Violencia fascista infiltrada en el Estado y la derecha acusa de violenta a la izquierda
Claro que el derrumbe, entre llamas, de la torre del ayuntamiento de Limoges es impactante. Ver las barricadas, incendios, saqueos de comercios, en París, Lyon o Burdeos conmociona. Los líderes de derecha ultra y ultraderecha, se frotan las manos felices de hallar, al fin, imágenes para respaldar sus falsas acusaciones de que los manifestantes por la justicia social y la gente de izquierdas somos “radicales peligrosos”.
Ahí está Almeida que hasta ahora justificaba sus acusaciones de “riesgo violento” con la foto, en la acampada de Sol, de un cuchillo para untar humus; ahí Ayuso criminalizando a las y los maestros madrileños en huelga por la enseñanza pública que ella destruye; ahí también Garamendi, líder de la CEOE, quien quiere aplicarnos la violencia de tener que currar enfermos, pidiendo “que no se incendien las calles” en la huelga general del 11N, más invocando el peligro que conjurándolo; ahí salta Abascal hablando de “turbas antieuropeas de izquierda” y Feijóo directamente hace campaña pidiendo el voto al PP “para apartarnos de la violencia que está alentando la izquierda radical”. Trump, culpa de los altercados en Francia “a la inmigración musulmana”.
Al movimiento ultraderechista global le viene de perlas que la ira estalle para que llamas, humo y sangre distraigan de las razones del malestar social.
Protestas en España, Francia, Italia, Alemania, Portugal, Grecia… Albania
Los reaccionarios apuntan hoy al “contubernio izquierdista-inmigrante”, igual que Franco azuzaba el miedo al “contubernio judeo-masónico”. Pero si eso explicara las protestas, ¿por qué ocurren también en Albania, con casi un 0% de inmigrantes y ya gobernada por la izquierda?
Igual no hemos seguido las noticias albanas. Puede que ni situemos el país en el mapa. En cambio, el yerno de Trump, Jared Kushner, lo tiene bien localizado. De hecho, las revueltas albanesas empezaron por las maniobras del marido de Ivanka para comprar terreno en un parque natural protegido, para crear allí un resort turístico de megarricos. Especulación y pelotazos de milmillonarios a costa de la población. ¿Nos va sonando?
Manifestaciones al inicio pacíficas en Francia, Italia, Albania… han derivado en conflicto. Violencia ciudadana en respuesta a un sistema violento que oprime hasta prender la chispa para acusar a la gente y reprimirla.
La sociedad civil, con protagonismo estudiantil, se ha puesto en pie, llena de dignidad, para evitar que les tomen el pelo. Incluso gente albanesa emigrada ha vuelto al país para defenderlo de este ataque e invasión de capital extranjero. Las manifestaciones, durante meses pacíficas, han crecido, englobando protestas contra la corrupción, la falta de inversión en sanidad y educación, el aumento del coste de la vida… ¡Caramba, qué coincidencia!
La verdad es que una indignación ciudadana, de causas comunes, recorre Europa: España, Francia, Alemania, Italia, Albania... y más recientemente Portugal y Grecia. Y copan las portadas los enfrentamientos estallados en Francia e Italia… Violencia ciudadana en respuesta a un sistema violento que, aplasta y empuja a las personas hasta hacer saltar la chispa, para, tras etiquetarlas de “agresivas”, aporrearlas, gasearlas, dispararles cañones de agua e imponer el toque de queda, es decir, recortar la libertad. ¡Llegando el francés Macron a prohibir todas las manifestaciones salvo las sindicales!
