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Bombear agua del mar al monte para producir electricidad: ayuntamientos y vecinos contra dos proyectos en Galicia

Las balsas proyectadas para construir dos centrales de bombeo de agua de amar en Oia y O Rosal (Pontevedra).

Beatriz Muñoz

Santiago de Compostela —
20 de septiembre de 2026 22:25 h

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Los proyectos se dieron a conocer el pasado mes de julio, en pleno verano. Beltaine, la empresa de renovables del grupo Jealsa, dedicado a la conserva, está detrás de los planes para construir dos centrales hidráulicas de bombeo en la Serra da Groba –en concreto, en los municipios de Oia y O Rosal– con agua de mar, lo que implicará hacer dos captaciones en la costa, instalar dos plantas con turbinas, tuberías ladera arriba y dos grandes balsas, de unas 20 hectáreas cada una, en el monte, en un entorno natural de elevado valor, para almacenar agua salada. La idea ha puesto en contra a los dos ayuntamientos directamente afectados, gobernado uno por el PP y el otro por el BNG, asociaciones ecologistas y plataformas vecinales. Les preocupan sobre todo los impactos ambientales y los riesgos para los manantiales de agua de los que se abastecen quienes viven en la zona.

Las centrales hidroeléctricas de bombeo no son una novedad. Existen ya varias en España, alguna en Galicia, y continúan tramitándose proyectos. Lo que es más infrecuente es que utilicen agua del mar, que tiene que almacenarse en tierra, en un entorno en el que los recursos hídricos son de agua dulce. Este tipo de instalaciones se plantean como un recurso de almacenamiento. El funcionamiento consiste en conectar dos masas de agua –habitualmente son dos embalses– a diferente altura, de forma que se bombea desde la que está más abajo en momentos en los que s está produciendo mucha energía y la demanda no es alta. El agua se mantiene en la balsa superior y se libera para generar energía cuando crece la demanda.

Con los dos proyectos para A Groba sobre la mesa, tanto el Ayuntamiento de Oia –liderado por la alcaldesa Cristina Correa (PP)– como el de O Rosal –al frente del cual está Ánxela Rodríguez (BNG)–, organizaron reuniones con los vecinos para explicar en qué consisten y recoger las preocupaciones. Los dos equipos locales presentaron alegaciones. También lo hicieron asociaciones ecologistas como Adega y plataformas vecinales como el Instituto de Estudos Miñoranos y SOS Groba, hasta sumar 50.000, según sus cálculos.

La regidora de O Rosal cuenta que tuvieron que hacerlo a contrarreloj y en un momento complicado, al coincidir con las vacaciones de buena parte de los trabajadores municipales. Los acuerdos publicados en el Diario Oficial de Galicia (DOG) para someter a información pública los planes daban 20 días hábiles para reaccionar. El de Fonte das Mañas (Oia) se publicó el 6 de julio y el de Portocelo (O Rosal), el 8 de ese mismo mes. El trámite concreto para el que se abrió la consulta fue el de la solicitud de la empresa –en realidad dos, una constituida para cada una de las centrales– ante la Xunta para que se le otorgue concesión de ocupación de dominio público marítimo-terrestre.

Las dos alcaldesas aseguran que hay un fuerte rechazo social a los proyectos y que las corporaciones locales también se oponen frontalmente. Cristina Correa califica los planes de “despropósito”. “Es un proyecto muy agresivo y pone en peligro recursos básicos, como nuestros acuíferos”, recalca. Todas las fuentes consultadas para esta información citan que la empresa se remite a un único antecedente de planta de bombeo de agua de mar, construida en la isla japonesa de Okinawa, y trasladan la inquietud respecto a una tecnología que consideran poco testada. La empresa que está detrás de los planes en el sur de Pontevedra, Jealsa, no había respondido, en el momento de elaborar esta información, a las preguntas remitidas, pero los proyectos presentados defienden las ventajas de estas centrales: son una manera de almacenar energía, ayudan a mejorar la regulación del mercado y pueden aportar producción con rapidez cuando es necesaria.

Los proyectos básicos citan el ejemplo de Okinawa para asegurar que se demostró el sistema de sellado de la balsa es “de una gran durabilidad de más de 40 años y funciona de forma fiable”, se logró que no se adhiriesen organismos marinos a las tuberías y los materiales usados mostraron alta resistencia a la corrosión. Esa planta está desmantelada en la actualidad. “El de Okinawa fue un proyecto experimental y dio muchos problemas, entre ellos filtraciones”, objeta la regidora de Oia.

