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La gente hará respetar su voluntad

Multitudinaria manifestación que recorrió el centro de Madrid, el pasado sábado 26, en defensa del derecho a la vivienda digna.
2 de octubre de 2026 22:38 h

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Qué ignominia, qué vergüenza lo de ayer en el Congreso. Junts, PP y Vox, unidos, votando contra lo que es de justicia y quiere la mayoría, de todas las autonomías. Puigdemont, Feijóo, Abascal, con sus camarillas, pisoteando la voluntad general, incluso de sus votantes.

Es indignante que hayan dejado decaer los decretos de vivienda que iban a empezar, al fin, a responder a las necesidades de tantas y tantos, sin acceso posible a un techo digno. Pero es que está mucho en juego, no nos engañemos. El clamor de la gente esta semana en la calle, en manifestaciones y acampadas, es demasiado poderoso como para que la ultraderecha y las derechas radicalizadas no hagan todo lo que esté en su mano por acallarlo.

Vivimos una coyuntura donde, hace tiempo, nos veníamos diciendo que todo pinta fatal. Que el horizonte es sombrío. Con motivo. Porque la avalancha ultraderechista construye un mundo cada vez más injusto, violento, insostenible. Propaga mentiras sobre los inmigrantes. Embauca a gente para que los odie, rechace y ataque. La ventolera fascista sopla desde tantos lados que hace vacilar la llama de esperanza. 

La movilización popular de esta semana ha sido tan poderosa, logrando devolver el piso a Maricarmen Abascal y devolvernos la esperanza a la ciudadanía, que Junts, PP y Vox han visto clave impedir que alcanzara conquistas sociales.

¡Y de pronto, el desahucio de Maricarmen activa a la gente! ¡Prende la protesta! ¡La ciudadanía en acción se planta frente a la especulación! ¡Y logra devolverle el piso a esa anciana echada de su casa! ¡Y devolvernos la esperanza colectiva de que nosotros, la gente, podemos decidir juntos, haciéndonos obedecer por los gobiernos y empresas, por el poder!

Junts, PP y Vox vuelven la espalda a la voluntad mayoritaria. Quieren hacer realidad el mantra que tantas veces nos repiten, para desmovilizarnos: “que manifestarse es inútil”, “que la gente de a pie nada puede ante los fuertes”.

Derechas en dimensión paralela 

Pero a una inmensa mayoría muy transversal, incluso de distintas clases sociales, ideologías e intereses, no nos cuadra la negativa cerril a proteger el derecho a un techo digno de tantos conciudadanos que tienen imposible alquilar o comprar, por los precios abusivos. Mientras las viviendas del país las acaparan fondos buitres, bancos y plataformas de alquiler turístico.

Escandalizan y no representan el sentir general esa falta de alma del alcalde madrileño Almeida hablando de “lágrimas de cocodrilo” por Maricarmen y criminalizando a los pacíficos acampados en Sol; o de una Esperanza Aguirre hablando de que “lo de Maricarmen es una cortina de humo” para darnos pena pensando: “pobrecita, a sus 87, sacarla de su casa”; ese corazón helado de Isabel Díaz Ayuso diciendo que la avisen a partir de qué edad puede dejar de pagar el alquiler y quedarse de okupa cuando Maricarmen Abascal, en 70 años de inquilina, en el mismo piso, no ha dejado de pagar nunca; la frivolidad de Feijóo de reducir el enorme problema, español y occidental, del precio de la vivienda, inasumible para la mayoría social, al vergonzoso pero anecdótico caso del piso de la amante de Ábalos; esa perversión del presidente de los obispos, Luis Argüello, minimizando el drama de los desahucios al compararlos con “el desahucio irreversible que son los abortos”; la demagogia del presidente de los empresarios, Garamendi, queriendo enfrentar el derecho a recuperar la vida normal de los ceutíes con el derecho a la vivienda en toda España, también en Ceuta. 

