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Opinión - 'Ceuta y la galleta en el plato', por Neus Tomàs

Ceuta como símbolo

Agentes de la Policía Nacional desplegados en Ceuta tras la crisis por la llegada de migrantes
1 de septiembre de 2026 21:22 h

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Hay un juego de equilibrios -juego de jugar- en el que una torre construida con piezas de madera superpuestas, sin argamasa, va siendo aligerada de sus bases a ver cuánto aguanta en pie: quien quita la pieza que lo tumba, pierde. Una imagen gráfica del momento actual, en el que Ceuta resulta ser el componente más delicado que puede derrumbar el edificio. Pasó otras veces antes y se superaron las crisis. En esta ocasión confluyen varios factores, nuevos o reforzados algunos, para estar al menos conteniendo el aliento.

No es casualidad, ni se explica con simplezas sin aportar pruebas, que el 30 de julio irrumpieran en Ceuta unas 80.000 personas, prácticamente el mismo número que habita en la ciudad autónoma española. Española, sin ninguna duda, y desde el año 1580. No era una invasión, como gusta decir a las derechas, porque quienes irrumpieron en Ceuta no traían otra cosa que necesidades, escasez y sueños, que no son precisamente armas cruentas. De hecho, hay que estar bastante agobiado por el presente para emprender tal aventura y enfrentar sus riesgos. De hecho, decenas de personas se dejaron la vida en el empeño o se perdieron en el limbo de los desaparecidos.

Por supuesto, no hay población que soporte verse duplicada de la noche a la mañana sin disponer de alojamientos y medios de vida para los llegados. Nos dijeron que la gran mayoría emprendieron el regreso en los días siguientes, pero quedaron varados varios miles que han sufrido todo tipo de penalidades. Muchos de los cuales siguen alimentando sus anhelos porque la vida llama y ven, pese a todo, un horizonte de color.

La respuesta del gobierno no ha estado a la altura (demasiadas dilaciones), pero tampoco era fácil y con absoluta seguridad no lo hubieran hecho mejor las derechas; el PP es especialista en la bronca, pero su efectividad en la solución de conflictos y catástrofes ha quedado sobradamente demostrada en cuantos han ocurrido bajo sus gobiernos. Desastrosa en todos. Las cesiones desmedidas a Marruecos, ni en sueños las suprimirían PP y Vox mucho más afines a su bloque de intereses.

Por supuesto que han sido muchos quienes propiciaron esta incursión en masa en Ceuta. Lo de resucitar también al enemigo ruso parece de manual conspiranoico, aunque desde luego en el caos internacional de este momento cualquiera puede intentar sacar tajada. Sin duda. Se ha comprobado por diversas fuentes que Rusia activó desinformación... después de la entrada masiva de emigrantes en Ceuta. No antes, El problema -seguramente la causa de la irrupción- es que Ceuta se ha convertido en pieza fundamental del tablero de la geopolítica. El fantoche de la Casa Blanca ya convirtió a Ormuz en su propia debilidad dentro de la errática guerra contra Irán. El Estrecho de Bab el-Mandeb, otra vía marítima crucial que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, no tiene gestión única y sus costas están bajo la soberanía compartida de Yemen en la península arábiga y de Yibuti y Eritrea en la costa africana. El Estrecho de Gibraltar es, pues, una bicoca. Y allí está España, a ambos lados: Ceuta y Melilla frente a la Península.

Estados Unidos lo tiene claro, tanto Trump como sus colaboradores y sus aliados internacionales están más pendientes de nosotros que nunca. Para sacar tajada, naturalmente, como acaba de ver el mundo que no quería enterarse con el ominoso acuerdo entre el trumpismo y el chavismo venezolano que supone el expolio de su petróleo. Y no se queda siquiera en la búsqueda de rapiñas varias, la estrategia es además profundamente ideológica.

Sacar tajada es otra figura estelar del momento. La televisión pública alemana DW, de gran cobertura, que emite también en español, acaba de realizar un reportaje sobre los datos récord de la economía española, cuyo crecimiento triplica a la media de la Unión Europea y que enlazo por si quieren echarle un vistazo después. Y es que en Alemania los demócratas tienen actualmente grandes motivos de preocupación.

