El ‘freno’ a la IA amenaza al salvavidas billonario de la economía mundial tras los aranceles y la guerra de Trump en Irán
¿Es posible accionar el freno de mano en plena carrera global para desarrollar la Inteligencia Artificial (IA) para evitar que un agente renegado ponga a la humanidad al borde de la destrucción? La denuncia apocalíptica de un exinvestigador de Anthropic y OpenAI, dos de las compañías punteras que están liderando esta tecnología, junto con el llamado de los principales CEO del sector a ralentizar la marcha, han puesto a los mercados, los gobiernos y la sociedad civil en alerta. Pero no solo por las consecuencias éticas: también por las económicas.
Las inversiones en IA y tecnología han sido el salvavidas que ha permitido mantener a flote buena parte de la economía mundial, a pesar del conflicto comercial desatado por Donald Trump a su llegada a la Casa Blanca y de las consecuencias de su guerra contra Irán, que promete extenderse al resto de Oriente Medio.
Todas las instituciones internacionales coinciden: las ingentes inversiones destinadas a la carrera por la IA han servido de viento de cola para evitar un golpe económico aún mayor. “La modesta ralentización refleja que los efectos de la guerra en Oriente Medio han sido parcialmente compensados por la aceleración de la demanda en el ciclo tecnológico global, gracias a los avances en la IA y en su adopción”, apuntaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la última edición de sus Perspectivas Económicas Mundiales, en julio. Un diagnóstico que también hizo la OCDE, que subrayó en su informe de proyecciones que, frente a “la impredecible evolución del conflicto”, “el auge de las inversiones relacionadas con la tecnología y las condiciones financieras y políticas fiscales ampliamente favorables, deberían apoyar el crecimiento a corto plazo”.
Las cifras son inabarcables por su magnitud. Según estimaciones del Banco Mundial, el capex (es decir, el capital destinado a inversión) de Google, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle ya se situaba en los 775.000 millones de dólares hasta mayo de este año, prácticamente el doble de la cifra destinada en todo 2025 (412 millones) y muy lejos de los 154 millones que destinaron en 2023, cuando la primera versión de ChatGPT acababa de llegar al mercado. En puridad, estas cifras no se destinan únicamente a la puesta en marcha de modelos de IA, sino que abarcan las cadenas de valor e inversiones en semiconductores, cloud y software.
La consultora McKinsey, en un documento de principios de año, ampliaba este análisis a la taiwanesa TSMC, la mayor compañía de desarrollo de chips y semiconductores del mundo, y a la estadounidense Nvidia. La inversión conjunta, sumando a estos dos gigantes, suponía unos 750.000 millones de dólares a cierre del año pasado. Y la estimación es que este año la cifra podría superar el billón de dólares, en línea con los datos del Banco Mundial.
Un riesgo “triple y encadenado”
Y ahora pensar en si frenar o no la IA puede pinchar ese salvavidas en el que muchos quieren ver una burbuja. La investigadora principal para Economía y Tecnología del Real Instituto Elcano, Judith Arnal, lo resume con una metáfora: la economía está “colgada de un chip”, lo que supone un riesgo “triple y encadenado”: “índices bursátiles que dependen de un puñado de compañías, ahorradores minoristas cada vez más expuestos a ellas y un crecimiento que necesita que esa inversión continúe”.
Las empresas, apunta la experta, ya no son quienes asumen todos los peligros, porque ya no son capaces de hacer frente con sus propios recursos a estas inversiones milmillonarias: “Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y NVIDIA han emitido 216.000 millones de dólares en bonos entre enero y agosto, el doble que en todo 2025”, explica a preguntas de elDiario.es. Esta millonaria emisión de deuda extiende el riesgo a los acreedores, en un momento en el que “financiarse sale cada vez más caro, con la Reserva Federal subiendo tipos y el bono estadounidense a 10 años en el entorno del 5%”.
La reacción de las bolsas al posible ‘freno’ fue inmediata, con caídas en índices como el surcoreano Kospi que “mide hoy más el apetito mundial por los chips de IA que la marcha de la economía coreana”, en palabras de la economista del RIEL. Valores españoles vinculados a la industria de los centros de datos, como la constructora ACS o la compañía de renovables Solaria se desplomaron en los mercados y, aunque han recuperado aliento, aún cerraron este viernes por debajo del precio registrado hace una semana.
Sin embargo, tanto la bolsa surcoreana como el índice tecnológico Nasdaq en Nueva York se recuperaban de sus pérdidas del lunes. El departamento de análisis del Bank of America apuntaba esta semana que más que un colapso en los mercados vinculados a la IA, se produjo una “rotación” entre títulos. “A nuestro juicio, si los laboratorios que lideran la tecnología más puntera realmente creen que la IA es lo suficientemente potente como para representar una amenaza existencial, entonces también debe serlo para resolver algunos de los mayores problemas de la humanidad (por ejemplo, las ecuaciones de Navier-Stoker)”, detallaban en su nota de mercado.
