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Análisis

Merz recibe un duro revés tras el fracaso diplomático de Alemania en su candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU

El canciller alemán, Chancellor Friedrich Merz, durante un discurso en el Bundestag el 11 de junio.
11 de junio de 2026 22:27 h

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Es el último fracaso del Gobierno de Friedrich Merz. La Asamblea General de Naciones Unidas tumbó la semana pasada la candidatura de Alemania a un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para los años 2027 y 2028. Alemania recibió 104 votos, claramente por detrás de los otros dos países aspirantes: la vecina Austria, con 131, y Portugal, con 134. Se trata de la derrota más grave hasta la fecha en materia de política exterior para el Gobierno de coalición liderado por Merz. Se trata de la primera vez en 40 años que Alemania se presenta para formar parte del Consejo de Seguridad y no lo consigue.

En declaraciones a la cadena de televisión ARD unas horas más tarde de la votación, el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, reveló que había barajado la posibilidad de dimitir en caso de derrota, pero que finalmente descartó la idea.

La derrota es especialmente llamativa porque la actual presidenta de la Asamblea General es Annalena Baerbock, política verde alemana que fue ministra de Exteriores del anterior Gobierno del país, liderado por Olaf Scholz. Ni siquiera el actual rol diplomático de Baerbock consiguió convencer a los representantes de la Asamblea General de que la tercera economía mundial y el país más grande y poblado de la Unión Europea merecía estar representado en el Consejo de Seguridad.

El rechazo choca de frente con el relato que la diplomacia alemana ofrece en el concierto internacional: Berlín dice estar siempre del lado del derecho internacional y en favor del multilateralismo. La diplomacia alemana se pregunta ahora contrariada por qué fue entonces rechazado el país por la Asamblea General de la ONU, una organización que sobre el papel persigue precisamente la defensa del derecho internacional y el fomento del multilateralismo.

Rusia o la improvisación

El fracaso diplomático alemán ha desatado en Berlín un debate político sobre sus razones. Una parte de la élite política y de la prensa del país apunta hacia Rusia y una presunta red de apoyos construida por el Kremlin en los países del llamado Sur Global en contra de las aspiraciones alemanas de estar en el Consejo de Seguridad. Esa corriente cree que el férreo apoyo diplomático y financiero de Berlín al Gobierno de Zelenski en su guerra contra la invasión rusa ha motivado esa ofensiva diplomática rusa contra Alemania.

Otro de los motivos apuntados sobre la debacle alemana en la Asamblea General de la ONU es la falta de preparación e improvisación de la candidatura. Así lo apunta Christoph Heusgen, antiguo diplomático de Alemania en la ONU y exasesor de Angela Merkel cuando esta era canciller federal, en una reciente entrevista con el semanario alemán Der Spiegel: “Arrancamos la campaña demasiado tarde y no nos implicamos suficiente. Dimos por sentado que funcionaría”, dice Heusgen, quien destaca también la ausencia del canciller Merz en la Asamblea General de la ONU como uno de los motivos.

El apoyo incondicional del Gobierno alemán a Israel, definido como “Razón de Estado” en Alemania, aparece curiosamente como la última de las razones dentro de los principales análisis. La doble vara de medir el derecho internacional por parte de Berlín en los casos de Ucrania y Gaza apunta a ser uno de los principales motivos del fracaso alemán. El mismo Christoph Heusgen lo reconoce en su entrevista con Der Spiegel. “En muchos lugares se tiene la impresión de que Alemania aplica un doble rasero. La relativización del derecho internacional nos ha costado credibilidad y votos”, dice el diplomático.

Según han adelantado varias agencias de información, la diplomacia alemana tiene la intención de volver a presentar candidatura al Consejo de Seguridad para el bienio de 2035 y 2036.

Una coalición con tiranteces

El fracaso diplomático de Alemania en la ONU es un factor más de presión sobre el Gobierno liderado por Merz, que ya arrastra desde hace meses urgencias por sacar adelante un paquete de reformas bloqueado por las diferencias entre los tres partidos que conforman la Gran Coalición, los democristianos de la CDU, los socialcristianos bávaros de la CSU y los socialdemócratas del SPD. Las próximas semanas, hasta las vacaciones veraniegas parlamentarias de julio y agosto, serán decisivas para que los tres partidos resuelvan sus diferencias sobre mercado de trabajo, jubilaciones, política fiscal y reducción de la burocracia.

Esas son las grandes trabas para el gran paquete de reformas que Merz anhela para una economía que consiguió salir este 2026 por los pelos de la recesión y a la que la guerra de EEUU e Israel contra Irán amenaza con volver a contraer. El canciller conservador insiste mucho en aumentar las horas de trabajo y la productividad de los alemanes, pero menos en reformar un modelo económico que estuvo basado durante décadas en la industria exportadora alimentada por el gas barato ruso y que ya no funciona ni tiene visos de volver a funcionar, a la vista de la realidad geoestratégica que rodea Alemania.

El canciller conservador insiste mucho en aumentar las horas de trabajo y la productividad de los alemanes, pero menos en reformar un modelo económico que estuvo basado durante décadas en la industria exportadora alimentada por el gas barato ruso

Medios alemanes no dudan en calificar de “miserable” la imagen de desunión que proyectan los tres partidos de Gobierno y el canciller Merz, al que se le ve visiblemente cansado por la situación de bloqueo. Tanto es así que en Berlín ya se especula con que el conservadurismo alemán podría acabar obligando a Merz a dar un paso al costado para dejar que el primer ministro democristiano de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, asumiera eventualmente la cancillería con una nueva investidura en el Bundestag.

Las elecciones el próximo septiembre en los estados germano-orientales de Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Antepomerania alimentan ese escenario a poco más de un año desde que Merz asumiese el cargo de canciller. En ambos estados, la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) lidera holgadamente las encuestas de intención de voto. En el caso de Sajonia-Anhalt, AfD incluso podría obtener mayoría absoluta, con lo que haría saltar por los aires el llamado “cordón sanitario” y, muy probablemente, también la Gran Coalición liderada por Merz.

La reciente participación de Merz en un congreso de su partido en Mecklemburgo-Antepomerania simboliza a la perfección la urgencia que acucia al canciller. “Wir schaffen das” [lo conseguiremos], dijo Merz ante una audiencia no precisamente entusiasmada. El canciller pronunció precisamente la misma frase que Angela Merkel usó en 2015, en medio de la llamada crisis de refugiados. Merz construyó su vuelta a la primera línea política en contra de la herencia política de Merkel. Ahora parece dispuesto a imitarla.

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