Hasta la ex canciller alemana Angela Merkel ha salido a alertar de lo que supone votar fascismos renacidos en las elecciones alemanas que tienen una inminente cita en las urnas, con las encuestas a favor de Alternativa para Alemania (AfD). Ha llamado a la población a “luchar por su democracia”. Las televisiones públicas han avisado también, expresamente, de que con ese triunfo de la ultraderecha la información desaparece. En general es un momento internacional especialmente delicado.

El gran factor añadido para desestabilizar las sociedades es la desinformación y la manipulación a favor de la ultraderecha. Cambian programas y caras en el espectáculo televisivo, con profusión para que todo parezca nuevo, pero no todas traen el sustento principal del periodismo que es la verdad y la independencia. Y encima hay tanta gente abducida, ya que ni distinguen lo que les perjudica directamente.

Algunos medios han pasado de convocar prácticamente al levantamiento de un ejército “humillado” a utilizar al Rey en sus ataques a Sánchez (como si fuera un personaje de adorno y no el jefe del Estado), y a involucrar a los Servicios de Inteligencia. El gobierno ha tenido grandes lagunas en esto y hay piezas que han fallado y deben reponerse, porque, sin duda alguna, los servicios que debían funcionar, funcionaron.

Demasiado para un gobierno que ha debido afrontar contratiempos de gran entidad. La reentré de Sánchez, vía entrevista de Aimar Bretos en la Cadena SER, demostró que no debe ser fácil enfrentarse a otro problema más de esta envergadura, con tanto en contra, con el desgaste personal de ese asombroso y humillante proceso judicial en el que la justicia española ha encausado a su esposa.

Nuestros problemas son enormes, pues, y más cuando la oposición política y mediática los agrava. No falta un detalle, hasta las manifestaciones a las que se aficionó el PP hace ya unos años. ¿Qué quiere decir el lema de las de este miércoles? ¿Hay alguien que esté en contra de Ceuta? Será contra alguien ¿contra el gobierno y los emigrantes? Lo que ya se evidencia con toda claridad son las “ganas de armarla” con esta acción. El Ayuntamiento de Madrid ha convocado mal la concentración, según mandatos del Tribunal Constitucional, como se explica aquí, y ellos, sus medios, y por supuesto Ayuso y su jefe de gabinete ya han manipulado el hecho. Manifestaciones pues, bulos, declaraciones estentóreas, tergiversaciones, bidones de gasolina para prender la mecha, todo el buitreo mediático al completo y hasta con la patética invasión de las costas, vía yate y mariscada, capitaneada por Marcos de Quinto, el del ERE demoledor de Coca Cola. Otra imagen bien simbólica.

¿Y la sociedad? Todo esto cala, pero preocupan menos los aspectos fundamentales que lo que sirven intencionadamente en bandeja. Esta mañana, en el supermercado, una empleada reponía yogures y de charla con un compañero le ha dicho: “Ten cuidado con el chalé de la playa no te lo vaya a ocupar un emigrante que cruce de Ceuta”. No he podido evitar decirle que tuviera más cuidado con los fascistas que vienen por este camino. No he añadido que esos “ocupan” hasta la sanidad pública que es tanto como ocupar la salud entre otros bienes indispensables.

Tiempos estos de no saber ni distinguir a los auténticos enemigos, de perder valores tan esenciales como la humanidad. Veremos si con el tiempo queda el recurso de tirarse al agua a nadar hacia donde la vida sea un poco mejor. Pero ¡qué digo! Seguro que mucha gente reacciona antes ¿verdad? Y el gobierno, y la oposición, y los medios manipuladores. De momento hay quienes sí aguantan a pie firme esta avalancha demoledora.

Volviendo al principio. Jugar por jugar, yo le pondría algún pegamento a las bases de la torre de madera, para darle más solidez y siquiera para conservar siempre algo con el que volver a construir.

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