Soldados y policías fascistas infiltrados
Pensemos un segundo. Por cada protesta, en España o fuera, desmadrada o de un pacifismo ejemplar, ¿cuánta violencia policial? Solo aquí, en nuestro país, el empujón de ese policía salvaje que le fracturó la mandíbula a una maestra en huelga y que en el juicio dice que “la desplazó por protocolo”; las brutales cargas en el desahucio de la fallecida Maricarmen; la agresión policial en la Complutense, incluida la rotura del brazo de una estudiante a quien iban a romperle la cara; la veintena de heridos, incluso en la cabeza, en las marchas contra la turistificación en Palma; la saña de agentes al golpear al profesorado crítico con Ayuso, que coreaba: “Somos docentes, no delincuentes”; las decenas de lesiones, en la protesta contra Vox en A Coruña. Tremendo suma y sigue...
Tenemos un problema serio con nuestra Policía y Ejército. Las torturas y vejaciones a cargo de soldados denunciadas por personas inmigrantes en Ceuta, reveladas por elDiario.es, con audios y vídeos, documentados por Amnistía Internacional, con partes de lesiones atestiguados por el hospital ceutí, que han llegado a los tribunales no nos están poniendo los pelos de punta como merecen. Ni llevan a una respuesta tajante por parte del gobierno progresista y ese PSOE y Sumar que lo integran. Los ministros socialistas de Interior y Defensa, Marlaska, y Robles se limitan a dejar que los jueces diriman responsabilidades. ¡Peor aún, Pedro Sánchez da un espaldarazo a Margarita Robles en pleno escándalo nombrándola su número 2 al Congreso por Madrid!
Nuestra democracia tiene que depurar cuando antes y en defensa propia a los infiltrados fascistas que hay en la Policía y Ejército. Ese caballo de Troya que maltrata a migrantes y manifestantes, jalea el “¡A por los rojos!” de Vito Quiles y sueña resucitar el franquismo.
Es el clásico “guiño conservador” del PSOE. El clásico error de contemporizar con lo intolerable en vez de atajarlo. Incluso ahora que el partido socialista español sufre en sus carnes los desvaríos y ataques de otros socialistas, como la danesa Mette Frederiksen, quien justifica y hace suyas políticas ultraderechistas, racistas y contrarias a los derechos humanos. No sólo en lo relativo a las migraciones, sino queriendo autorizar el uso de la fuerza en las escuelas.
Las fuerzas y cuerpos de seguridad, en estados democráticos y de derecho, como el nuestro, deben servir para garantizar los derechos y libertades ciudadanos. Pero, obviamente, hay mucho facha infiltrado que actúa, como si fuera brazo armado de un estado autoritario. Lo hacen mientras lo añoran y conspiran para volver a imponernos la dictadura fascista. No ya en chats privados, como ése, revelado en 2020, donde ex altos mandos escribían que no quedaba “más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”. Este último 12-O, al salir del desfile, legionarios en activo apoyaron el grito de Vito Quiles: “¡A por los rojos!”, bramando entusiasmados.
Amenazas de Vox y PP
La conducta violenta y amenazadora de ciertos policías y militares no es aislada, sino eslabón de una cadena. La misma que desde las redes sociales ha culpado falsamente a Ahmed y Youssef de matar a una anciana para hacerles diana del odio. Esa a la que pertenece el vídeo del eurodiputado de Vox Jorge Buxadé y su compañero en el Congreso José María Figaredo amenazando con superar la motosierra de Milei y “usar un bulldozer” para “llevarse por delante a quien sea”, cuando gobiernen.
Incluso el líder del PP, ese Feijóo que desde Galicia hacía gala de moderado, acaba de amedrentarnos nada sutilmente, pese a disfrazar sus palabras de mensaje a “anti okupas, jetas y corruptos” al advertirnos (minuto 00.59 del vídeo): “Dicen: Cuidado que viene el PP. Pues sí, que tengan cuidado”.
Lo que nos faltaba, era el fascista presidente argentino Milei, viniendo a llamar “dictador” al presidente Sánchez, legítimamente elegido, y a vociferar que hay que “sacar a los socialistas a patadas”.
Ojo con la violencia, física, verbal y sistémica. El único futuro sostenible, ilusionante y en paz pasa por creernos en serio, proteger y ampliar los derechos humanos, la convivencia democrática, la justicia y el bienestar social.
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