El arte de Ayuso para insultar a la cara a sus votantes
A Isabel Díaz Ayuso la llamaban “La Monguer” sus propios compañeros de partido cuando no era más que una advenediza que le llevaba las redes sociales al perro de Esperanza Aguirre, se reían de ella por la nula capacidad que tenía para hilar dos frases con sentido. Aquel insulto interno y las burlas sufridas por los suyos le crearon una inquina que ahora usa contra todos aquellos que nunca formaron parte de la humillación patrimonio de un partido que no tiene respeto ni por los que forman parte de su organización. El uso del mote despectivo lo cuenta David Fernández en su libro sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid, del mismo modo que explica cómo se fue larvando en ella un resentimiento por esas burlas con el que cobrarse esas deudas de inquina con el poder en la presidencia. Al final quieren el poder para expiar sus traumas. No es nada nuevo.
La lideresa dio a finales de esta semana una rueda de prensa improvisada en la que juntó todos sus grandes éxitos, desde la nula capacidad de oratoria, el atropello indisimulado de predicados, el victimismo, el insulto a sus adversarios políticos (pobre juguete roto Sémper diciendo que cuando Feijóo gobierne no habrá insultos) y sobre todo la capacidad para mentir de manera descarada expresando lo cerrada que está la noche ante quien observa con cara de estupor un magnífico día soleado mientras la escucha.
Uno de los momentos más clarificadores que se pueden vivir cuando se escribe de política sucede cuando las mentiras que intuyes de algunos políticos son acerca de un tema que te afecta personalmente y del que conoces todos los extremos. Cuando eso sucede, cuando sabes la verdad de manera indubitada y asistes al ejercicio descarnado de la negación sin vergüenza de un hecho probado que tienes frente a tus ojos, te das cuenta de que algunos están hechos de otra pasta. El cinismo desacomplejado de mentira patológica que ejercen algunos líderes y sus partidos es de tal dimensión que sabes que te encuentras ante gente de otra pasta y que jamás podrás competir ante quien no tiene ningún escrúpulo cuando te mueves en la vida con líneas rojas éticas.
Yo tuve ese momento en pandemia. Publiqué que el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes mantenía cerrada un ala con una UCI totalmente equipada en los peores momentos de la COVID, cuando la carencia de respiradores y puestos de atención crítica hacía que murieran cientos de madrileños sin acceso a ese tipo de cuidados. Aquella noticia tuvo mucha repercusión en aquel momento por razones obvias y la reacción de Isabel Díaz Ayuso me dejó helado al escribir en su red social que era mentira que la Comunidad de Madrid mantuviera cerrada esa área del hospital, pero que a partir de la semana siguiente la abriría. El mensaje literal es el siguiente: “El bulo del día sobre la sanidad madrileña es el falso cierre de una UCI en el I. Sofía. Jamás se abrió porque su utilidad estaba a la espera de uso. Y llegó: ahora pasará de 8 respiradores COVID a 22”.
Ahora ya sabemos el tipo de calaña que es. Pero en 2020 estábamos empezando a conocer su verdadera dimensión. He de reconocer que no me esperaba que alguien con un mínimo sentido crítico y de decencia con su propio ego pudiera aceptar que una líder política dijera que es mentira que una UCI esté cerrada y en la misma frase que la va a abrir. No ya que creyera mi noticia, sino que aceptara que una declaración de ese tipo es compatible con la verdad y la dignidad política. Ahora ya no me extraña ni que mienta con ese descaro ni que sea exclusivo de ella y forme parte de la manera de ejercer la cosa pública de todos sus vasallos.
El PP de Madrid, Ayuso y sus palanganeros de segunda clase, son una de las máquinas más evolucionadas en el arte de mentir sin torcer el rictus ante hechos que se están produciendo frente a ellos sin importarles que haya pruebas gráficas, vídeos, declaraciones o cualquier otra evidencia que deje al desnudo que están mintiendo. Por eso Miguel Ángel García, consejero de presidencia y portavoz, puede negar que haya ratas en una residencia mientras se ven vídeos de los falsos techos con el sonido ensordecedor de los chillidos. Por eso Ayuso puede decir que no sabe nada del ático porque no es su tema y haberlo visitado o que no era para ella pero se compre enfrente de la casa de su madre Mabel. Por eso pueden salir en rueda de prensa a decir que es falso que se maquillen las listas de espera en la sanidad mientras acusan a un cirujano, siendo mentira, de haber sido él quien las ha maquillado. Por eso se creen que pueden comprar un ático con dinero público para Ayuso y salir a negarlo cuando las pruebas son avasalladoras. Así es “La Monguer”, nos miente a todos en la cara porque sabe que sus votantes lo pueden ser aún más que ella.
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