Así, la entidad americana subraya que “el potencial de la IA crece tan rápido como sus ingresos” y recomendaba a sus clientes una “exposición alcista” a estos títulos.
Pero si bien el foco permanece anclado en la bolsa, Arnal apunta que el mercado de la renta fija también va a estar influido por las grandes emisiones de deuda de estas compañías para financiar su desarrollo. El Banco Internacional de Pagos, presidido por el ex gobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos, subrayó esta semana que los inversores cada vez están exigiendo mayores compensaciones por los títulos que emiten las tecnológicas.
“Entre enero y agosto, los bonos de Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y NVIDIA equivalen al 35% de lo que el Tesoro de Estados Unidos ha subastado a 10, 20 y 30 años, cuando en 2024 apenas llegaban al 1%. Compiten por el mismo ahorro que unos Estados que ya se financian a rentabilidades crecientes”, advierte la experta.
Algunos ganan y otros se quedan fuera
El crecimiento económico, reconocen todos los organismos internacionales, se ha visto impulsado por las inversiones tecnológica, pero es cierto que, de momento, se está concentrando en un puñado de economías. Por ejemplo, Taiwán, que anunció esta semana una revisión al alza de su proyección de crecimiento del PIB hasta el 11,5%. Esta es una de las naciones más beneficiadas por las exportaciones relacionadas con el hardware, como Corea del Sur, Tailandia o Malasia.
También China está viendo en la carrera por la IA una especie de salida a la crisis inmobiliaria que sigue pasando factura a su economía. El FMI señalaba que el avance económico del país estaba siendo impulsado por las infraestructuras públicas y por “un fuerte aumento de la manufactura de alta tecnología y de las exportaciones, aun cuando el consumo interno se mantuvo débil”. Aunque ya está viendo cerca su techo: Huawei, una de sus compañías punteras, reconoció esta semana que apenas podía hacer frente a la propia demanda interna de equipos para la IA.
Pero, sobre todo, la clave económica pasa por Estados Unidos, cuyo presidente no deja de ponerse palos en las ruedas: primero con los aranceles y, después, con la guerra en Irán que ha llevado el precio de la gasolina a máximos nunca vistos. En el primer trimestre de 2026 su PIB crecía a un ritmo del 2,1% interanual, de acuerdo con los datos del FMI, gracias a las inversiones en productos de la propiedad intelectual y en equipamientos, y a pesar de que las grandes operaciones de las tecnológicas también pasan por un aumento de las importaciones que, por definición, ‘restan’ a la economía.
“Según la Reserva Federal de San Luis, la inversión ligada a la IA ha llegado a explicar cerca del 40% del crecimiento de Estados Unidos, y los cálculos más recientes siguen por encima de un tercio, incluso descontando los chips y servidores importados”, detalla Arnal. Pero el problema en el país no vendría tanto de que se gripe el motor del crecimiento, apunta la experta, sino que sería más relevante el “efecto riqueza”, ya que los hogares tienen mitad de sus activos financieros en acciones. Un crack en los mercados llevaría a muchas familias estadounidenses a serios apuros.
De momento, el único freno al que se ha llegado hasta ahora es el de la salida a bolsa de OpenAI, que ya ha descartado debutar en el parqué este año. Más avanzada está una potencial salida al Nasdaq de Anthropic, que podría ser en el mes de octubre, en una operación con la que la compañía pretende captar 100.000 millones de dólares y alcanzar una valoración cercana a los 2 billones, según el Wall Street Journal.
Por eso llama la atención que sea precisamente el CEO de esta última, Dario Amodei, quien esté liderando el movimiento para tratar de ralentizar la carrera. ¿Es solo una maniobra publicitaria? Arnal cree que no es lo único que hay detrás: “Decir que tu producto es tan potente que hay que frenarlo es el mejor anuncio posible en pleno debate sobre la burbuja, y más con las salidas a bolsa de OpenAI y Anthropic en preparación. Hay otros incentivos: salir de una carrera de costes crecientes, autorregularse antes de que llegue la ley y fijar estándares que a los pequeños les costará cumplir”.
El salvavidas, con todo, no parece estar aterrizando de momento en Europa ni mucho menos en España, aunque aquí empieza a haber una industria cada vez más puntera y las inversiones en centros de datos se multiplican por la geografía española, atraídos por la energía renovable barata. El Gobierno está trabajando junto a empresas del sector privado como Santander o ACS para implantar aquí una de las gigafactorías de IA de la UE. Si nuestro país se convierte en un eslabón clave de la cadena de valor de la IA aún está por verse. Todo depende de cuánto se apriete el freno y si el flotador no se desinfla.
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