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Premio Nobel de Medicina 2026 para los creadores de la optogenética, el control de las señales nerviosas mediante la luz

Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, Nobel de Medicina 2026.

Antonio Martínez Ron

5 de octubre de 2026 11:36 h

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El Instituto Karolinska ha otorgado el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2026 conjuntamente a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel “por sus descubrimientos relativos a los canales iónicos activados por luz y la optogenética”. Este método permite controlar las señales nerviosas mediante la luz y ha ayudado a comprender cómo las células nerviosas influyen en la memoria, las emociones y el comportamiento en el cerebro vivo. 

La optogenética ha alcanzado rápidamente un gran impacto a nivel mundial y ha servido a los investigadores para descubrir circuitos neuronales que rigen recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos relevantes para trastornos neurológicos y psiquiátricos. En medicina clínica, los investigadores están utilizando este método para intentar restaurar la visión en personas con discapacidad visual. “La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar”, afirma Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina.

Peter Hegemann y Georg Nagel descubrieron una proteína extraordinaria, la canalrodopsina, en un alga unicelular y Karl Deisseroth transformó esta proteína en un interruptor activado por luz para las células nerviosas.

La optogenética se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos

Abdel El Manira — Miembro del comité Nobel

Todo comenzó con la curiosidad de Peter Hegemann. Se preguntaba cómo Chlamydomonas, un alga unicelular, era capaz de nadar hacia una fuente de luz. A principios de la década de 2000, él y Georg Nagel descubrieron la canalrodopsina, una proteína de algas con propiedades únicas, que se encuentra en la superficie de la célula. Cuando se ilumina con luz azul, se abre un canal a través de la proteína. Los iones cargados fluyen entonces hacia el interior de la célula, creando un impulso eléctrico. 

Los dos primeros galardonados descubrieron que, independientemente de la célula en la que introdujeran la proteína, estas se volvían sensibles a la luz. Karl Deisseroth introdujo el gen de la rodopsina de canal en células nerviosas de ratas. Al iluminar las células con luz azul, logró activar una señal nerviosa y publicó este descubrimiento en 2005. Dos años después, consiguió que este mecanismo de activación de las células nerviosas mediante luz funcionara en el cerebro de ratones vivos.

Terapia contra la ceguera

“La optogenética se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos”, ha resumido Abdel El Manira, miembro del comité Nobel. “Su impacto va más allá del cerebro sano: ha revelado cómo se alteran los circuitos en patologías como la ceguera, la depresión, la adicción y la demencia”.

Una ilustración sobre la herramienta premiada.

Sobre las posibilidades de desarrollar nuevas terapias médicas mediante optogenética, Per Nilsson, del comité Nobel, considera que un ejemplo claro es la ceguera por retinitis pigmentosa. “En esta enfermedad, los pacientes pierden los fotorreceptores (bastones y conos), pero conservan células sanas en la retina”, ha explicado en la rueda de prensa. “Los investigadores han usado optogenética para estimular esas células sanas e intermedias, enviando señales al nervio óptico y generando percepción visual en el cerebro. Requiere gafas especiales que captan el entorno y proyectan luz a la retina. Ya hay varios ensayos clínicos en marcha con este enfoque. Aunque es principalmente una herramienta de investigación básica, su impacto potencial en enfermedades es inmenso”.

Una dimensión nueva

“Antes teníamos mapas anatómicos del cerebro; ahora podemos generar mapas funcionales y entender cómo se comunican las células a lo largo del cerebro”, ha señalado Anna Vedell, del comité Nobel. “Esto abre una dimensión completamente nueva. Gran parte del trabajo se realiza en modelos animales (por ejemplo, ratones con epilepsia, demencia, depresión o adicción) para entender qué circuitos están alterados y cómo modificarlos puede alterar la evolución de la enfermedad. Esto nos indica exactamente dónde buscar e intervenir en seres humanos”.

La optogenética ha permitido el desarrollo de la neurociencia de manera crítica al poder activar o inhibir grupos neuronales específicos y ver la consecuencia comportamental

Juan Lerma — Neurocientífico

Para el neurocientífico español Juan Lerma, este es un premio largamente esperado. “La optogenética ha permitido el desarrollo de la neurociencia de manera crítica al poder activar o inhibir grupos neuronales específicos y ver la consecuencia comportamental”, explica a elDiario.es. “De igual manera hay desarrollos con esta tecnología que permiten activar neuronas de la retina en personas ciegas que así pueden recuperar cierto grado de visión”.

A juicio de Lerma, la herramienta ha abierto una puerta extraordinaria al control fino de poblaciones neuronales específicas, lo que generan oportunidades no solo de entender la biología del comportamiento, sino también de desarrollar terapias en determinadas enfermedades cerebrales. “Desgraciadamente hay mas científicos implicados, que se han quedado fuera, como Feng Zhang, pero los tres premiados son enteramente merecedores del galardón”.

Gertrudis Perea, investigadora del Centro de Neurociencia Cajal, CNC-CSIC, cree que este galardón premia una idea tan sencilla como revolucionaria: controlar neuronas con luz. “La optogenética ha permitido pasar de observar el cerebro a entender qué circuitos causan la memoria, el miedo o la adicción, abriendo además la posibilidad de tratar enfermedades como la ceguera”, declara al SMC. “Este reconocimiento representa también el triunfo de la ciencia básica que, partiendo de un alga, ha iluminado la neurociencia”.

“La optogenética cambió radicalmente nuestra manera de estudiar el cerebro: por primera vez pudimos pasar de observar la actividad neuronal a manipular con enorme precisión tipos específicos de neuronas”, añade Liset M. de la Prida, directora del CNC-CISC, a elDiario.es. “Con ella podemos activar o inhibir su actividad eléctrica a una resolución temporal extraordinaria. Es difícil entender la neurociencia de circuitos de las últimas dos décadas sin esta tecnología; el Nobel reconoce una auténtica revolución experimental”.

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