Correa cita una larga lista de impactos preocupantes, a mayores de una posible llegada de agua salada a los acuíferos: el impacto ambiental de tener una masa salada en donde solo debería haberla dulce, posible afectación a una área de turberas, riesgos para valores patrimoniales y culturales -en la zona se celebra el curro da Valga-, ruidos tanto durante la obra como por la actividad de las turbinas, deterioro del paisaje y efectos económicos negativos porque por ahí pasa el Camino de Santiago desde Portugal por la costa, una ruta crecientemente popular. “No es seguro. Y lo presenta una empresa sin experiencia consolidada en este tipo de proyectos”, zanja. Ánxela Rodríguez, la regidora de O Rosal añade otra crítica y es que se pongan recursos comunitarios “al servicio de una empresa privada”, especialmente en una zona tan sensible tanto desde el punto de vista medioambiental -toda la costa gallega es una zona de especial protección de las aves- como del abastecimiento de agua para los vecinos. “Aquí hubo mucha reacción”, subraya.

Dos proyectos, pero unidos

Los dos proyectos se han presentado a la tramitación separados, aunque la propia documentación señala que van a estar unidos. Este es otro de los puntos que recogen las alegaciones presentadas por SOS Groba a cada una de las propuestas para levantar una central. Piden que el expediente no se valore de forma aislada porque hay un “proyecto gemelo” tramitándose al mismo tiempo. Señalan también que los documentos calcan párrafos idénticos de otro presentado hace unos años para hacer una central reversible con bombeo de agua de mar en Punta Centinela, en Oia, en el límite con Baiona, que no llegó a prosperar. Bruno Centelles, de SOS Groba, también llama la atención sobre la potencia de las dos centrales propuestas: una es de 49,95 megavatios y la otra, de 49,77, justo por debajo de los 50 megavatios que harían que sea el Gobierno central y no la Xunta quien se tenga que encargar de la futura evaluación ambiental.

Centelles considera que no son necesarios más aprovechamientos hidroeléctricos en Galicia y encuadra estas dos centrales en un “megaproyecto industrial” que abarca los planes de instalar aerogeneradores en las aguas frente a la costa de las comarcas de O Val Miñor y O Baixo Miño. Dice desconocer dónde están esos parques eólicos ya existentes a los que les sobra de forma recurrente producción y de cuyos excedentes se aprovecharían las centrales de bombeo para llevar el agua del mar hasta las balsas en A Groba. “¿Hay eólicos a los que les sobra o vamos a hacer centrales de bombeo que justifiquen más eólicos?”, plantea. En la zona, vecinos y ecologistas llevan años movilizándose contra la instalación de aerogeneradores y varios proyectos ha sido frenados.

También Greenpeace ve con cautela la propuesta de centrales de bombeo utilizando agua de mar. Manoel Santos, portavoz de la asociación en Galicia, expone que no rechazan el recurso a estas instalaciones de almacenamiento porque permiten “aprovechar excedentes cuando no se usan”, pero recalca que es necesario revisar las condiciones de cada propuesta: “En Red Natura no se pueden aceptar”, dice y añade que tampoco ve aceptables los planes con agua salada por ser “una tecnología no madura”. Pide dar priorizar a infraestructuras ya existentes –por ejemplo, con embalses que ya están construidos– y evitar oligopolios entre las empresas que los controlan. “Renovables sí, pero con una buena planificación y atendiendo a la justicia social y ambiental”, resume.

Alegaciones contra otra propuesta en el río Sil

A principios de mes se registró otra solicitud para instalar una central de almacenamiento hidráulico, pero esta en los ríos Sil y Edrada, en Parada de Sil (Ourense). La propuesta parte de A Senra Infraestructuras, una empresa conjunta de Iberdrola y Naturgy que pidió a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil una concesión para tomar hasta 75.000 litros por segundo del cauce fluvial. Con este trámite se abre un periodo de competencia de proyectos, al que se pueden presentar tanto estas empresas como otras.

La iniciativa ya ha recibido críticas y la Plataforma de Investigadores Ambientales ha presentado alegaciones. Avisan de que es necesario un informe previo de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural porque la zona está integrada en el bien de interés cultural del paisaje de la Ribeira Sacra. Además, consideran que un proyecto así es incompatible con la candidatura, por ahora rechazada, de la Ribeira Sacra a Patrimonio Mundial de la Unesco y que afectaría a terrenos con protección ambiental.

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