Cuatro momias halladas en Perú ponen en duda lo que se sabía sobre el final de la civilización nasca
El hallazgo de cuatro individuos momificados en Huaca del Loro, en la costa sur de Perú, plantea nuevas preguntas sobre la relación entre la civilización nasca y el Imperio wari durante un periodo de importantes transformaciones en la región. La interpretación tradicional apunta a que los wari conquistaron a los nasca, pero la ubicación de estos enterramientos abre otra posibilidad: que la implantación del nuevo poder en la zona contara con algún grado de colaboración entre ambas sociedades, en lugar de responder únicamente a una conquista violenta.
Corina Kellner, antropóloga biológica y profesora del Departamento de Antropología de la Universidad del Norte de Arizona, formó parte en 2018 de un equipo seleccionado para excavar Huaca del Loro y regresó a la zona con un equipo en 2022. Fue durante aquella segunda campaña cuando aparecieron los cuatro cuerpos, envueltos, sentados y flexionados, con las rodillas contra el pecho y las manos alrededor del rostro, una disposición habitual en numerosos enterramientos peruanos. Lo excepcional era el lugar: estaban enterrados junto a un templo wari y no en el cementerio donde se encontraban los demás individuos. Además, las momias habían permanecido intactas durante más de un milenio, algo poco frecuente en Perú.
Huaca del Loro se encuentra en una región habitada por los nasca aproximadamente entre los años 1 y 750 d. C. y estuvo ocupada durante el denominado Horizonte Medio, una etapa de transición que coincidió con el final de esta civilización y con el comienzo de un periodo de influencia estatal del Imperio wari y de Tiwanaku, en Bolivia. Precisamente por encontrarse en ese contexto, el estudio de los restos humanos puede aportar pistas sobre si nascas y waris interactuaron durante la llegada de estos últimos a la región y, en caso afirmativo, sobre la naturaleza de esa relación.
Una conquista que pudo ser más compleja
La investigación, publicada por la misma Northern Arizona University , trata ahora de averiguar si existió resistencia y hasta qué punto fue compleja la relación entre ambas sociedades durante la expansión wari. Kellner plantea que estos procesos no tienen por qué producirse siempre mediante enfrentamientos violentos y que existen otras formas de ejercer influencia sobre un territorio, relacionadas también con aquello que distintas poblaciones pueden necesitar unas de otras. En este caso, los indicios llevan al equipo a considerar que nascas y waris pudieron mantener una relación previa y que los primeros incluso podrían haber apoyado al Imperio wari. Se trata, por ahora, de una posibilidad que las investigaciones en curso deberán ayudar a esclarecer.
Uno de los posibles puntos de conexión se encuentra en los recursos y conocimientos que podían intercambiar ambas sociedades. Los nasca eran conocidos por sus técnicas cerámicas y sus colores, mientras que los textiles y el acceso al algodón también pudieron desempeñar algún papel. El Imperio wari estaba asentado en Ayacucho, una zona situada a gran altitud donde cultivar algodón podía resultar complicado. Los nasca, en cambio, ocupaban tierras más bajas y apropiadas para producir este cultivo, además de hojas de coca y otros productos.
ADN y tomografías para buscar nuevas respuestas
Para buscar respuestas, Kellner regresó a Perú durante cinco semanas y trabajó junto a Melissa Lund, profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Alexandra Oshiro, estudiante de posgrado de la misma universidad. Las momias ya habían sido examinadas mediante radiografías tras su descubrimiento, pero en esta nueva fase, y con autorización del Ministerio de Cultura y la colaboración de arqueólogos peruanos y de Susana Arce, directora del Museo Nacional de Lima, donde se conservan los restos, los investigadores realizaron tomografías computarizadas y tomaron muestras de ADN. También recogieron muestras de otros seres humanos y animales encontrados en el yacimiento.
El siguiente paso será combinar esa información con análisis isotópicos destinados a obtener pistas sobre la dieta, las relaciones y los patrones migratorios. Cuando estén disponibles los resultados de las muestras de ADN y de las tomografías, Kellner prevé continuar el trabajo en el laboratorio de paleodieta isotópica de la Universidad del Norte de Arizona junto a sus estudiantes. Allí interpretarán las tomografías y estudiarán los resultados de los análisis isotópicos con el objetivo de comprender mejor cómo interactuaban las distintas sociedades de la región.
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