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‘Deutschland 2033’: el libro que imagina cómo sería una Alemania gobernada por la ultraderecha

Seguidores de AfD antes de un acto político del partido en Sajonia-Anhalt.

Andreu Jerez Ríos

Berlín —
4 de septiembre de 2026 22:45 h

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Alternativa para Alemania (AfD) ha ganado las elecciones federales con un 36% de los votos. La ultraderecha es, con mucha diferencia, el partido más votado del país. La formación, fundada en 2013 al calor de la crisis de deuda en la Eurozona, no tiene suficientes escaños para gobernar en solitario, pero se ha convertido en imprescindible para formar un ejecutivo en la mayor economía europea.

Los conservadores de la CDU-CSU están en segundo lugar, pero muy lejos de AfD. Los democristianos, en estado de shock, hacen frente a un dilema: probar un inverosímil gobierno cuatripartito con socialdemócratas, verdes y poscomunistas (la prensa bautiza la fórmula como Coalición Zimbabue-Ghana por la cantidad de colores de los cuatro partidos involucrados) o abrirse a negociar con la ultraderecha una coalición gobernante con una cómoda mayoría parlamentaria. La democracia cristiana alemana está entre la espada y la pared.

La segunda opción tiene además un serio inconveniente: como partido más votado, AfD tiene derecho a exigir que su candidata, Alice Weidel, se convierta en la futura canciller federal. Weidel lo pone además más difícil, exigiendo a los conservadores “una disculpa pública al pueblo alemán” por haber dejado entrar solicitantes de asilo e inmigrantes al país. La ultraderecha se siente más cerca que nunca de su objetivo real: destruir la democracia cristiana, alcanzar la hegemonía política, tener la mayoría absoluta para gobernar en solitario y transformar a su gusto el Estado alemán.

Tras días de debates internos en la cúpula de la CDU-CSU, el presidente del partido y candidato a canciller democristiano, Jens Spahn, toma finalmente la decisión de tumbar lo que queda del cordón sanitario y acepta unas negociaciones con una ultraderecha considerada por los servicios de Inteligencia del país como parcialmente de extrema derecha —por consiguiente, una amenaza para el orden constitucional—.

El título es una alusión a 1933, a la toma del poder por parte de los nacionalsocialistas. Y lo he elegido por una sencilla razón: llevo 13 años informando sobre AfD y conozco muy bien el partido. Y cada vez que leo informes de los años 30, me doy cuenta de que el tono era muy similar.

Justus Bender periodista y autor del libro

Las negociaciones van más rápido de lo esperado. En pocas semanas, los partidos se ponen de acuerdo y Weidel es elegida canciller por el Bundestag con los votos de su partido y de los conservadores.

La ultraderecha alemana no pierde tiempo. Desde el minuto uno, comienza a aplicar algunas de sus grandes promesas electorales: deportaciones masivas de solicitantes de asilo, sin esperar a que los tribunales fallen si son legales; prisión para las personas sin permiso de permanencia; retirada de la ciudadanía alemana a personas con raíces extranjeras; reforma del código penal, que incluye el delito de “difusión de noticias falsas”; encarcelamiento de periodistas y registros de medios críticos y recortes draconianos en la radio y la televisión públicas; una reforma constitucional que establece que la cultura alemana debe prevalecer sobre el resto y que Alemania es un país cristiano.

“Un escenario”

Los párrafos anteriores resumen la Alemania que Justus Bender se imagina en 2033. El periodista político del diario liberal-conservador Frankfurter Allgemeiner Zeitung ensaya ese hipotético futuro en su recién publicado Deutschland 2033. Ein Szenario. ('Alemania 2033. Un escenario'). “El libro es un análisis, porque la trama ficticia solo sirve para ilustrar una idea”, explica el autor a elDiario.es.

Deutschland 2033 no es una novela, sino un ensayo sobre cómo lo que hoy está ocurriendo en Alemania puede influir en el futuro próximo del país. Que un periodista de uno de los diarios más leídos del país haya elegido 2033 —es decir, un siglo después de la toma del poder por parte de Adolf Hitler— indica el clima político en un país que durante décadas se creyó inmune al ascenso electoral de cualquier formación situada a la derecha de la democracia cristiana.

