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Opinión - 'En manos de idiotas y desaprensivos', por Rosa María Artal

En manos de idiotas manejados por desaprensivos

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso  en el Puesto de Mando Avanzado de Navalcarnero (Madrid) este lunes. EFE/ Mariscal
28 de julio de 2026 21:41 h

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Siguiendo el manual de los desastres, el PP, sus voceros y el resto de colaboradores se han entregado a la tarea de ensuciar salvajemente la convivencia, tratando no solo de eludir sus responsabilidades en las tragedias que se van sucediendo, sino de sacar partido de ellas. Lo hacen siempre. Tras la pandemia, con los datos de Madrid o la dana de la Comunidad Valenciana, han comprobado que les funciona. Es absurdo, pero ocurre y seguramente hay una explicación al menos de punto de partida.

Estamos en manos de idiotas, manejados por desaprensivos. Una combinación tan explosiva que les permite robarnos las democracias sin que buena parte de los afectados se entere. Ellos, los protagonistas de una forma u otra, no las valoran. La sociedad en su conjunto tampoco parece consciente de la importancia del fenómeno y de la urgencia que requiere abordarlo. Si es que se puede por semejante oleada, tan masiva y libre de movimientos.

Es tendencia internacional.Trump y Netanyahu van a cargarse la Corte Penal Internacional sin que nadie mueva un dedo para impedirlo. Es la búsqueda de la impunidad para sus crímenes, por si remotamente se fuera a hacer algo con ellos. Trump anda también modelando América entera a su gusto, con algo más que apoyos a candidatos de ultraderecha, muchos de los cuales ya están en el poder. Del otro lado -o del mismo- Daniel Ortega en Nicaragua anuncia que se han acabado las elecciones -títere-, se queda y punto. Profunda amargura por aquella Revolución Sandinista que despertó tantas esperanzas hace ya décadas. Ay, Nicaragua, Nicaragüita. El propio Trump se prepara para abortar de alguna manera los resultados de las elecciones estadounidenses de noviembre que le pintan favorables.

Las urnas no parecen ya la vía indispensable en democracia para elegir gobiernos. Y nadie se espanta de sus consecuencias. Ah, sí, Cuca Gamarra, pero solo en Nicaragua. No se calibran los derechos que se anulan con la democracia pisoteada. Y, para nuestra desgracia, España intenta sin duda otro camino de acceso al poder distinto a las elecciones, por si acaso les siguen faltando votos. Las derechas lo intentan. Y el proyecto también se sostiene en idiotas manejados por desaprensivos. Hacen tanto ruido. Les gusta a los idiotas el ruido tanto. Distrae tanto a los demás esos estruendos mediáticos de flashes disparados con metralleta de repetición, consumidos, triturados, sustituidos al segundo siguiente de decaer. Saturan hasta no poder más y salir huyendo, pero no a los idiotas según se ve.

Los bulos malintencionados sobre los terribles incendios que nos asolan nos dan la síntesis perfecta de cómo se maneja a los idiotas para eludir responsabilidades. Siquiera para distraer y que memas y memos de solemnidad salgan dando clases de ciencia que producen sonrojo al oírlas. No me dirán que Ayuso y Ester Muñoz no hablan como catedráticas de física y geografía con diversos masters internacionales de ciencias de la atmósfera. Hace falta ser muy zote para no saber del cambio climático (es de saber, no de creer) o muy inconsciente, si sabiéndolo, se juega con ello por intereses ocultos. Porque lo peor es el daño que hacen… a los idiotas que se los tragan. Y, por su culpa, a todos, porque los idiotas son muchos y sus obras repercuten en la sociedad. Asombra su duda sistemática sobre temas científicos o racionales, argumentados, según quien los ofrezca y cómo se tragan lo más inverosímil si se lo dice alguien que “les gusta”.

Feijóo no aguanta más sin sentar sus reales en La Moncloa. No se ha destacado, por el tsunami de los incendios quizás, la amenaza del presidente del PP como resumen del curso: “Lo peor para el gobierno está por llegar”. ¿De nuevo información privilegiada? ¿Judicial? Caen maduras las demoras procesales de la impunidad y los juicios escandalosos que reiteran en demasía el patrón por el que se mueven. Sin delitos, sin pruebas, con el mismo objetivo a tumbar. Algo debe tramar el PP cuando ha incorporado a un bufete de abogados internacional -que hasta ahora le llevaba tareas de asesoría jurídica- en su ofensiva judicial en casos que afectan al PSOE. Pensarán que es una inversión rentable. Las urnas pasan a ser una antigualla si no dan el resultado apetecido.

En el balance del curso, Pedro Sánchez ha constatado, con datos, que España está mejor hoy que hace ocho años, y es cierto. Sucede según sean las prioridades políticas y es algo en lo que tampoco caen los idiotas mediatizados. El paro en menos del 10% es un récord histórico. Y todo eso volará si el PP y Vox llegan al gobierno de España. Con toda seguridad. No hay sino atenerse a la experiencia.

Estamos ante un retroceso en toda regla. De valores también. “Cualquier español prefiere ser hijo de un marqués a tener de suegro a un explotador de prostíbulos”, soltó en entrevista a El Confidencia Cayetana Álvarez de Toledo, Marquesa de Casa Fuerte por la gloria de sus antepasados, afirmando lo que nadie ha probado sobre los negocios del suegro de Pedro Sánchez y demostrando que para esta gente se heredan igual los títulos nobiliarios que las ocupaciones empresariales de la familia.

Cayetana Álvarez de Toledo es marquesa gracias al título que otorgó a alguno de sus antepasados el rey Felipe V de infausta memoria en España por sus Decretos de Nueva Planta. Inerrable el cisma que creó. Mucho de qué presumir, ¿verdad? Ningún insulto más duro, más machista y más injusto que llamar a alguien hijo de puta. El que Ayuso patentó para Sánchez, por cierto.

Se han especializado en insultar al presidente del Gobierno de una forma que no sé si practocarían en una pelea en el barro en cualquier tugurio del submundo. Hiere la sensibilidad oír o leer lo que dicen. La clásica táctica nazi de la deshumanización como debemos recalcar una y otra vez. Y mucha gente no parece saber qué viene detrás, qué trae y qué se lleva esta derecha sucia donde las haya. De momento, trae crispación y se lleva democracia. Después ya les toca a los derechos, uno tras otro, tan ricos en beneficios privados.

Semana tras semana en la misma encrucijada, o cada vez peor. Triunfos deportivos, tragedias infernales, pasan como aves volando, y se queda esta derecha golpista y puerca, inasequible al desaliento como les enseñaron sus mentores hace casi un siglo (la frase es del fundador de Falange). Hay varias respuestas de mano dura y firme que parecen inaplazables, pero nada se mueve en ese sentido. Y se agota el tiempo.

PD. La palabra idiota procede de la antigua Grecia: idiōtēs, derivado de idios (“propio” o “personal”), y definió en su día a las personas que no se ocupan de sus asuntos públicos y los dejan en manos de otros. Los de ahora creen que se ocupan. Tan mal que es peor que si no lo hicieran. Muchas veces operan en contra de sus propios intereses y no existe ineptitud mayor. Lo peor es que los idiotas están manejados por desaprensivos y, al operar unidos, el común de la sociedad se encuentra en manos de todos ellos.

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