El carbón de Azcón y la carbonilla de Bonilla
Con el inicio del verano ha finalizado el ciclo electoral que convocó Feijóo en Extremadura, Aragón y Andalucía. A estas tres comunidades se sumó Castilla y León, que era la única autonomía que tenía prevista su cita ordinaria con las urnas. La reciente toma de posesión de Moreno Bonilla ha sido el último petardazo político de la traca con la que el PP quería quemar la Moncloa. Los resultados dejan a los de Génova más débiles, y más atrapados por Vox, de lo que ya estaban a finales del pasado año. Ni siquiera los mejorables resultados del PSOE son gratificantes para los conservadores. Querían despegarse de la ultraderecha, y ahora son más dependientes. Pretendían eliminar a Pedro Sánchez, y hoy el gobierno progresista sigue mejorando la vida de las personas.
Los cuentos de estas elecciones forzadas comienzan de una forma similar: “erase una vez un gobierno del PP que necesitaba estabilidad para poder gestionar los problemas de la ciudadanía”. Lo dijo Guardiola en Extremadura, porque jamás podría compartir responsabilidades con quienes niegan la existencia de la violencia machista. Azcón nos aclaró que su gabinete funcionaba mejor desde que la ultraderecha abandonó su ejecutivo de coalición. Y Moreno Bonilla explicó que, para evitar el lío de gobernar con Vox, necesitaba una mayoría suficiente. A estos tres cuentistas se ha sumado el presidente de Castilla y León. Juntos, son las cuatro patas de un Feijóo que dirige a los cuatreros de la verdad. Al final del cuento, el lobo de Abascal, tras entrar en casa de la Caperucita azul, se come los votos del PP y amenaza los derechos de las personas.
Si la política de Feijóo la marca Aznar, la promueven pseudo medios afines pagados desde las instituciones que gobiernan las derechas, la ejecutan algunos jueces afines y Ayuso dicta su programa político ¿qué le queda al máximo dirigente del PP? Quizás poner su jeta. Es lo que explica el nerviosismo del gallego y la ansiedad por llegar vivo a las próximas elecciones generales, con permiso de sus compañeros de partido a los que se ha unido en un mismo destino. El líder popular ejerce de Ulises, atado y atando a su partido a las columnas de Vox, para evitar la tentación de gobernar desde el centro. La reprimenda que ha recibido tras declarar que “había que pasar página del procés”, para acercarse a Junts, es un zasca en toda regla. La mayoría a la que aspiran los conservadores “será nacional o no será” (Aznar dixit). La única duda es si interpretan el mandato con “z” o con “c”.
¿Hubiera sido descabellado un órdago de Moreno Bonilla frente a Vox? Pienso que no. El andaluz podía haber explorado una abstención progresista, a cambio de no meter en su gobierno a la ultraderecha. O forzar una repetición electoral, que hubiera debilitado a los de Abascal. El problema para Feijóo, Guardiola, Azcón o Mañueco es que Bonilla, con cualquiera de esas opciones, les hubiera desnudado en sus intenciones de unir el destino del PP a la ultraderecha de cara a las próximas elecciones generales, municipales y autonómicas de 2027.
La altura de miras de Feijóo se mide con las anteojeras de la ultraderecha. Entre lo que acepta de Vox y lo que asume como suyo, se está quedando sin espacio propio. Ayuso es la encarnación de Abascal en Madrid y en el Partido Popular. Se nutre de sus votos, a cambio de borrar el perfil moderado de los conservadores. Si el líder del PP cree que copiando su estrategia y su programa se fortalece como alternativa de gobierno, se equivoca rotundamente. Su penúltima ocurrencia pasa por amenazar con recortar salarios a quienes no puedan trabajar por estar de baja. Dice también el gallego que impulsará en España la regulación legal para reconocer derechos al concebido no nacido. Detrás de este absurdo se esconde un nuevo ataque, tan creativo como reaccionario, al derecho de las mujeres al aborto. Son ideas inconcebibles de un responsable impensable. Quizás Feijóo sea un nacido no concebido.
La combustión que provocó Feijóo al obligarnos a celebrar elecciones a comunidades como Aragón, ha envenenado la escena política que precede al próximo año electoral. Mientras el PP siga viendo el futuro con las gafas del eclipse de Vox, la contaminación de sus pactos con la ultraderecha seguirá abrasando los derechos que hemos conquistado. En esta hoguera de vanidades políticas vemos las cenizas de los acuerdos de coalición entre el PP y Vox. Son los rescoldos del carbón de Azcón y la carbonilla de Bonilla.
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