El periodista BenderJustus, autor de 'Alemania 2033. Un escenario'

La historia no se repite y la República Federal de Alemania no es la República de Weimar. Sin embargo, el acompasamiento de determinadas dinámicas de los años 20 y 30 del siglo XX con lo que hoy ocurre en Alemania ha llevado a Bender a escribir un libro cuyo título es una provocación y una advertencia.

“El título es, por supuesto, provocador”, dice Bender. “Se trata claramente de una alusión a 1933, a la toma del poder por parte de los nacionalsocialistas. Y lo he elegido por una sencilla razón: llevo 13 años informando sobre AfD y conozco muy bien el partido. Y cada vez que leo informaciones de los años 30 –artículos de periódicos, por ejemplo, o diarios personales–, me doy cuenta de que el tono era muy similar. Es decir, la forma en que los nazis se reían de sus críticos, diciendo: '¿Cómo pueden insinuar que queremos hacer algo ilegal? No crean las mentiras de la prensa liberal mentirosa”.

Precisamente así reaccionan hoy así los líderes de Alternativa para Alemania cuando se les acusa de querer establecer una ciudadanía con criterios étnicos o aplicar su plan de “remigración” para deportar a millones de personas que han llegado al país en la pasada década.

La Hungría de Orbán como modelo

Alemania no está tan lejos del escenario que dibuja Justus Bender en su Deutschland 2033. Basta con echar un vistazo a las proyecciones electorales. Todas las encuestas sitúan a la ultraderecha entre el 27 y el 29% de intención de voto, más de seis puntos por delante de los conservadores de la CDU-CSU y muy lejos del resto de partidos.

No estamos ante la fotografía de un momento concreto, sino de una tendencia que se viene consolidando desde hace meses. AfD ha roto un dique y apunta a ser la fuerza más votada no sólo en el este del país, considerado hasta ahora su gran bastión, sino en el resto de Alemania. La ultraderecha acaricia el umbral del 30%.

Es la coyuntura en la que Bender ha escrito un libro en el que imagina cómo sería una Alemania con un gobierno liderado por la ultraderecha. “Es, sobre todo, un país en el que se ha roto algo muy fundamental”, explica el autor. “En la esfera pública, en la cultura del discurso público, ya no existe la responsabilidad. Es decir, ya no funciona como antes: que un político se contradiga a sí mismo o cometa un error y, a raíz de ello, surja una presión que le obligue a rectificar. Simplemente, en este país todo es posible y, en este clima, un gobierno de AfD puede, por supuesto, imponer muchísimas cosas”.

He escrito este libro como respuesta, porque quería demostrar que no es tan sencillo y que un gobierno tiene un poder enorme y puede hacer muchas cosas sin que nadie lo detenga

Justus Bender periodista y autor del libro

En Alemania, incluso en parte de la izquierda, se está imponiendo una opción ante el avance de la ultraderecha: dejar que gobierne con la esperanza de que fracase y decepcione al electorado. Una posición que parece más alimentada por la impotencia que por argumentos racionales.

“He oído muchas veces a gente decir: '¿Qué puede pasar de malo? O bien gobiernan correctamente o, si hacen algo ilegal, los tribunales los detendrán'”, reflexiona en voz alta Bender, quien advierte acto seguido: “He escrito este libro como respuesta, porque quería demostrar que no es tan sencillo y que un gobierno tiene un poder enorme y puede hacer muchas cosas sin que nadie lo detenga”.

¿Y qué podría cambiar AfD sin grandes obstáculos? “Lo que podríamos esperar de una Alemania gobernada por AfD no sería el Cuarto Reich –es decir, la continuación del nacionalsocialismo–, sino más bien algo parecido a la Hungría de Víktor Orbán, a su democracia iliberal. Creo que Alemania no dejaría de ser democrática porque habría elecciones, pero las instituciones liberales, la prensa libre, la formación de la opinión pública y la igualdad de los ciudadanos independientemente de su origen étnico se verían amenazadas”.

La primera piedra de esa hipotética futura Alemania pueden ser las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt del próximo domingo. AfD roza la mayoría absoluta en las encuestas de esa región del este de Alemania. Su candidato, Ulrich Siegmund, podría convertirse en el primer ministro regional de la ultraderecha y Sajonia-Anhalt, una especie de laboratorio de pruebas para la Alemania que sueña AfD.

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