La mayoría no queremos que la juventud de nuestro país no pueda estudiar su carrera porque falten habitaciones en pisos de estudiante o residencias a su alcance. Ni que, luego, les sea imposible emanciparse y levantar su proyecto de vida y familia, a edad razonable y en condiciones dignas. No queremos que queden puestos esenciales sin cubrir (de médicos, profesores, policías…) en zonas donde los sueldos, incluso de funcionarios, no llegan para alquilar ni, menos, comprar piso. Tampoco que parejas que deciden separarse se vean obligadas a convivir. Y nos espanta que saquen por la fuerza, en camilla, a una vecina honrada y cumplidora, de su casa de toda la vida, con tal de triplicar el beneficio de los dueños por el alquiler.

La mayoría exige pie en pared

La voluntad popular está muy clara. En las manifestaciones, en las acampadas en la madrileña Sol, en Plaza Catalunya en Barcelona, en las Setas de Sevilla, el Obradoiro en Santiago, la Plaza de la Constitución en Málaga, la de la Feria en Las Palmas de Gran Canarias… Pero también en los estudios de opinión:

Un 65 por ciento de las y los españoles, según la encuesta VIVIEPOL, dirigida por el politólogo y profesor de la Universidad Carlos III Pablo Simón, hecha a 4.000 personas, y el 67,5, según la de 40dB para El PAÍS y la SER, con 2.000 consultados, queremos regular los alquileres. 

La proporción supera el 80 por ciento entre el electorado del PSOE y Podemos, el 95 entre el de Sumar. Pero también es superior al 55 por ciento la cantidad de quienes votan a Vox y PP y quieren limitar los precios del alquiler, aunque eso reste beneficio a los caseros. ¡Si el 56,5 por ciento de los propios caseros están de acuerdo!

Partidos que representan o desoyen 

¿A Junts, PP y Vox no les gusta lo que opina la mayoría, incluso de sus votantes? ¿Prefieren moverse por intereses de élites minúsculas, muchas extranjeras, que perjudican a la ciudadanía de España, de Cataluña, de Andalucía… de nuestros cuatro puntos cardinales? ¿Les molesta la voz de la calle? Pues habrá que darles dos tazas. Insistir en esa movilización, pacífica, ejemplar, de gente lanzada a protestar espontáneamente, dando un impulso imparable al trabajo de años del Sindicato de Inquilinas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Stop Desahucios…

¿A Junts, PP y Vox no les gusta lo que opina la mayoría, hasta de sus votantes? ¿Prefieren servir a élites minúsculas, muchas extranjeras, que perjudican a nuestra sociedad? ¿Les molesta la voz de la calle? Pues habrá que darles dos tazas. Y recordar quién nos apoya y quién nos boicotea, cuando nos convoquen a votar.

Y si para que, al fin, cuajen políticas de vivienda como los Reales Decretos del gobierno PSOE-Sumar, ayer apoyados por tantos partidos del Congreso, a izquierda y derecha, pero tumbados por Junts, PP y Vox, hay que ir a elecciones ya, pues se va.

Yo estoy deseando votar en las generales en clave plebiscitaria por el derecho a la vivienda. Pero también en las autonómicas y municipales del 2027. Porque hace años ya que los gobiernos autonómicos podían estar aplicando la Ley de Vivienda aprobada por el ejecutivo PSOE-Sumar para frenar los precios de los alquileres en las zonas tensionadas. Años que los ayuntamientos pueden iniciar la declaración de barrios tensionados. Pero los muchos gobernados por PP y Vox lo boicotean.

Lo ocurrido ayer en el Congreso, desmiente ese otro mantra desmovilizador y falso de que “todos los partidos, todos los políticos son iguales”. ¿Quién ha atendido y defendido, desde el principio, las justas reclamaciones de la gente? ¿Quién, tras años sin atreverse, al fin, ha reaccionado ante el clamor ciudadano y está dando pasos valientes? ¿Y quién pasa olímpicamente del dolor social?

Tengámoslo muy presente porque, por más multitudinario que sea nuestro clamor en las calles, necesitamos políticos y partidos aliados para convertir las reivindicaciones en leyes protectoras de vidas concretas, de personas, familias, en su madurez, vejez, infancia, vulnerabilidad. Y, llegado el momento, todo dependerá de si la mayoría vota a quienes nos atienden, o demasiados se abstienen, e incluso respaldan, a PP y Vox que impiden los avances. Con la ayuda de ese escudero Junts, extraño compañero de viaje.

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