, la affordability se ha convertido en ese fantasma que recorre todo el país y conecta las luchas por la vivienda digna con el resto del mundo.
Sobre este blog
Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.
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