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El activismo climático afronta un juicio histórico: “Que sirva para que en el futuro no sufran este calvario”

Momento de la acción en Sagunto en 2021.

Raúl Rejón

19 de septiembre de 2026 22:09 h

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Once activistas climáticos de Greenpeace de ocho países que bloquearon 12 horas la entrada de un buque cargado de gas fósil al puerto de Sagunto en 2021 se sientan en el banquillo este 23 de septiembre con una posible condena de cinco años de cárcel pendiendo de sus cabezas. “No recordamos una petición semejante”, explican los activistas.

Cinco años después de aquella acción y pocos días antes de la vista, uno de los procesados, Ernesto Baeza, cuenta a elDiario.es que no hicieron “nada malo”: “Es necesario que pongamos nuestro granito de arena así que, en ese momento, no lo dudé y probablemente volvería a hacerlo. No me arrepiento”.

Baeza tiene la sensación de que todo el caso se ha ido engordando según avanzaba el tiempo. “Cuando hicimos la acción me sentí parte de un gran mundo, pero luego nos avisaron de que la cosa se complicaba porque el asunto iba por el lado penal”. Finalmente, la Fiscalía los acusa de un delito de desórdenes públicos agravados y solicita que los encierren cinco años.

No hice nada malo. Es necesario que pongamos nuestro granito de arena así que, en ese momento, no lo dudé y probablemente volvería a hacerlo. No me arrepiento

Ernesto Baeza Activista de Greenpeace

Ahora, este consultor informático ha tenido que “pedir una semana libre del trabajo para estar en el juicio. He intentado no comerme demasiado la cabeza durante estos años, pero a medida que se acerca la fecha y ves lo que dice la Fiscalía se nota el nerviosismo y la tensión”.

La organización Greenpeace encuadra este proceso en la creciente represión que vive el movimiento de protesta climático: “Solo en España, desde 2020, hasta 30 activistas se han visto envueltos en distintos procedimientos”, recuentan. Un fenómeno que se está esparciendo según la crisis climática empeora y las acciones de protesta son más visibles.

El catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Bristol, Oscar Berglund, ha resumido recientemente para el think tank Carnegie Endowment for International Peace los hallazgos de su investigación sobre los métodos de criminalización del movimiento ambiental. Las fórmulas engloban la creación de nuevas leyes antiprotesta, el uso torticero de legislación preexistente, la presión policial y la denigración del movimiento.

Si se trasladan estos puntos a la realidad española, el mismo Berglund ya subrayó que en Alemania y España se están aplicando leyes, en principio, pensadas para combatir el crimen organizado contra los grupos ambientalistas. Los activistas de Greenpeace que van a ser juzgados —por su parte— se quejan de que los agentes de policía están “inflando” en sus atestados los hechos y, a partir de ahí, se endurecen los procesos penales. Sobre el menosprecio a los activistas, durante las olas de calor de este 2026 se ha podido ver al Partido Popular recuperar su estrategia de burla.

“Una combinación de actores estatales y corporativos ha hecho que la represión de las protestas ambientales se convierta en un fenómeno extendido por todo el mundo”, ha advertido Oscar Berglund en su resumen.

Francisco del Pozo es un veterano del activismo verde. Con muchas campañas a sus espaldas, este año ha tenido que afrontar tres procesos judiciales por acciones de protesta. “Después de 12 años de protesta, esto asusta”, confiesa a elDiario.es. “A principios de año mi familia y yo estábamos bastante atemorizados. Al final intentas explicar que estamos en buenas manos y que todo está muy hinchado, pero tienes que vivir con ello encima. Es una espada de Damocles”.

Ya que nos comemos este juicio, me gustaría que una sentencia favorable ayude a los activistas del futuro. Que un juez deje clara la exageración policial. Es fundamental para que el futuro activismo no sufra este calvario

Francisco del Pozo Activista de Greenpeace

Del Pozo rememora que aquella acción de 2021 “era un bloqueo old school. No era nada loco y colaboramos con las autoridades para que no hubiera daños. El buque con gas de fracking se quedó parado y luego entró en el puerto cuando nos fuimos. Fue algo llamativo, pero sin más, por eso nos ha extrañado la severidad de las penas. De hecho, los compañeros de otros países —vinieron de Italia, Filipinas, Brasil, Chile...— no han entendido nada”.

La Guardia Civil terminó por abordar el barco y detener al capitán del buque de Greenpeace Esperanza que se jubilaba con esa última acción.

El activista reflexiona que “ya que nos comemos este juicio, me gustaría que una sentencia favorable ayude a los activistas del futuro. Que un juez deje clara la exageración policial. Es fundamental para que el futuro activismo no sufra este calvario”.

Preocupación en la ONU

La preocupación sobre la escalada de represión no se limita a la ONG o los académicos. El relator de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, dijo este mismo verano: “Es chocante que las personas que defienden el futuro de nuestros hijos estén siendo perseguidas con normas pensadas para los grupos criminales o terroristas”. Y especificó que “mientras muchos países europeos se enorgullecen de sus ambiciosos objetivos ambientales y climáticos, nuevas leyes criminalizando la protesta pacífica entran en vigor”.

Greenpeace recuerda que “la última vez que activistas de la organización ingresaron en la cárcel fue en 2013 en la Rusia de Vladímir Putin”. Era una protesta “también contra los combustibles fósiles en el Ártico”. Según este grupo, “cada vez que tocamos el sector de los combustibles sabemos que la respuesta va a ser dura”.

Lo que se ha constatado es que esta oleada de presión ha provocado un enfriamiento entre los activistas, es decir, miedo —le han puesto la etiqueta de chilling effect—. “Desde luego que sí”, admite Francisco el Pozo. “Porque si sigues activo, si en lugar de una multa van por lo penal, te tienen bailando durante años. Y lo mismo les ocurre a los compañeros de Futuro Vegetal, de Extinction Rebellion o de los grupos por la vivienda... te meten la ansiedad en el cuerpo y te quitan de la primera línea. De esa manera se adelgaza el colectivo activista. Y funciona”.

Ernesto Baeza es optimista en cuanto al juicio “porque tenemos apoyo”. En cuanto al activismo, “a lo largo de la historia hay momentos de represión y luego de grandes victorias. Pero esto de ahora nos obliga a desarrollar la inventiva y crear mecanismos para no callar”.

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